Política Chile

PROCESO CONSTITUYENTE

Salud, Democracia y la lucha por una Asamblea Constituyente libre y soberana

Salud digna fue una de las principales demandas sociales de la rebelión de octubre y fue el sector más tensionado para responder ante la pandemia por COVID-19. El proceso constituyente que se avecina abre la ilusión de participar en el diseño de un nuevo sistema de salud, lo que significaría también modificar la "salud" de una democracia signada por los intereses y el bienestar de unos pocos. Pero ¿será posible que los distintos actores y actrices sociales podamos participar en este proceso constituyente para construir en conjunto la salud digna que soñamos? El actual escenario nos plantea una serie de desafíos para las distintas organizaciones sociales que conocen de cerca la realidad de salud del país y que están dispuestas a cambiarla.

Carolina Toledo

Enfermera

Lunes 14 de septiembre de 2020 | 07:47

En el conversatorio “Participación y Democracia en Salud: Experiencias de Autoorganización y Desafíos”, organizado por el Comité de Salud y Seguridad del Hospital Barros Luco el pasado 25 de agosto, las relatoras provenientes de distintas organizaciones planteaban las dificultades que presenta el actual sistema de salud para la participación de usuarios y trabajadores en las decisiones sobre su salud o sobre el sistema de salud en general.

Por ejemplo, los usuarios y usuarias de consultorios y hospitales pueden participar en Consejos de Usuarios definidos en la Ley 20.500, pero en un nivel consultivo y no vinculante, lo que en la práctica significa un mecanismo de mínima participación ciudadana cuya función es muchas veces contener el descontento en vez de responder a las necesidades reales. Además, ésta siempre es finalmente subyugada a las decisiones centralizadas de la dirección, según explicó Ingrid, integrante del Consejo Consultivo de Usuarios del Hospital San José.

Similar experiencia relató Teresa, trabajadora de salud de atención primaria de la comuna de El Bosque, quien expresaba la frustración para los equipos de salud y para la comunidad, de lograr una participación real a través del Programa de Promoción, ya que la institución finalmente termina instrumentalizando a la comunidad sin involucrarla en la solución colectiva de los problemas de salud ni en su origen.

Presente y pasado entre Autoorganización y el Estado

Durante y luego de la rebelión de octubre emergen nuevos organismos de autoorganización en salud, por fuera de la legalidad actualmente establecida para la participación social, pero que han cumplido roles vitales para la vida y recuperación de las y los manifestantes, pobladores y trabajadores, tanto en la rebelión como en la pandemia. Tal es el caso de las brigadas de salud desplegadas en todo el país y de los comités de salud y emergencia organizados al alero de asambleas territoriales y hospitales, según explicó Natalia, médica del Hospital de Antofagasta y parte de la Comisión Salud del Comité de Emergencia y Resguardo de esa ciudad.

Estos nuevos organismos de autoorganización dan cuenta de una visión más amplia del concepto de salud y demuestran que el pueblo es capaz de organizarse para atender sus necesidades de salud, tal como hicieran en el siglo XIX con la creación de las mutuales y sociedades de socorro mutuo, organizaciones de trabajadores que crearon los primeros seguros colectivos de salud gestionados por los mismos trabajadores para protegerse ante enfermedades y catástrofes.

Sin embargo, con el tiempo las mutuales fueron incorporadas al régimen de salud estatal que crecía en infraestructura y resolutividad, pero que al mismo tiempo implicó la exclusión de la participación de las y los trabajadores, quienes hasta el día de no pueden gestionar su propia atención de salud, pues deben “optar” entre un subsistema público para el 80% de la población o un subsistema privado para el 20% de mayores recursos.

Otras experiencias de autoorganización en salud se vieron en dictadura, frente al desmantelamiento del sector público y la crisis que afectó a los más pobres, como el desarrollo de consultorios populares, algunos de los cuales aun hoy son esenciales en las poblaciones.

Los desafíos que plantea el actual modelo de salud son múltiples. Desde el reconocimiento de la salud como un derecho básico para toda la población, gratuito y de calidad, hasta la incorporación de los distintos actores y actrices sociales que aseguren el cumplimiento este derecho con pertenencia cultural y equidad de género. De este modo, el actual impulso de autoorganización en salud constituye una preparación para enfrentar los momentos más álgidos de la lucha de clases, y que a través de un proceso participativo histórico, no deberían correr la misma suerte que las mutuales.

Ante el bloqueo de derechos mínimos y las trampas del plebiscito: Asamblea Constituyente Libre y Soberana

El pasado 5 de septiembre vimos cómo eran reprimidos los y las técnicos en enfermería de nivel superior (TENS) al exigir ser incorporadas por el actual código sanitario, lo que les permitiría regularizar su situación académica y optar a contratos que reconozcan su formación, así como la ejecución tareas asistenciales específicas no permitidas actualmente en algunos recintos de salud.

Cabe recordar que el 80% de las/os trabajadores de salud son mujeres, ocupan en su mayoría los estamentos técnicos, auxiliares y administrativos; y se desempeñan en turnos de 12 y 24 horas con 1 o 2 días libres, situación que se ha extremado estos meses para atender en la pandemia ¿Cómo podremos participar de la construcción de nuevo modelo de salud si el Estado y los gobiernos de turno sostienen la explotación, no reconocen nuestros derechos y nos paga con carros lanza aguas y gas pimienta al exigirlos? Mientras que el paro de camioneros y la marcha del Rechazo, contaban con el respaldo de la policía y el gobierno a riesgo de desabastecer (en el caso de los primeros) hospitales y ciudades enteras en plena pandemia; la contradicción es profunda.

Y es que el proceso constituyente que se avecina no asegura cumplir con las demandas exigidas por el Chile que despertó. El “Acuerdo de Paz y Nueva Constitución” pactado en la cocina parlamentaria luego de la histórica huelga del 12 de noviembre del 2019, posee una serie de trampas que generan la ilusión de que es posible crear una nueva constitución, pero que no parte de una "hoja en blanco", sino que mantendría la herencia de la dictadura.

Pues no es lo mismo, como nos quieren hacer creer, la Convención Constitucional no es una Asamblea Constituyente. Quienes celebran la campaña por el Apruebo saben la importancia de acabar con la constitución de la dictadura, pero no podemos conformarnos con un proceso viciado desde el inicio, que mantiene intactos los tratados internacionales que expolian los recursos naturales, que mantienen pensiones de hambre y que excluye a los jóvenes que iniciaron valientemente la rebelión. Además, aún permanecen lxs presos políticos de este período en las cárceles, sin recibir justicia frente a las violaciones sistemáticas de los DDHH.

Una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, en cambio, incorpora la soberanía sobre la tierra y sus recursos, así como también, puede interferir en tratados internacionales como el que actualmente impide la nacionalización de la industria farmacológica, poniendo fin al lucro de las empresas multinacionales con los tratamientos de salud necesarios para la población.

Es por esto que distintas organizaciones de salud, enmarcadas tanto en la participación formal como en la autoorganización y superando las demandas gremiales individuales que finalmente sólo dividen, están decididas a luchar por una opción diferente para el plebiscito del 25 de octubre: una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Tres de ellas se reunirán en un nuevo conversatorio titulado “Organización obrera, territorial y brigadas de salud: De la rebelión a la pandemia” a realizarse durante septiembre, para compartir sus visiones en torno a cómo podemos organizarnos para potenciar y visibilizar esta política, por ejemplo, en la coyuntura que se presenta con el proceso constituyente, y a través de la articulación con otros sectores, de huelgas generales o exigiendo la renuncia de Sebastián Piñera, y así terminar con la herencia de la dictadura.






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