Política Chile

REDUCCION JORNADA LABORAL

Reducción de jornada laboral: El miedo de los poderosos

Ante el atoyadero en el que se encuentra el gobierno frente a la reducción de la jornada laboral, se vuelve necesario impulsar una gran campaña, que se enfrente al gobierno, y se proponga atacar las ganancias de los capitalistas, en la conquista por los derechos de la clase trabajadora.

Miércoles 9 de octubre

Existe un gran temor por parte de los grandes empresarios respecto a la reducción de la jornada laboral, y no es para menos. Tras décadas de abusos sistemáticos hacia las condiciones laborales de la clase trabajadora, fundados en un código laboral que ampara la división de los trabajadores y trabajadoras, perpetúa la precariedad y los bajos salarios, y regimenta la explotación en jornadas extenuantes, hoy los empresarios ven en juego sus privilegios, y amenazan con todas las artimañas posibles para ponerle un freno.

Hemos visto como durante las últimas semanas al discurso alarmista y patronal del presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Alfonso Swett, se sumó el presidente Sebastián Piñera, amenazando con que llegaría hasta las últimas consecuencias para evitar el proyecto de reducción de la jornada laboral de 40 horas, el cual se en encuentra a la cabeza de la parlamentaria del Partido Comunista (PC), Camila Vallejo, al que se ha sumado distintos sectores de la “Oposición” entre ellos el Frente Amplio, señalando incluso llegar al Tribunal Constitucional (TC) de ser necesario.

Y es que no sólo las ridículas analogías del ministro del trabajo, Nicolás Monckeberg, hacia la participación de Chile en la Copa América, para justificar el rechazo del gobierno a la reducción de la jornada laboral, siguen retumbando en las mentes de miles de personas, sino un cuestionamiento concreto al régimen de explotación que viven cada día. Cuestionamiento al que también se puede agregar el fraude del sistema de pensiones de las AFP, que lucran con las jubilaciones de cientos de miles condenados a la miseria, o el alza de tarifas en el metro donde incluso el ministro de economía Andrés Fontaine, instó a los trabajadores y trabajadoras a madrugar, para palear el precio del transporte.

Esto, en medio de un gobierno que cayó en un atolladero del cual aún no consigue salir, siendo golpeado por la desaprobación desde el presidente hasta sus ministros, como el caso de la displicente ministra de educación Marcela Cubillos, que se ganó el odio del movimiento docente y amplios sectores del pueblo trabajador, que cuestionaron su rol de intransigencia frente a las demandas del gremio.

Sobre la flexibilidad y el chantaje de la gradualidad

El gobierno con el objetivo de poder dialogar con el pueblo trabajador, intentó instalar un proyecto de “flexibilidad” en la reducción de la jornada laboral a 41 horas, que no es más que una patraña y voladero de luces, ya que en los hechos siempre han utilizado la “flexibilización” de la horas laborales, como una forma de precarizar aún más la vida de los trabajadores y sus familias, y mantener un régimen de explotación que valida los mil y un fórmulas que debe cranearse la clase trabajadora para poder distribuir sus horas de trabajo, sueño y ocio, cuestión sostenida incluso por sectores de la Democracia Cristiana (DC), Andrés Zaldívar en el curso de las indicaciones al proyecto.

Y en el caso de la gradualidad a 5 años que justifican incluso justifica la “Oposición”, incluyendo el mismísimo PC –escudándose en las consecuencias que traería a las Pyme- no es más que un chantaje para justificar a un sector que el gobierno señala como prioritario, en su hipócrita discurso de la “clase media”, pero que en lo concreto es la perpetuación de la explotación en lugares en los que la precariedad e inestabilidad de los trabajadores y trabajadoras pueden ser incluso más brutales.

La necesidad de organizarse por la reducción de la jornada laboral

Desde el Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR) se viene levantando una amplia campaña por la reducción de la jornada laboral, y a su vez señalando que es posible de que todos, todas, y todes podamos trabajar. Pero está claro que esto no se conquistará a través de la buena voluntad de los empresarios, ni tampoco aceptando tintas medias como son la “flexibilidad” y la “gradualidad” sino por instalar una respuesta organizada en los lugares de trabajo, estudio, etc. Una gran fuerza de la clase trabajadora que imponga la reducción de la jornada laboral, y que tanto ocupados como desocupados puedan trabajar, con un sueldo mínimo acorde a la canasta familiar básica (450.000) y sin afectar los sueldos.






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