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Frente Amplio confirma su alianza con ex Nueva Mayoria y la DC golpista

A principios del año pasado, la bancada parlamentaria del Frente Amplio hizo un acuerdo con la Nueva Mayoría para repartirse la presidencia de las cámaras, con el fin de “bloquear” a la derecha. Este acercamiento de posiciones se acabó luego de que la Democracia Cristiana y el Partido Radical apoyaran la ley de migraciones del Gobierno. Sin embargo, un sector mayoritario del Frente Amplio vuelve a acercar posiciones.

Juan Andres Vega

Estudiante de la Universidad de Chile y militante de Vencer

Sábado 2 de marzo

Este año 2019 ya viene siendo un año muy convulsivo tanto en el plano internacional, con la rebelión de los chalecos amarillos en Francia, las masivas huelgas en Haití y ahora último la escalada en la injerencia imperialista en América Latina, a través de la intervención norteamericana en Venezuela encaminada a provocar un golpe de Estado.

El escenario nacional no hace otra cosa que entregar datos similares. El año pasado cerró con el final de una enorme lucha que dieron los trabajadores eventuales del puerto de Valparaíso y las masivas protestas callejeras por el asesinato de Camilo Catrillanca que abrió una enorme crisis política al gobierno de Sebastián Piñera. Ahora, miles de hombres y mujeres se organizan en sus lugares de estudio y trabajo para encontrarse en la calle nuevamente este 8M: Día de la Mujer trabajadora.

La crítica situación chilena: Año clave para el gobierno y los desafíos para la izquierda

El año pasado, las agencias financieras internacionales Moody’s y Fitch señalaron que la economía chilena se encuentra en una encrucijada: con un nivel de endeudamiento superior al 20% del Producto Interior Bruto (PIB), es decir, del total producido a nivel nacional, el gobierno de Sebastián Piñera debe decidir o bien mantener todo en su lugar y elevar el nivel de endeudamiento, acercando a Chile a una situación económica similar a sus vecinos Argentina o Brasil o bien, Piñera se prepara para pasar ajustes económicos que, en la práctica, significarán aumentar la tasa de ganancia de las grandes fortunas ociosas a costa de las condiciones de vida de la inmensa mayoría trabajadora de la población.

En esa línea es que durante este año el gobierno de Sebastián Piñera intentará pasar dos de sus reformas claves para el ajuste: la Reforma Tributaria y la Reforma Laboral. Ambas son claves debido a que la primera libera de impuestos a las grandes fortunas -a través de una maniobra legal llamada integración- y la segunda porque permite flexibilizar las condiciones de trabajo a través de reducir derechos, las condiciones de despido y las condiciones de negociación entre las trabajadoras/es y los patrones.

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Aquí es dónde se abren preguntas clave para toda la izquierda que se plantee seriamente ofrecer un proyecto político superador de la situación actual ¿cómo enfrentar los planes de ajuste de Sebastián Piñera que solo van a traer miserias al pueblo trabajador? ¿Cómo superar el insostenible nivel de endeudamiento que mantiene nuestro país? Si bien resultaría imposible intentar cerrar y resolver estas preguntas, sí es importante ir dotando de contenido este debate, porque una deuda equivalente a 55.4 mil millones de dólares significa un agujero negro presupuestario ineludible.

El Frente Amplio y la estrategia de la unidad opositora con el golpismo ¿por alas u horizonte común?

El año comenzó con una sorpresa: por primera vez desde el retorno a la democracia, una coalición política independiente de los partidos de la Concertación fue capaz de tener una minoría significativa dentro de la Cámara de Diputados. Gran hazaña que fue posible gracias al empuje de una gran fuerza social que, desde el 2011 en adelante, salió a las calles y enfrentó con la movilización de masas la podrida herencia de la dictadura: El movimiento estudiantil, la rebelión de las bases del Colegio de Profesores, el movimiento No + AFP y el #NiUnaMenos, entre otros ejemplos.

Sin embargo, esa “victoria” no fue gratuita: mientras las organizaciones políticas que hoy conforman el Frente Amplio se iban fortaleciendo, más se iban debilitando los movimientos sociales sobre los que se elevaron. Separados corporativa y artificialmente unos de otros, dichos movimientos sociales chocaron inevitablemente contra los límites del régimen político de la transición, pero no pudieron romperlo, pero sí abrirle grietas: a través de ellas surgió el Frente Amplio como expresión de unidad por arriba de organizaciones de izquierda, mientras por abajo se mantuvo la separación entre el movimiento de masas.

Es así como el FA entró al Congreso con bombos y platillos buscando ser “portavoces de los movimientos sociales”, pero a pocos días de haber entrado ya daban muestras de cuál era su dirección: a principios de año anunciaron un acuerdo con los sectores de la Nueva Mayoría para entregarles la presidencia de la cámara baja por cuatro años. Sí, un pacto con esa coalición formada por la Concertación con crisis terminal y el Partido Comunista a modo de tanque de oxígeno que engañó al pueblo trabajador con la promesa de la gratuidad, con una nueva constitución y una serie de reformas que, o bien no llegaron o eran una forma de esconder más miserias.

Sin embargo, visto de manera estricta, al tratarse de un acuerdo administrativo no vinculante, solamente podría argumentarse doble discurso. Lo que realmente resulta llamativo es que una y otra vez el Frente Amplio preferido buscar apoyos en la Nueva Mayoría en maniobras legales en vez de poner en movimiento la enorme energía potencial del movimiento estudiantil, el movimiento feminista o el movimiento obrero que comenzó a regenerarse -aunque marginalmente aún- durante el año pasado. Así fue cuando prefirieron hacer una acusación constitucional al Ministro de Salud Santelices por el protocolo de objeción de conciencia, así fue cuando en las universidades se levantaron voces contra la violencia machista, así fue cuando despidieron a más de 10 mil trabajadores durante el año y no se llamó a ninguna movilización, así fue cuando mataron a Camilo Catrillanca y pusieron sus fichas en acusaciones constitucionales e interpelaciones a Andrés Chadwick, así ha sido hasta hoy que el imperialismo intenta un golpe de Estado en Venezuela y el Frente Amplio no utiliza todo su peso en el Congreso, universidades, sindicatos y coordinadoras para desarrollar una acción en repudio al golpismo apoyado por Sebastián Piñera.

A pesar de que las fuerzas del Frente Amplio no son precisamente homogéneas, el día de ayer fue publicado en el reaccionario diario empresarial El Mercurio que desde el Partido Liberal hasta Izquierda Libertaria, pasando por Revolución Democrática y Comunes, presentaron una propuesta programática mínima, sobre la cual se levantarán los acuerdos con el resto de fuerzas de oposición.

Dentro de esta base programática se encuentra: evitar la profundización de la desigualdad tributaria, en materia laboral: ampliar los derechos colectivos, fortalecer la educación pública y “espacios de diálogo con el Pueblo Mapuche”. Resaltan por su ausencia la eliminación de las AFP y la educación gratuita universal, demandas insignias del FA durante su campaña electoral ¿qué pasó? ¿amnesia parlamentaria? ¿Qué pasa en materia económica con la deuda pública? Lamentablemente, nada de esto aclara el Frente Amplio.

Un programa anticapitalista y una estrategia movilizadora

Después de todo, continúa abierta la pregunta ¿cómo enfrentamos los ataques que prepara Piñera, a la vez que se solventa la enorme deuda pública? Porque ninguna maniobra parlamentaria de todas las que hizo el Frente Amplio durante el 2018 evitó que los empresarios dejasen más de 10 mil familias en las calles, es importante replantearse entonces el idioma en el que hablan los dueños de este país.

Si se piensa en el conflicto portuario es posible acercarse un poco a esa respuesta: ni siquiera la intransigencia de Von Appen y la complicidad del gobierno pudo quebrar la resistencia de los trabajadores que con la lucha en la calle, en unidad con estudiantes y pobladores lograron imponer parte de su petitorio. Pareciera ser que realmente el único lenguaje que entienden los empresarios es el de la lucha de clases, no el de las formalidades parlamentarias.

Sin embargo, la movilización por sí sola no resuelve el problema de fondo: una deuda pública impagable que será siempre utilizada como excusa para evitar cualquier cambio beneficioso para las grandes mayorías. Es necesario avanzar en demandas muy concretas como por ejemplo: la prohibición por ley de los despidos, el reparto de las horas laborales a seis horas cinco días a la semana sin disminución de sueldo como medidas para enfrentar el desempleo. Que ningún trabajador o trabajadora gane menos que la canasta básica familiar (450 mil pesos) para acabar con las condiciones precarias en las que vive la mayoría. La expropiación sin pago y bajo gestión de sus trabajadores -y no de burócratas corruptos- de los recursos estratégicos para financiar pensiones dignas y educación gratuita universal en todos sus niveles. Además de demandas mínimas y democráticas como el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito o la desmilitarización de la Araucanía con la disolución de FFEE. Finalmente, para poder enfrentar las posibilidades de una crisis brutal el no pago de la deuda externa y el monopolio estatal del comercio exterior para evitar la fuga de capitales.

Medidas como las anteriores podrían aumentar el nivel de vida de las grandes mayorías, pero éstas no pueden ser conseguidas mediante maniobras parlamentarias o acuerdos con sectores golpistas como la Democracia Cristiana, sino que deben ser las y los trabajadores, estudiantes, mujeres y el pueblo mapuche mediante su movilización conjunta y unitaria, en base a sus propios organismos de representación. Quien escribe esta nota invita a todas las organizaciones y simpatizantes de la izquierda a que, de manera independiente a la podrida Nueva Mayoría, podamos debatir esta perspectiva de manera abierta, seria y responsable para poder conseguir una salida para que la crisis la paguen los empresarios y no el pueblo trabajador






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