ACUERDOS DEL "LIBRE" COMERCIO

Trump abre la puerta al retorno de Estados Unidos al Tratado Transpacífico

El presidente de Estados Unidos pide a sus asesores que estudien la posible entrada al TPP ante el nerviosismo por la creciente tensión con China.

Sábado 14 de abril

En un llamativo nuevo giro, el presidente estadounidense, Donald Trump, instruyó ayer al jefe de la oficina comercial del Gobierno, Robert Lighthizer, y al director del Consejo Económico Nacional, Larry Kudlow, para que estudien la posibilidad de que EE UU entre al acuerdo de libre comercio con 11 países del Pacífico, TPP (por sus siglas en inglés). El tratado fue firmado recientemente sin Washington debido a que Trump canceló la participación de Estados Unidos ni bien arribó a la Casa Blanca, aunque el pacto aún no había entrado en vigor y debía ser autorizado por el Congreso, cuestión que no estaba garantizada.

Trump ha venido insistiendo persistentemetne en la necesidad de alcanzar acuerdos bilaterales a diferencia del multilateralismo que caracterizó a la ortodoxia económica durante las décadas pasadas. Según las promesas del presidente norteamericano este tipo de acuerdos serían más “justos” para EE UU minimizando la pérdida de empleos. No obstante, el nerviosismo que se ha instalado como subproducto de las tensiones crecientes con China tras una “guerra arancelaria” que por ahora se mantiene en el terreno de las papeles y las palabras, parece haber dado lugar a un cambio de opinión del presidente.

En función de la volatilidad, oportunismo y pragmatismo que caracterizan a Trump, no puede descartarse que este acercamiento al TPP sea temporal evaporándose en pocas semanas. Sin embargo la instrucción a sus asesores para estudiar un posible retorno al tratado revela el temor del mandatario republicano a carecer de vías de presión efectivas sobre Pekín. Precisamente el principal motivo que esgrimía su predecesor, el demócrata Barack Obama, era que el TPP -negociado durante su Gobierno- buscaba rebajar la influencia de China -excluida del pacto- y obligarla a respetar reglas de juego comerciales más estrictas.

Canadá, Japón, Australia, México, Perú, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, Malasia y Brunéi, son los 11 países que firmaron en marzo una nueva versión del TPP sin Estados Unidos. El tratado que acordó la elminación de trabas comerciales, representa el 13,5% del PBI global, si Estados Unidos se incorporara, la tasa alcanzaría el 38,2%.

Trump -que parece ir cambiando de línea según el sector electoral que lo escucha- realizó el anuncio durante una reunión con legisladores y gobernadores de Estados agrícolas. Algunos senadores republicanos le habrían recomendado a Trump que la mejor forma de llamar la atención de China era empezar a hacer negocio con sus competidores.

Según The Washintong Post, Trump habría solicitado a sus asesores investigar la posibilidad de volver a TPP en “nuestros términos” y analizar si se podría alcanzar o no un “mejor acuerdo”. Trump ya había especulado en el pasado sobre la posibilidad de un retorno al TPP. Un tratado al que como candidato electoral describió como un pacto promovido por “los grupos de presión que quieren violar nuestro país”. Durante su intervención en enero en el Foro de Davos, el republicano planteó que, si estaba “en el interés de todos”, EE UU consideraría negociar con los miembros del TPP de forma individual o colectiva. En febrero, un grupo de 25 senadores republicanos le había solicitado reincorporarse al acuerdo.

El contexto cambió sin embargo seriamente desde entonces. Actualmente Estados Unidos y China están embarcados en un peligroso cruce de amenazas comerciales. Aunque Trump excluyó a casi todos los países de los aranceles al acero y al aluminio que anunció en marzo, no lo hizo con China la que no obstante le exporta una cuota muy poco significativa. Luego instruyó arancelar productos chinos -sobre todo de alta tecnología- por 60 mil millones de dólares aunque la definición es abstracta y genérica y aún no están especificados los productos. Pekín respondió a esto con la amenaza de aranceles a 128 productos norteamericanos, en su mayoría agrícolas. La cuestión encendió las alarmas en los Estados con más peso de la agricultura de Estados Unidos haciendo preveer un descenso significativo de los ingresos del sector.






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