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Richard Williams: El adiós a uno de los animadores más influyentes del siglo XX

Con la muerte del animador canadiense, se va uno de los artistas más influyentes del cine de animación de la segunda mitad del siglo XX. Resulta fundamental hacer un pequeño repaso de su trayectoria.

Domingo 18 de agosto

El día de ayer, se dio a conocer el fallecimiento del director y animador canadiense de 86 años, Richard Williams, uno de los más influyentes y revolucionarios artistas del arte en movimiento de la segunda mitad del siglo XX.

De acuerdo a la información entregada por su hija Natascha, el artista habría fallecido el día viernes en su residencia en Bristol Inglaterra, producto de un cáncer que le aquejaba, dejando inconcluso, su más grande proyecto.

Trayectoria de Williams

Williams, con más de sesenta años de carrera, consiguiendo entre otras distinciones 3 premios Oscar de la Academia, junto con 3 BAFTA, y más de 250 premios internacionales, se destacó como uno de los grandes visionarios de la animación, desarrollando un estilo bastante propio, que cambiaría dentro de la industria occidental, la perspectiva con la que son apreciadas las obras animadas, siendo algunos rasgos característicos la fluidez de los movimientos en las cintas, y el constante juego de cámaras, entremezclado con los límites del realismo.

Una de las primeras obras reconocidas por parte de Williams, data de 1958. Un mediometraje de 33 minutos conocido como “La Pequeña Isla” que cuenta la historia de tres personajes que deben defender distintos valores a los que representan cada uno: verdad, belleza, y bien.

Otra obra en la que se destaca, es la película dirigida por Tony Richardson (Tom Jones, 1963), “La última carga”, readaptación de 1968, que retrata la guerra de Crimea, y que tiene como protagonista al imperio británico, y a la Rusia zarista de 1854. Richard Williams, trabajaría en los segmentos de animación.

Sin embargo la consolidación de Richard Williams viene de la mano de “Un cuento de navidad”, basado en la clásica historia de Charles Dickens. Dicho trabajo pudo conseguirlo, gracias a otro dibujante y animador influyente, el norteamericano Chuck D. Jones (Bugs Bunny, Tom & Jerry), dándole la total libertad al momento de poder desarrollar su arte para la producción.

Posteriormente, en 1975 y 1976, trabaja en dos partes de la clásica comedia dirigida por Blake Edwards (Desayuno en Tiffani) y con la actuación del histriónico Peter Sellers (Dr. Strangelove), “La Pantera Rosa regresa” y “La Pantera Rosa contrataca”. Todo esto como líder de los segmentos animados.

A su vez, posteriormente Williams dirigirá algunos trabajos como “Raggedy Ann & Andy: Una aventura musical”, y “El regalo de Ziggy”, durante los años 1977 y 1982 respectivamente.

Pero el gran reconocimiento del animador vendrá el año 1988, de la mano del director Robert Zemeckis (Volver al futuro, Forrest Gump), junto a una de las más innovadoras apuestas del cine comercial de aquellos años, “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”. Esta cinta, también cuenta con la participación de los actores Bob Hoskins y Christopher Loyd, y en la que Williams a cargo del departamento de arte, condensa su mayor calidad en caricaturas 2D, dentro de escenarios reales, donde éstas, interactuan con personas de carne y hueso. Esto significó una reactivación para la industria animada, que por aquellos tiempos se veía bastante complicada a nivel de su proyección dentro del mercado cinematográfico.

La obra maestra de Williams: El ladrón y el zapatero

Sin embargo, existe un trabajo de Williams que se le conoce como su “obra magna”, y la cual le costó casi 30 años el poder acabarla, comenzando ya por el año 1964, en medio de un serie de acuerdos y suspensiones, que no le permitieron ver la luz hasta el año 1993. Incluso debió ser terminada, sin la previa autorización de Williams, ya que sus derechos fueron traspasados luego de no cumplirse el plazo estipulado de su concreción.

“El ladrón y el zapatero”, conocida también como “El ladrón de Bagdad”, es la máxima obra de Richard Williams, en la cual vierte la máxima calidad de sus habilidades, generando escenarios al tope del realismo, con un dibujo tremendamente definido y fluido, jugando desde los mosaicos del medio oriente, hasta la mecánica occidental, fundiéndose en una suerte de ilusión permanente de los escenarios, y las acciones de los personajes. Sin duda el desarrollo del característico juego de cámaras, e ilusión de tridimensionalidad desde su dibujo de 2D, será llevado a su punto más alto en esta obra, donde la concatenación de fragmentos continuos, dotará a la película de una vitalidad y fluidez superior.

El legado de Richard Williams en la animación y el cine

Sin duda, uno de los grandes legados que cimentó Williams, junto con su influyente estilo y calidad de animación, también fue la enseñanza. Cuestión que le llevó a dictar clases por distintos lugares del mundo, como Australia o Hong Kong. Sus conocimientos intentó plasmarlos en su libro “El kit de sobrevivencia del animador”, un libro pedagógico y de formación para la animación, con el propósito de todos aquellos alentados por sus sueños de dibujar y animar, puedan tener una base desde donde comenzar y aprender.

Una de las características principales de Williams, probablemente haya sido su proyección como un visionario de la animación, otorgando a esta una cualidad superior que al cine a nivel global. Y es la capacidad de ensamblar y fundir tanto la realidad, como la ficción o la fantasía, pudiendo ser llevada una obra cinematográfica al extremo de sus posibilidades imaginativas.

Hoy en que las nuevas tecnologías, han permitido llevar la animación a lugares impensados, y donde nuevas técnicas y estilos rupturistas a nivel internacional, tanto en Japón, Francia, Norteamérica, o en cualquier lugar del mundo, toman gran fuerza. El detallismo, la perseverancia y la dedicación puesta en cada obra -incluso al borde del fracaso por cuestiones de producción- hacen del trabajo de Williams una inspiración para las generaciones venideras que vibran con cada dibujo, con cada movimiento y con cada historia que se esconde tras ese entramado de imágenes, con el propósito de revolucionar y conmocionar a la audiencia.






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