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DEBATE

Sin un paro contra la reforma laboral, sin enfrentar los despidos ¿podremos reducir la jornada de trabajo?

La reforma laboral del gobierno impone un debate acerca de la duración de la jornada laboral. Tanto los impulsores de la iniciativa como sus detractores hablan en nombre de la “calidad de vida” de trabajadoras y trabajadores. ¿Alguien engaña?

Juan Valenzuela

profesor de filosofía - Partido de Trabajadores Revolucionarios

Sábado 11 de mayo

El gobierno de Piñera es el que miente. A ninguno de sus representantes le preocupa cómo es la vida de la clase trabajadora. No tienen ni idea, como quedó claro con los dichos del ministro Monckeberg, que jamás tomó una micro y que se imagina que uno podría llegar en veinte minutos al trabajo entrando a las 7:30.

Cuando los representantes del gobierno hablan de “modernización” sólo ocultan que quiere naturalizar una completa ausencia de derechos para amplios sectores de la clase trabajadora. No les importa que se compatibilice el trabajo con el tiempo de calidad junto a las personas queridas, con los estudios, con las actividades que son satisfactorias para la vida. Es falso que quieren que “tengamos vida”. Su afán es abrir nuevas posibilidades legales para los empresarios nos puedan explotar sin cesar.

Los efectos de la reforma han sido ampliamente comentados. Entre otros, que aumenta la jornada de trabajo diaria al distribuir las horas que hoy se hacen en cinco o seis días, en cuatro días, con más horas diarias de trabajo. Una jornada diaria podría llegar a las 12 horas. También, cuatro días de trabajo que podrán ser distribuidos en días que incluyan domingos y festivos. El cambio de vestuario o aseo personal, no se considerará parte de la jornada. Es decir, la permanencia efectiva en el lugar de trabajo podrá bordear las 13 horas. Se eliminarán los dos domingos libres al mes sustituyéndose por 12 domingos semestrales. Podrán pasar meses sin compartir un domingo con la familia.

Los ex ministros de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, José de Gregori o (también ex presidente del Banco Central) y Rodrigo Valdés, entregaron su respaldo a la reforma laboral. Esto no resulta sorprendente, porque la Concertación y la Nueva Mayoría nunca estuvieron del lado de las y los trabajadores. Bástenos recordar que Bachelet en su segundo gobierno se vio enfrentada al profesorado con la Nueva Carrera Docente, y a los trabajadores subcontratados del cobre, proceso en el que cayó asesinado por carabineros el minero Nelson Quichillao. O que instauró el concepto de “servicios mínimos” para impedir un pleno derecho a huelga.

La CUT y la repetida receta de la “unidad de la oposición”

Sin embargo, ahora que han pasado a la oposición, los principales dirigentes políticos de la ex Nueva Mayoría intentan mostrarse como defensores de los intereses de trabajadoras y trabajadores. El lunes pasado, en respuesta al anuncio del gobierno, se reunieron con el Comité Ejecutivo de la CUT, “Rodrigo Albornoz, vicepresidente del PDC; Álvaro Elizalde, presidente del PS; Mauricio Andrews, secretario General del PRSD; Catalina Pérez, presidenta de RD; Juan Andrés Lagos, Comisión Política del PC; Heraldo Muñoz, presidente del PPD; Mónica Quilodrán, Comité Central del MIR y Camilo Lagos, presidente del PRO.”

En palabras de Bárbara Figueroa “hay un punto en común que todos hemos compartido. Acá no se trata solo de rechazar las malas iniciativas, no se trata solo de decir que los proyectos son malos. Se trata, por sobre todas las cosas, también de señalar que hay disposición de parte de los partidos de oposición para construir una agenda alternativa que permita poner los temas del trabajo donde realmente están las preocupaciones. Hoy, uno de los grandes temores que tienen los trabajadores y trabajadoras es a perder el empleo, por lo tanto saben que sometidos a esa presión y a ese temor, muchas veces lo que ocurre es que se termina precarizando sus condiciones: Si no quiero perder el empleo entonces tengo que aceptar cualquier condición laboral”.

Con esta declaración, Bárbara Figueroa reafirma su línea de acción que consiste más en presionar para que en el Congreso se cambien las prioridades que en transformar a la clase trabajadora en un sujeto capaz de hacerle frente al gobierno y a los empresarios.

40 horas pero ¿confiando en quiénes?

Como parte de esta política de construir una agenda legislativa alternativa , el Partido Comunista está impulsando la campaña #VamosPorLas40Horas en común con representantes del Frente Amplio. Pero ambas fuerzas no se han quedado ahí: además, han formado una “bancada transversal por las 40 horas” incluyendo a representantes de la ex Nueva Mayoría e incluso de la derecha como Ximena Ossandón, Karin Luck y Erica Olivera de Renovación Nacional. Pero ahora que el gobierno presentó su propuesta de reforma ¿no es evidente que esta política no sirvió de nada, si de frenar el plan del gobierno se trataba?

El hecho de que el gobierno “pasara a la acción” con la reforma laboral el pasado 3 de mayo encendió todas las alertas. Por eso, ayer viernes 10 de mayo, en plena Plaza de la Constitución, Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Karol Cariola y Gabriel Boric repartieron un volante con la campaña por las 40 horas. Se trata, para ellos, de combinar la calle y el parlamento. Pero la primera es sólo un instrumento para presionar en el Congreso, que es el lugar donde creen que se juega el futuro de trabajadoras y trabajadores respecto a la jornada laboral. Hoy, persisten en la “transversalidad” saludando el ingreso de los ex candidatos a la presidencia, el senador Alejandro Guillier y la senadora Carolina Goic, entre otros.

¿Es con estos aliados que las trabajadoras y los trabajadores ganaremos la fuerza para reducir la jornada laboral? El actuar del Partido Comunista y el Frente Amplio, tanto en el Congreso como en la CUT y el Colegio de Profesores, responde positivamente a la pregunta. Para ellos, es por medio de esta “unidad” que lograremos reducir la jornada de 45 horas semanales a 40 horas.

Esta confianza en la “unidad” de la oposición o incluso en una “transversalidad” que llegó a la derecha en el caso de la propuesta de la reducción de la jornada laboral a 40 horas, contrasta con la nula confianza en la fuerza que puede desplegar la clase trabajadora en la unidad con la juventud y el poderoso movimiento de mujeres para hacerle frente a los ataques. Es por esta razón que ni el Partido Comunista ni el Frente Amplio han sido un factor para repeler los despidos y los cierres de empresa que han cruzado todo este periodo de Piñera. Tampoco están preparando una respuesta contundente a la reforma laboral. La pasividad frente a los despidos y cierres, en cierto modo, preparó el terreno para el momento actual en el que tomó la iniciativa el gobierno en el ámbito de la legislación laboral.

Paro nacional y plan de lucha para enfrentar la reforma laboral de Piñera. Jornada laboral de 6 horas, 5 días a la semana

Repetir la receta, movilizando por hitos para incidir en la agenda legislativa a los partidos de oposición, que una y otra vez han demostrado no estar del lado de los trabajadores, no sirve.

Es una ilusión creer que vamos a lograr reducir la jornada laboral confiando en los partidos de la ex Concertación y ex Nueva Mayoría. Creer que sirve de algo juntarse con parlamentarias de RN, no contribuye en nada al objetivo de bajar la jornada laboral.

A nuestro modo de ver, la jornada laboral puede ser reducida aun más, a 30 horas semanales, sin que bajen los sueldos, a costa de las ganancias empresariales. Eso serviría para que los sectores desocupados puedan trabajar.

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Pero más allá de esa discusión necesaria – 40 horas o 30 horas-, es ineludible discutir cómo se logrará una verdadera reducción de la cantidad de horas de trabajo. ¿Con la estrategia de presionar para que cambie la agenda legislativa, que defienden el Frente Amplio y el PC?

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Para nosotros, creer eso, conduce a un callejón sin salida. Sin luchar contra los partidos que administraron el Código Laboral de la dictadura, es imposible cualquier reducción de la jornada laboral. Por eso, ahora hay que empezar por rechazar la reforma laboral de Piñera. Creemos que para eso las organizaciones sindicales más numerosas como la CUT o el Colegio de Profesores, coordinaciones como la Unión Portuaria o la Constramet, tienen que preparar un gran paro nacional y un plan de lucha que se discuta desde las asambleas en los sindicatos y lugares de trabajo.

Preparar un plan así tendría que impulsarnos a discutir qué jornada laboral queremos. Quienes militamos en el PTR proponemos una jornada de 30 horas semanales, 5 días a la semana, y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin rebaja de sueldo, para que nadie se quede sin trabajar. Luchamos por terminar con todas las formas de contrato precario como el subcontrato. Si los capitalistas quieren rebajar las expectativas de la clase trabajadora, desde el PTR peleamos por elevarlas. Esto no es una casualidad: tiene que ver con que nuestra perspectiva es construir un proyecto político que se proponga un gobierno de trabajadores y trabajadoras de ruptura con el capitalismo, donde todas los avances tecnológicos estén al servicio de la humanidad.

Como parte de la lucha estratégica de construir este partido de la clase obrera, construimos corrientes y agrupaciones clasistas, antiburocráticas y en perspectiva revolucionarias en los sindicatos y enfrentamos los despidos como actualmente lo hace el delegado sindical de Correos Chile Nicolás Mondaca o el dirigente del Ferrocarril de Antofagasta Bolivia, Nicolás Bustamante. Mientras la burocracia sindical se ha adaptado a los ataques, quienes militamos en el PTR hemos buscado contribuir a que surja una tradición distinta en el movimiento obrero, que no tema resistir, que nos prepare para vencer. ¡Empecemos derrotando las reformas de Piñera en las calles!






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