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Subsecretario del Interior manda a callar a críticos de su “show de las deportaciones”

Mientras el gobierno de Piñera y los empresarios nuevamente anunció un nuevo proceso de expulsión (esta vez de 77 ciudadanos bolivianos y peruanos), el subsecretario del interior llama a “guardar su opinión” a quien no le guste el proceso de deportaciones que han llevado.

Francisco Sepúlveda

Estudiante de Medicina U. de Antofagasta y Militante de Vencer

Viernes 24 de agosto

“Si no le gusta, que se guarde su opinión”, de esta manera respondió a las críticas del Servicio Jesuita Migrante el subsecretario del Interior Rodrigo Ubilla. Todo esto en el contexto de un nuevo proceso de expulsiones del país que se realizó esta semana y que llevaría a la deportación de 77 ciudadanos bolivianos y peruanos. El subsecretario a las pocas horas se retractó de sus palabras, y calificó su frase de “desafortunada”.

El gobierno de Piñera y los empresarios no para, y a sus bombos y platillos a la reforma de migración se le ha sumado en las últimas dos semanas, la cobertura mediática que han tenido los procesos de expulsión a ciudadanos latinoamericanos que cumplían condena por diversos delitos en nuestro país.

Es por ello que las críticas no se hicieron esperar, tanto de diversos sectores políticos como del instituto nacional de DDHH o de colectividades de migrantes en Chile, y es que se ha calificado al proceso de un “Circo” y que nos ha traído imágenes icónicas, como la de los ciudadanos colombianos siendo escoltados por la policía al avión que los llevaría de vuelta a sus país de origen.

Ante estas críticas, Ubilla apuntó y respondió al Servicio Jesuita al Migrante (organización ligada a la iglesia, quienes asesoran a las personas que llegan al país): “Creo que ellos han tenido una política muy distinta a la que el gobierno del Presidente Piñera anunció durante el primer mes, cuando anuncia la regularización. El servicio no está de acuerdo con el proyecto de ley que presentamos, no estuvo de acuerdo con el proceso de regularización, nos acusó que no seríamos capaces de hacerlo, que es un trato inhumano, y ahora como no les quedan argumentos, no están ni hablando del proceso de expulsión, sino de un show mediático”.

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Pero, ¿No es contradictorio que califique a sus críticos de hablar y montar un show mediático, cuando el mismo gobierno fue el que se encargó de hacerlo?, en lo que va del año, se han realizado 1187 expulsiones (en palabras del mismo subsecretario), pero solo los últimos dos procesos de deportación han sido abarcados de forma tan mediática, justamente en semanas donde la aprobación del gobierno y el gabinete de Piñera va en caída libre, tanto por las promesas incumplidas del empresario presidente, como también las “desafortunadas” frases de sus ministros (y a las que el subsecretario Ubilla se sumó con este nuevo episodio).

Las expulsiones de los migrantes en estas dos semanas han tenido un notorio aprovechamiento político por parte de Piñera, en momentos de críticas a su administración ha salido con esta imagen de querer “ordenar la casa”, pero, no de la manera más justa, pues mientras expulsa a extranjeros con órdenes judiciales pendientes, el mismo Presidente indulta a criminales violadores de los DDHH que permanecían en la cárcel-hotel de Punta Peuco. Otra demostración de la dicotomía de la justicia para ricos y para pobres, o en este caso justicia para militares que ayudaron a que el mismo presidente pudiera llegar a ser multimillonario.

Por último, las políticas del gobierno derechista han llevado a aumentar la estigmatización y persecución de las y los migrantes, y que afecta además, a la población migrante más precarizada, la de trabajadores y trabajadoras que han dejado sus países en busca de mejores condiciones, y que en Chile han visto como ha mejorado su pasar económico, pero en base a precarización laboral de la cual el empresariado se ha aprovechado.

La problemática de los migrantes en Chile, no es distinta a la del trabajador nacional: la inestabilidad laboral, el subcontrato, los derechos básicos en condiciones críticas (tales como la educación y la salud) las comparten tanto migrantes como chilenos. El gobierno ha encontrado la manera de apuntar a un “enemigo” de la clase trabajadora chilena, siendo que ellos mismos son parte del enemigo, la clase empresarial, que ha llevado a la miseria tanto de chilenos como de extranjeros.

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