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SALUD Y TRABAJO

Teletrabajo: La hipócrita ley de un gobierno que se aprovecha de la pandemia

Durante la tarde de este lunes el presidente Piñera, junto a otros asistentes, entre ellos la Ministra del Trabajo, María José Zaldívar, daban rienda a una ley que flexibiliza y precariza a los trabajadores y trabajadoras. Esto en medio de una profunda crisis sanitaria producto del COVID19 (Coronavirus).

Miércoles 25 de marzo

FOTO: The Clinic

La precariedad laboral busca tomar posición en estos difíciles momentos para la clase trabajadora, la que se encuentra en medio de la pandemia del Coronavirus, y la cual consigue extenderse en distintos países todo el mundo.

Y es que durante la tarde de ayer lunes, el presidente Sebastián Piñera, oficializaba la promulgación de “la ley de trabajo a distancia y teletrabajo”, junto a la Ministra del Trabajo, María José Zaldívar, la presidenta de la Asociación de Emprendedoras, Alejandra Mustakis, y acompañado de un trabajador y trabajadora respectivamene, por medio de una videoconferencia, bastante extraña, e incluso a ratos muy incómoda, con el propósito de verse innovador.

Y es que el gobierno y a la derecha, no les importa aprovecharse del complejo escenario que vive nuestro país frente a las negligentes e indolentes medidas tomadas frente a la crisis sanitaria del 2019, que hoy muestra que sobre quienes se descarga la crisis es en los cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, sectores populares que deben exponerse al contagio por el sólo echo de tener que ver cómo poder llegar con el sueldo a fin de mes.

Y es en ese marco que la ley de “teletrabajo” que descansó durante más de 2 años en el baúl de medidas flexibilizadoras y precarizadoras del gobierno que no ha conseguido imponer, hoy da pie, y de manera ofensiva mostrándola como una gran necesidad, frente a la imposibilidad de gran parte de los trabajadores y trabajadoras a nivel nacional, de poder ejercer sus funciones normales en el contexto actual.

"Esto no pretende precarizar o debilitar los derechos de los trabajadores, todo lo contrario. Hoy día hay muchos trabajadores que trabajan con teletrabajo y no hay regulaciones para proteger muchos de sus derechos, que sí quedan protegidos con este proyecto de ley", señalaba hipócritamente el Presidente.

Las patrañas de una ley miserable

Piñera, como buen embaucador, intenta colocar al centro cuestiones como el mantenimiento del salario, la entrega de insumos como impresoras o internet, y cobertura a nivel de seguridad laboral, sin embargo no duda en esconder que tras estas medidas se encuentra, por ejemplo, la extensión horaria de la jornada laboral, incluso a 12 horas, y sin pago de horas extras, o el límite semanal de horas de trabajo como señalaba correctamente el abogado laboralista José Luis Ugarte.

Es decir quiere pasar gato por liebre, imponiendo leyes vía los hechos al alero de medidas restrictivas y antidemocráticas como el “toque de queda” que por el contrario no ayudan en nada, más que promover el medio y el repudio en las calles, con instituciones corruptas y sanguinarias como son Carabineros y Fuerzas Armadas.

Basta de humillar al pueblo con medidas antiobreras y antipopulares

La situación que vive el pueblo trabajador en la actualidad es indignante, frente a las ineptas medidas empleadas por el gobierno, que sólo evidencia la profunda ligazón entre la casta política presidencia y ministerial con el empresariado chileno, que hoy llora desconsolado por un salvataje frente a la crisis, cuestión que ya fue anunciado por el mismísimo Ministro de Hacienda, Ignacio Briones, quien habló de un plan de más de 11 mil millones de dólares en beneficio de las empresas, mientras los trabajadores y trabajadoras tienen que arreglárselas con las migajas que les deja el seguro de cesantía.

O para qué hablar del arriendo del “Palacio Riesco” para transformarlo en un Hospital de Emergencia frente al contagio del COVID19, desembolsándose 26 millones diarios por parte del Estado, que irán directamente a la familia “Torres Riesco”, dueños del recinto, clara expresión del negociado de la enfermedad y la muerte, entre Estado y empresariado.

Pero no es algo natural que la clase trabajadora tenga que pagar esta crisis sanitaria. Por medio de la nacionalización y estatización de sectores estratégicos bajo control de los trabajadores y comunidades, junto al impuesto a las grandes fortunas, perfectamente podríamos contar con la infraestructura y los implementos médicos necesarios para enfrentar la pandemia, o contar con test suficientes para la detección del COVID19 masivamente, única forma de poder hacer seguimiento y atacar la propagación del virus. O gozar con el 100% de nuestro sueldo, sin tener que hacer malabares con tal de llegar a fin de mes, o exponerse a jornadas de alta circulación de personas, que propicia aún más la posibilidad de contagiarse, y por esto la exigencia de licencias laborales masivas.

Estas crisis sanitarias, económicas y sociales, se expanden como los hongos, por la ruin condena a la que nos confina el capitalismo, por medio de la privatización de nuestros derechos, y la nula garantía de contar con servicios y medidas elementales para la gran mayoría asalariada, expresado claramente en las paupérrimas condiciones en las que se encuentra la salud pública, con decenas de miles que se agolpan en busca de una atención dignas.

Sólo a través de un plan de emergencia independiente de los trabajadores y trabajadoras, junto a sectores populares y profesionales de la salud, se podrá dar una respuesta estructural a la crisis sanitaria de la pandemia, que carcome en la incertidumbre principalmente a nuestros ancianos, y a nuestras familias que se deben a enfrentar a una dura realidad, a manos de un gobierno que promulga leyes para los grandes empresarios, exponiendo a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, a un virus que desde hace semanas se le ha escapado de las manos.






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