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Reajuste del sector público: entre despidos masivos y desmoralización de las propias fuerzas

Las negociaciones entre el sector público -dirigido por la CUT y la ANEF (Asociación Nacional de Empleados Fiscales) -que agrupa cerca de 350.000 funcionarios a nivel nacional- y Felipe Larraín ministro de hacienda del gobierno de Piñera, culminaron este 28 de Noviembre.

Lester Calderón

Presidente Sindicato N° 1 fábrica de explosivos Orica Chile, Antofagasta

Domingo 2 de diciembre de 2018

En cuanto al proceso, cabe mencionar que las negociaciones comenzaron con una demanda salarial de un 8% por parte de la ANEF y la CUT, culmimando en una última propuesta de un 6%, frente a lo cual el gobierno respondió con un reajuste de un 3,1. Finalmente, la negociación se cerró con el 3,5% de reajuste salarial, siendo éste un 0,6% real, si consideramos el 2,9% de inflación.

Este proceso, muestra como la dirección de la CUT sigue renunciando de antemano a objetivos ambiciosos, rebajando las expectativas tanto en el terreno salarial, como en el terreno de los derechos –hoy puestos en duda por la batería de reformas antisindicales del gobierno de Piñera y que apuntan a poner de rodillas al movimiento obrero- obstaculizando la emergencia de la fuerza de los trabajadores y trabajadoras, que con su lógica de adaptación a las propuestas del gobierno, otorga mayor gobernabilidad a la derecha y los empresarios.

Negociación entre medio de despidos

Entre medio de las negociaciones ya corría un fantasma en el sector público. El fantasma de 2.500 despidos de funcionarios del aparato publico, en ministerios como el de Interior, Desarrollo Social, Secretaría General de Gobierno, el Ministerio de Obras Públicas, entre otras reparticiones públicas. La respuesta de la ANEF-CUT: fue una denuncia judicial, en donde, el presidente de la ANEF, Carlos Insunza, acompañado por la presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández, y la diputada del Partido Comunista Karol Cariola, llegaron hasta Contraloría para denunciar los despidos masivos en el sector público.

Como conclusión, la adaptación a los ataques del gobierno, en este sentido las batallas que no se dan, no sólo facilitan el avance del enemigo, sino que también siembran la desmoralización en las propias filas. La burocracia sindical de la CUT sigue respondiendo con ceremonias estériles, en las que se niegan a combatir los embates del gobierno de la derecha, demostrando que se oponen a romper la tregua con el gobierno. Ya lo mostraron en la negociación del salario mínimo; con el reajuste del sector público, con los despidos a nivel nacional, en el testimonial paro del 8 de noviembre, que no organizaron en las bases de los sindicatos. Y en los actuales despidos en el sector público, donde se niegan a desplegar la fuerza de los 700.000 trabajadores y trabajadoras afiliados a la CUT. Por el contrario, se contentan con “acuerdos” con los sectores de la oposición parlamentaria de la vieja ex-Nueva Mayoría que le ha votado todos los proyectos al gobierno de Piñera, como aula segura, el reajuste al salario mínimo o el presupuesto del año 2019.

Un escenario plagado de ataques contra las y los trabajadores

El escenario que se aproxima es aún peor, el gobierno de Piñera ya anuncia reformas que profundizan el neoliberalismo y los ataques a los sindicatos, fortaleciendo los servicios mínimos que atentan contra el derecho efectivo a huelga o reponiendo los grupos negociadores.

En los últimos días el gobierno ha declarado su ambición de abaratar los costos para despedir a los trabajadores disminuyendo la indeminzación por años de servicios. Nos espera un escenario complejo a las y los trabajadores, pero una de las lecciones que tenemos que sacar para las disputas inmediatas –como los despidos del sector público- o los próximos ataques y reformas de profundización neoliberal, es la necesidad de cambiar radicalmente a las organizaciones sindicales, y dar una lucha por la recuperación de estos.

Para enfrentar seriamente a Piñera y sus reformas, será con la unidad de los trabajadores y el frente único, pero de forma completamente independiente a la vieja ex-Nueva Mayoría o la llamada “oposición” que termina entregándole los votos a las leyes de Piñera. Se trata de tirar abajo las reformas y los ataques del gobierno, fortaleciendo la unidad e independencia de las filas obreras y su auto-organización.






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