Mundo Obrero Chile

OPINION

Servicio de alimentación pública de calidad para estudiantes y docentes

las exigencias laborales para el profesorado, sumado a las muchas veces pésimas condiciones ambientales para desarrollar la labor docente, son causantes directas de muchas de las enfermedades que padecen las y los profesores.

Lunes 5 de agosto de 2019 | 08:37

Los hechos lo constatan fuertemente, Las condiciones de salud de las y los docentes se encuentran relacionadas a las condiciones laborales, a pesar de que existan sectores que lo nieguen o quieran ocultarlo.

Este ha sido un debate dado en muchas ocasiones e instancias. Desde diferentes posiciones profesionales y políticas se tiene acuerdo, ya que las exigencias laborales para el profesorado, sumado a las muchas veces pésimas condiciones ambientales para desarrollar la labor docente, son causantes directas de muchas de las enfermedades que padecen las y los profesores.

Según un informe de la Unesco publicado el año 2009, “condiciones de trabajo y salud docente”, el perfil de enfermedades del profesorado esta directamente ligado con las condiciones laborales. El informe plantea que entre las enfermedades que más se repiten podemos encontrar: varices, cistitis, depresión, colon irritable, enfermedades cardiovasculares, problemas en la espalda y disfonía, esta última sufrida por casi el 50 % del profesorado.

Además el informe demuestra que existen posiciones contradictorias ante el hecho de interpretar las causas de las enfermedades, ya que arrojó que la mayoría de las personas que cumplen roles de jefaturas en la plana directiva de los establecimientos escolares plantean creer que las causas de los problemas de salud serían cuestiones externas al desempeño laboral.

Sin embargo sabemos que eso no es así, ya que no es casual que en contextos adversos, sobre todo en comunas pobres del país, les docentes tengan altos índices de enfermedades relacionadas a problemas de salud mental, como estrés y depresión, ya que muchas veces tenemos que enfrentar situaciones de violencia extrema, niños con fuertes casos de abuso de todo tipo, además de la sobre carga laboral administrativa que muchas veces obliga a tener que llevar trabajo a las casas para alcanzar a cumplir con los tiempos exigidos por las jefaturas y el ministerio.

Por otra parte muchas de las enfermedades como las cardiovasculares y diabetes también se relacionan con las malas condiciones de alimentación y el sedentarismo
. Por lo mismo creemos que una contribución significativa a nivel de políticas públicas para aminorar este problema tiene que ser que el Estado garantice una buena alimentación tanto a les estudiantes de los establecimientos como a las y los trabajadores del mismo, estableciendo un servicio de alimentación escolar publico universal, gestionado por sus propios trabajadores y trabajadoras a escala nacional, que abarque tanto la alimentación de niñas niños y jóvenes como también de les docentes y del conjunto de les trabajadores de la educación.

Para aquello deberían terminarse con la externalización a privados de los servicios de alimentación escolar, y todos esos recursos ocuparlos en suministrar un servicio público, gratuito y de calidad para el conjunto de las comunidades educativas, haciendo que todas y todos los trabajadores dependientes de Junaeb sean contratados directamente por el estado y que a su vez esta última pase a tener un rol protagónico no solo en el suministro de insumos sino en la elaboración de políticas públicas que vallan en la dirección tanto de disminuir la obesidad infantil como de solventar una alimentación completa y equilibrada al conjunto del profesorado y asistentes de la educación.






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