Cultura

TRIBUNA ABIERTA

¡Todo el poder al Ejército rebelde! Cuba, a la hora de la revolución

Lunes 1ro de enero | 12:41

1 / 2

En la noche del 31 de diciembre de 1958, Fulgencio Batista abandonaba apresurado La Habana con su familia, algunos allegados y gran parte del castigado erario público cubano. En agosto, los rebeldes que peleaban en la Sierra Maestra habían iniciado la invasión del Occidente de la isla: dos columnas dirigidas por Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos avanzaron por Las Villas y Camagüey, respectivamente. Con el triunfo de Santa Clara, obtenido por el Che sobre la principal guarnición militar batistiana, se produjo el derrumbe definitivo del régimen. No obstante, tras la huída del dictador, sus cómplices intentaron armar un “gobierno batistiano sin Batista”, en una típica maniobra de palacio para escamotear el triunfo de la revolución. Era tarde. Bajo la consigna ¡Todo el poder al ejército rebelde!, el país amaneció paralizado por los trabajadores, en cuyos brazos las tropas rebeldes entraron triunfalmente a La Habana, desbaratando las últimas y desesperadas maniobras contrarrevolucionarias.

Resulta habitual considerar como punto de partida de la Revolución Cubana el asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953, protagonizado por unos 170 jóvenes dirigidos por Fidel Castro. Como es sabido, la acción en términos militares fracasó, pero sirvió para darle a Fidel la oportunidad de demostrar su enorme talento político, al pronunciar el famoso discurso “La historia me absolverá” –un alegato que convirtió el juicio organizado por el régimen para condenar a los atacantes en un lapidario enjuiciamiento de la dictadura.

Pero en realidad, la revolución de 1959 hunde sus raíces en las tradiciones de lucha más profundas del pueblo cubano. La característica específica de la historia de Cuba es la coincidencia en el tiempo de la lucha por la independencia nacional de España con la emergencia del conflicto capital-trabajo contemporáneo, en el marco de la confrontación directa con el imperialismo norteamericano. Cuba es el único país de Latinoamérica donde la guerra de la independencia se libró en una época en que ya tenía desarrollo propio, a nivel internacional y local, el movimiento obrero y el socialismo. Esta amalgama tan singular se completa con la lucha por la abolición de la esclavitud, extinguida definitivamente en la isla entre 1878 y 1886.

El otro antecedente fundamental para entender el proceso cubano fue la revolución de agosto de 1933. En esa oportunidad una formidable huelga general que duró varios meses, combinada con movilizaciones estudiantiles, ocupaciones de ingenios y acciones armadas insurreccionales, terminaron derrocando al sanguinario dictador Gerardo Machado, que con el apoyo de Estados Unidos gobernó el país desde 1925 a 1933.

El Movimiento 26 de Julio (M26J) fue fundado por Fidel Castro y otros exiliados en México, en marzo de 1956. Sus reclamos programáticos centrales eran la democracia política, la justicia social, la lucha consecuente contra la dictadura y la corrupción y muy poco más. Pero detrás de esta propuesta tibiamente reformista se encontraban todas las tradiciones revolucionarias presentes en el imaginario cubano: el heroísmo de Martí, la revolución del 33, las luchas obreras y estudiantiles. La amplitud política e ideológica del M26J fue, al mismo tiempo, su fortaleza y su debilidad: le permitió unir voluntades en contra de la dictadura y rápidamente encabezar la oposición, pero una vez derrotado Batista, con igual velocidad comenzará su división y desintegración.

El 2 de diciembre de 1956 un grupo de revolucionarios dirigidos por Fidel Castro, arribó a las costas de Cuba a bordo del yate Granma. Nuevamente el fracaso sobrevuela la operación: demorado varios días por condiciones climáticas desfavorables, el desembarco no empalma con los preparativos insurreccionales en tierra. Los expedicionarios, detectados por la aviación de Batista, fueron diezmados, sólo un puñado de ellos logró subir a la Sierra Maestra. Contaron para ello con la colaboración fundamental de los campesinos de la región, que rescataron a los combatientes, los condujeron al interior de la sierra, y, luego de largas discusiones, dieron su apoyo a la lucha propuesta por los rebeldes.

Pero entre el asalto al cuartel Moncada (26 de julio de 1953) y el desembarco del Granma (2 de diciembre de 1956), la resistencia contra Batista no había cejado. Un actor clave fue la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) que, bajo el liderazgo de José Antonio Echeverría, mantuvo una intensa agitación antigubernamental. En febrero de 1956 se constituyó el Directorio Revolucionario, organización estudiantil clandestina que consideraba agotados los medios pacíficos para poner fin al gobierno del “tiranuelo traidor”. En agosto de ese año Echeverría viajó a México, donde en nombre de la FEU firmó con Fidel Castro la Carta de México, un compromiso para coordinar acciones contra la dictadura. El 28 de octubre un grupo armado del Directorio ajustició al coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de Batista.

El otro actor importante fue el movimiento obrero. La Confederación de Trabajadores Cubanos (CTC), históricamente dirigida por los comunistas, había sido cooptada por una corriente sindical corrupta, gangsteril y pro-oficialista encabezada por Eusebio Mujal. En diciembre de 1955 estalló un paro general azucarero, originado en reivindicaciones salariales. El gobierno reprimió y el mujalismo boicoteó el movimiento, pero los obreros redoblaron la lucha bajo la consigna “Abajo el gobierno criminal”. Finalmente, los patrones y el gobierno debieron negociar y conceder parte de los reclamos de los trab ajadores.

A lo largo de 1957 los insurgentes del M26J se consolidaron en la sierra dando forma al Ejército Rebelde. El 13 de marzo el Directorio Revolucionario atacó el palacio presidencial, con el objetivo de matar a Batista, pero el ataque fracasó y en la acción murieron Echeverría y otros dirigentes.

El 12 julio de 1957 el M26J dio a conocer el “Manifiesto de la Sierra Maestra”, donde entre otros puntos, propone: 1) La formación de un Frente Cívico Revolucionario, 2) Designar a una figura para presidir el futuro gobierno provisional, 3) Exigir la renuncia del dictador, 4) Pedir al gobierno de los Estados Unidos que suspenda los envíos de armas al régimen, 5) No aceptar ningún tipo de junta militar que asuma el gobierno provisorio, 6) convocar a elecciones sobre la base de la Constitución de 1940 y 6) cumplir con un programa que contemple: libertad a todos los presos políticos, libertad de prensa, democratización de la vida sindical, campaña contra el analfabetismo, reforma agraria y aceleración del proceso de industrialización. El Manifiesto es el documento más importante producido por los rebeldes durante la lucha, marca una continuidad programática con La historia me absolverá.

A fines de ese mes fue asesinado en Santiago de Cuba Frank Pais, dirigente urbano del M26J. En repudio al crimen estalló una huelga general espontánea, con un claro sesgo antidictatorial. Entusiasmados, los dirigentes revolucionarios decidieron convocar una huelga insurreccional para el 9 de abril de 1958. Débilmente preparada fracasó, envalentonando a Batista que lanzó una ofensiva para aplastar a la guerrilla. Los revolucionarios resistieron con éxito el operativo de cerco y pusieron en práctica una política de alianzas con el resto de los partidos políticos.

El 20 de junio de 1958 se firmó el Pacto de Caracas, suscripto por once organizaciones. El M26J dio su consentimiento radiofónico, manteniendo su posición de una estrategia común de lucha contra la dictadura (“...culminar el esfuerzo cívico en una gran huelga general y el bélico en una acción armada conjuntamente con todo el país”), la constitución de un gobierno provisional sin personeros de Batista y un programa mínimo de gobierno (castigo a los represores, derechos sociales, libertades democráticas). Los rebeldes concertaron también acuerdos con dirigentes comunistas disidentes del Partido Socialista Popular (PSP), encabezados por Carlos Rafael Rodríguez, que en contra de la voluntad de la mayoría de la dirigencia del partido (que seguían apoyando a Batista) decidieron aliarse con los insurgentes.

Cuando poco tiempo después, Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos recibieron la orden de marchar hacia Occidente, los revolucionarios ya habían ganado para su causa a las grandes mayorías nacionales, mientras que cada vez era más evidente que nadie tenía interés de luchar por Batista. Sólo cabía esperar el desenlace, que llegó en el año nuevo de 1959, enmarcado en una huelga general esta vez exitosa.

Dos años y cuatro meses después, el 16 de abril de 1961, en las vísperas de la victoria en Playa Girón, Fidel Castro proclamaba el carácter socialista de la revolución, la primera de ese tipo en el mundo iberoamericano. La Revolución Cubana fue uno de los momentos clave del siglo XX, en el que parecía posible un viraje decisivo de la historia. Reconstruir y debatir críticamente el proceso revolucionario cubano resulta de fundamental importancia para la lucha emancipatoria en América Latina.







Temas relacionados

Fidel Castro   /    Revolución cubana   /    Ernesto "Che" Guevara   /    Historia   /    Cultura   /    Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO