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ARICA

UTA Arica; movilización, desgaste y autoritarismo

A poco más de un mes del inicio de la movilización en la Universidad de Tarapacá de Arica, la respuesta de las autoridades sigue siendo intransigente. Mientras se lavan la cara con el “apoyo” de las demandas del movimiento feminista, por encima siguen primando los ataques autoritarios y de represión contra la movilización, bajo una estrategia de desgaste y división del movimiento

Viernes 29 de junio

Ya van más o menos seis semanas desde el estallido de las movilizaciones en la UTA de Arica. En un comienzo la respuesta de las autoridades fue curiosamente “positiva”, al igual que la del gobierno, buscando evidentemente ganarse la confianza de sectores del movimiento en base a la aprobación de demandas mínimas como un protocolo contra el acoso en la universidad.

Ahora las autoridades en la UTA muestran su verdadera cara con medidas represivas como lo es la imposición del cierre de semestre a pesar de las movilizaciones, amedrentando a docentes y buscando quebrar las relaciones entre estudiantes y trabajadores generadas en los claustros triestamentales. Sumando además una estrategia de desgaste, aplazando mesas de discusión en base a sus propios tiempos, para que se desarrolle la división del movimiento con la preocupación por la sobrecarga académica.

¿Cuáles eran las demandas del movimiento de mujeres y sus límites?

Desde un inicio las demandas del movimiento nacional giraron en torno a tres ejes: Educación no sexista, protocolos contra el acoso y oficinas de género que acogieran las denuncias de acoso. Estas demandas no representaban -ni representan- una amenaza para las ganancias de los empresarios de la educación. Muy por el contrario, fueron fácilmente captadas por el ministerio y las autoridades universitarias, llevando incluso al gobierno de Piñera a declararse “feminista”.

Así se desarrolló una dicotomía entre las demandas históricas del movimiento estudiantil, como la educación gratuita universal, y las demandas del actual movimiento de mujeres. En este sentido el Frente Amplio jugó un papel determinante en la dirección de la CONFECh, dejando en manos de la COFEU (Coordinadora Feminista Universitaria) el movimiento, que con direcciones burocráticas y un discurso de “unidad de todas las mujeres” profundizaron esa separación de objetivos.

Esa dicotomía generó una contradicción que jamás debió existir y que es digna de destruir en el debate político. ¿Educación no sexista sin educación gratuita universal? De partida es necesario tener en claro que creer que sólo una educación no sexista -en abstracto- y protocolos contra el acoso acabarán con la violencia estructural de género es una utopía. Mientras la educación siga siendo un privilegio de clase, se seguirá perpetuando la violencia machista en los sectores precarizados de la sociedad, donde precisamente son las mujeres trabajadoras, por ejemplo, quienes representan el mayor porcentaje de analfabetismo.

Visibilizar contradicciones en un movimiento, no es suficiente para ofrecer salidas.

En un comienzo todo era color violeta: es sumamente progresivo que las mujeres se levanten contra las miserias de este sistema capitalista y patriarcal. Sin embargo jamás se trató de un movimiento libre de contradicciones. El discurso de “unidad de todas las mujeres” de las direcciones del movimiento abrió paso a nuevas estrategias del gobierno: ministerios con mujeres al centro, mujeres de fuerzas especiales reprimiendo las movilizaciones, entre otras.

Es por esto que desde las agrupaciones Vencer y Pan y Rosas, creemos que es necesario visibilizar las contradicciones del movimiento, para ofrecer una salida desde un feminismo socialista y de clase. Nos desligamos del discurso de unidad de las mujeres porque sabemos que las mujeres empresarias priorizan sus privilegios, los que se basan en la explotación de cientos de miles de mujeres de la clase trabajadora.

Por esto precisamente creemos que hay que unificarnos con quienes realmente son nuestros aliados y aliadas en la universidad; las y los docentes y trabajadores. Sólo la unidad con estos sectores nos permitirá conquistar nuestras demandas, y enfrentar de conjunto a quienes perpetúan nuestras condiciones de miseria; los empresarios de la educación, las autoridades universitarias, el gobierno y sus instituciones estatales.

Es por esto que apostamos a la unidad de los estamentos. Son esos vínculos los que hoy aprietan el cuello a las autoridades serviles al mercado educativo y los intereses empresariales. Es por eso que intentan destruirlos mediante amedrentamientos y amenazas, como el no pago de los sueldos a profesores hora dentro de la universidad. Para acabar con las condiciones de miseria, exijamos el paso a planta de las y los trabajadores y docentes.

Desde Vencer creemos que es vital fortalecer esos vínculos entre los estamentos. Porque no será concreto un protocolo contra el acoso realmente independiente de las autoridades si no son el conjunto de docentes, trabajadoras/es y estudiantes, quienes deciden el curso y los objetivos de la universidad. Para esto desarrollemos una gran lucha por el co-gobierno universitario triestamental que destruya el autoritarismo de los rectores, imponiendo los intereses de resto de la comunidad universitaria.






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