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Reducción de la jornada laboral y la unidad que necesitamos

El debate sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas, instaló en millones de trabajadoras y trabajadores la expectativa de trabajar menos y mejor. El Gobierno se prepara para frenar el proyecto. Cómo triunfar y qué perspectivas estratégicas se abren.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Elías Muñoz

Comité de redacción La Izquierda Diario @emunozp

Viernes 4 de octubre

El debate sobre la reducción de la jornada laboral entra en momentos decisivos. El proyecto de “40 horas” encabezado por Camila Vallejos será discutido y votado en Cámara este 23 de octubre. Pese a que esta semana la oposición parlamentaria sufrió una auto-derrota en la acusación constitucional contra la Ministra Cubillos, la llamada “bancada por las 40 horas” está confiada en tener los votos necesarios para que el proyecto se vote favorablemente.

El hecho de contar con diputados oficialistas en la bancada, como la diputada Ximena Ossandón de Renovación Nacional, y haber llegado a un acuerdo con la Democracia Cristiana cediendo los 5 años de gradualidad para las pymes en la implementación de la reforma, son una base para encarar la votación.

La estrategia central del Partido Comunista y el Frente Amplio es buscar presionar al gobierno apoyándose en la mayoría parlamentaria y el gran respaldo popular expresado en las encuestas. En miras del 23 de octubre, la apuesta está en contar y asegurar los votos, a la vez que impulsan un festival ciudadano para el domingo 20, como forma de calentar la agenda de cara a la jornada en el parlamento y mostrar un símbolo del apoyo popular a la reducción de la jornada.

Pero esta estrategia se enfrenta a un pequeño detalle: el Gobierno, el régimen y los grandes empresarios. Pensar que solo con el peso del parlamento se podrá imponer la reducción de la jornada laboral, es no ver que estamos en un régimen autoritario, de un presidencialismo extremo que le otorga al presidente una serie de herramientas para limitar la soberanía popular. Sin ir más lejos, Piñera ya anunció que acudirá al Tribunal Constitucional y se abrió incluso a la posibilidad de un veto.

Es decir, la disyuntiva es clara: o el Gobierno frena el proyecto de manera autoritaria, o se impone una negociación dentro del régimen junto a los empresarios, para desnaturalizar el proyecto de reducción de jornada laboral e imponer mayores formas de flexibilización laboral, que es la agenda original del Gobierno y los gremios empresariales.

El hecho que hoy estén los votos en la Cámara, no quita que dentro de la ex Nueva Mayoría haya importantes factores de poder que buscan presionar en esa dirección. El voto en “defensa del Estado de Derecho” de Matías Walker (DC) en la acusación constitucional contra Cubillos, es sólo una muestra de lo que se viene.

Es por esto que planteamos la necesidad de levantar un movimiento por la reducción de la jornada laboral y contra el engaño de la flexibilidad del gobierno. Sólo buscando organizar y desplegar la enorme fuerza social detrás del apoyo de masas al proyecto de reducción de la jornada, nos puede permitir doblarle la mano a Piñera. Para esto, es indispensable que las distintas organizaciones sindicales, estudiantiles, la coordinadora NO+AFP, las organizaciones feministas y las distintas organizaciones sociales agrupadas en la “mesa social”, convoquen a una gran jornada de movilización el día de la votación en el Congreso. Y para preparar la pelea que se viene, convocar a coordinadoras por la reducción de la jornada laboral desde lugares de estudio y trabajo y coordinadas territorialmente.

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¿Una oportunidad para, ahora sí, lograr la unidad de la oposición parlamentaria?

Pero no sólo está en juego la aprobación o rechazo del proyecto de la bancada transversal por las 40 horas. El debate sobre la jornada laboral tocó una fibra profunda, pues instaló en millones de trabajadoras y trabajadores la expectativa de trabajar menos y mejor, abriendo el cuestionamiento a las condiciones laborales que hoy imperan.

Para muchos trabajadores, el cambio legal no tendrá un efecto directo, ya sea por trabajar en regímenes especiales o bajo modalidades de jornada extraordinaria, por estar afectos al Estatuto Administrativo, al Estatuto Docente o por verse obligados a realizar horas extras debido a los bajos salarios. Pero la expectativa de trabajar menos y mejor es compartida por la gran mayoría de la clase trabajadora, por lo que esta lucha tiene la potencialidad de unir lo que el Código Laboral divide.

Es por esto que articular la pelea por la reducción de la jornada laboral con enfrentar el trabajo precario y la flexibilidad laboral, no sólo busca enfrentar el engaño de la reforma laboral del gobierno, sino que tiene el trasfondo de unir a la mayoría de la clase trabajadora más allá de las diversas categorías laborales. Plantear, por ejemplo, la necesidad de acabar con el subcontrato, pelear por un salario mínimo acorde a la canasta familiar, acabar con las modalidades ultra flexibles de trabajo que aquejan sobre todo a las mujeres y a la juventud, es una forma de sumar a más sectores a la pelea.

Un ejemplo de esto es la campaña que está impulsando el sindicato de trabajadoras y trabajadores del Centro Cultural GAM, que enfrentando la retórica del gobierno sobre los beneficios de la flexibilidad laboral, han planteado que la flexibilidad es igual a precariedad, y lo han hecho poniendo el ejemplo no sólo de los trabajadores de la cultura, sino de las trabajadoras del aseo, subcontratadas y mayoritariamente migrantes. Detrás de ese contenido es que están impulsando un importante ejemplo de unidad, transformando su organización en un sindicato interempresa para agrupar a trabajadores de planta y subcontratados.

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Sin embargo, el objetivo estratégico del Partido Comunista y el Frente Amplio es otro. Como planteaba el ex Ministro de Desarrollo Social, Marcos Barraza, el proyecto de las 40 horas tiene “el potencial de desarrollo para la unidad en el conjunto de la oposición y para la articulación de un proyecto de largo plazo”. La apuesta es unir a los partidos de la izquierda reformista con partidos del viejo progresismo neoliberal, subordinar a los sindicatos, las organizaciones sociales y movilizaciones de masas a esa perspectiva, buscando desgastar al gobierno de Piñera para fortalecerse como alternativa electoral para el próximo año.

A diferencia de lo que nos quieren hacer creer, esto no es sumar fuerzas, sino más bien lo contrario. La apuesta del PC y el FA no implica únicamente utilizar el enorme apoyo popular y la fuerza subyacente para reoxigenar un régimen político en crisis y deslegitimado (fortaleciendo a nuestros enemigos, a partidos neoliberales que han sido responsables de profundizar la herencia de la dictadura); también restringe la potencialidad de buscar desplegar la fuerza de los amplios sectores de masas que apoyan la medida, pero que no necesariamente adhieren a partidos neoliberales de la ex concertación y mucho menos a políticos de la derecha que se subieron al carro de la reducción de la jornada laboral.

Desarrollar la potencialidad estratégica de la lucha por la reducción de la jornada laboral implica enfrentar estos intentos por fortalecer el régimen. Implica buscar avanzar en mayores grados de unidad y coordinación de distintos sectores de trabajadores, apoyándose en el potencial hegemónico que tiene dado el enorme apoyo popular. Es decir, apostar porque sea una fuerza que permita renovar las organizaciones de los trabajadores y superar los límites del sindicalismo, considerando la debilidad y dispersión de los sindicatos en Chile.

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El Frente Amplio y el Partido Comunista mantienen a los sindicatos y las organizaciones sociales volcadas a la rutina corporativa, separada de las peleas políticas centrales. Lo que necesariamente incentiva la burocratización de las organizaciones de masas y su pérdida de poder movilizador. Llevan a confiar en los mecanismos de un régimen político y un gobierno cuyo objetivo es declaradamente contrario a las aspiraciones de las masas, con reformas precarizadoras, austeridad fiscal y mayores beneficios para los empresarios.

Desplegar la fuerza detrás del enorme apoyo a la reducción de la jornada laboral, unir a la clase trabajadora partiendo por la expectativa común de trabajar menos y sin precariedad, desarrollar la alianza de la clase trabajadora con los demás sectores oprimidos, puede abrir la puerta para plantearse objetivos mayores como es repartir las horas de trabajo entre empleados y desempleados sin rebaja de sueldo, con los ojos puestos no en fortalecer a este régimen y sus partidos, sino en enfrentar el Chile autoritario, gobernado por un puñado de familias, monopolios y trasnacionales imperialistas y acabar con toda la herencia de la dictadura.






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