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¿Quién es responsable de la precaria alimentación que se entregará desde Junaeb?

El gobierno anunció la entrega de 1 millón 600 mil canasta para asegurar la alimentación de los estudiantes durante la suspensión de clases por la crisis sanitaria desatada por el Covid-19 ¿el gobierno logra dar solución a la necesidades de los estudiantes y sus familias?

Domingo 22 de marzo

El ministro de educación Raúl Figueroa, luego de que se suspendieran las clases, pactó con el director de Junaeb la entrega de 1 millón 600 mil canastas individuales para la alimentación de los niños que reciben colaciones y almuerzos en los establecimientos educacionales.

No ha de extrañar las denuncias cuando el servicio de alimentación está exteriorizado y se encuentra a la merced del lucro de varias empresas. Hay quienes piensan que esta responsabilidad recae en el último eslabón de esta cadena, es decir, en las trabajadoras manipuladoras de alimentos, pero no es así, son ellas quienes han sido condenadas con este sistema de subcontrato a salarios bajos y condiciones precarias, pues las empresas siempre van a buscar reducir sus gastos en vez de cuidar a las trabajadoras.

El rol de las manipuladoras en la alimentación de los estudiantes

Las manipuladoras de alimentos son quienes día a día se hacen cargo de la alimentación de cientos de miles de niños y niñas en las escuelas, sin embargo, no se toma en cuenta su opinión a la hora de tomar decisiones desde el Ministerio, a pesar de que ellas son las que conocen las condiciones de trabajo, los alimentos que entrega el gobierno, los formatos, las medidas, etc.

Fue un acuerdo irresponsable lo que hizo el gobierno, ya que no existe un abastecimiento para cumplir con las raciones prometidas en esta canasta, en la cual cada niño lleva 1 kilo de arroz, solo en la ciudad de Antofagasta, son 7 mil raciones diarias, es decir, se necesitan 7 mil kilos de arroz para cubrir las raciones de las canastas.

Además de este error, que no lograran abastecer de forma inmediata como lo han prometido en los medios, se olvidan que el alimento que llega a las escuelas no está envasado en formatos individuales, sino que viene por varios kilos, donde productos como carne, pollo, atún, será de difícil distribución individual. El Estado no está invirtiendo más dinero para implementar esta medida, sino que es el alimento existente el que será distribuido.

Las manipuladoras de alimentos han venido denunciando las condiciones laborales donde estuvieron expuestas a contagiarse durante los últimos días por no contar con implemento de higiene y seguridad necesarios. Hoy varias de ellas, están en proceso de retirar alimentos para armar cajas en la empresa.

Hace unos meses atrás las manipuladoras de alimentos se rebelaron contra sus salarios precarios. “A puro pan, a puro té, así nos tiene Junaeb” gritaban en sus protestas donde además denunciaban la doble precarización que viven al ser un sector subcontratado.

La crisis de la alimentación en las familias trabajadoras

La alimentación que asegura el gobierno hoy es solo para un estudiante, no cubre la alimentación de toda la familia. Acá falta una mirada de conjunto de las consecuencias de más de 30 años de una salud pública al servicio del mercado y ver que muchas familias no tendrán acceso a un salario por trabajar en el comercio informal o porque sean suspendidos sus salarios, que deberán financiar con el seguro de cesantía. Las empresas no pierden, y el costo de la crisis recae sobre las familias trabajadoras y pobres. El Estado garantiza facilidades a las empresas, pero no libera recursos frescos para salud ni educación ni pensiones.

Frente a la declaración del Estado de Excepción es necesario exigir un sistema de distribución de alimentos de calidad acorde a la canasta familiar desde las escuelas, bajo gestión de los trabajadores, apoderados, estudiantes y financiado íntegramente por el Estado, para enfrentar la crisis y asegurar una buena alimentación que prevenga enfermedades.

Por otro lado, se debe asegurar la entrega de las canastas a las familias que no pueden salir de sus casas como adultos mayores o embarazadas, siendo necesaria la solidaridad y unidad entre trabajadores de la educación para poder coordinar la entrega de alimentación a todos los estudiantes.

Las promesas del gobierno por televisión de que va alimentar a los niños vulnerables es una farsa que desnuda la precaria alimentación en los establecimientos públicos. Su política frente a la catástrofe es totalmente insuficiente porque no asegura la alimentación de todos los estudiantes y sus familias en medio de una crisis sanitaria.






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