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Un nuevo fracaso en la estrategia del Frente Amplio de la “unidad de la oposición parlamentaria”

La Democracia Cristiana declaró y decidió aprobar en la Comisión la idea de legislar la reforma tributaria pro empresarial del gobierno de Sebastián Piñera. Más allá de todos los análisis que pueden realizarse al respecto, se vuelve a instalar la pregunta ¿Qué oposición para enfrentar a la derecha?

Dauno Tótoro

Santiago

Jueves 11 de abril

Exactamente una semana antes de la decisión tomada por la Democracia Cristiana, prácticamente todos los parlamentarios que caben dentro del amplio mundo de la “oposición parlamentaria” firmaron un acuerdo de mínimos comunes para enfrentar la agenda legislativa.

Desde la misma DC hasta el Frente Amplio aprobaron este documento, que era parte de una línea impulsada en gran medida por el propio frenteamplismo.

Y tan sólo 7 días después, los demócratacristianos “sorprendían” a los parlamentarios del resto de la “oposición” con su decisión de aprobar la idea de legislar.

“No se puede confiar en la DC”, dijo Giorgio Jackson. ¿Qué es lo que le sorprende, si históricamente ese partido –campeón de la transición pactada- ha votado contra los intereses del pueblo trabajador y de las grandes mayorías?

Tras las volteretas de la Democracia Cristiana, la “perplejidad” de sectores de la ex Nueva Mayoría, y la sorpresa -con color y sabor a decepción- del Frente Amplio, lo que se desnuda es lo absolutamente estéril que es la estrategia promulgada por este último conglomerado centrada en buscar la unidad parlamentaria de la oposición, en miras de preparar acuerdos electorales hacia el 2020 y el 2022.

Hoy se hace necesario pensar una oposición que parta por buscar articular la única gran fuerza social capaz de enfrentar y derrotar al gobierno de Piñera y los empresarios. Hablamos de la fuerza de la clase trabajadora, del movimiento de mujeres, de la juventud y los estudiantes.

¿Cuándo se le quitó de las manos la agenda política al gobierno? ¿En qué momentos se le vio en mayores apuros? Fue justamente cuando estos sectores, todavía en niveles reducidos, entraron en acción: con las movilizaciones de la juventud y el pueblo Mapuche contra el asesinato de Camilo Catrillanca o con la combativa huelga portuaria de Valparaíso.

En esos momentos, el gobierno no le temía a una acusación constitucional a Andrés Chadwick. En el Parlamento le es sencillo negociar (la “oposición parlamentaia” terminó decidiendo aplazar para “estudiar técnicamente” la acusación). Su gran temor fue el inmenso descontento que generó en la población el actuar de Carabineros y del Ministro del Interior, y que ese temor se volviera en acción. Esa posibilidad era lo que le quitaba el sueño.

Esa es la perspectiva que debemos desarrollar hoy, en este segundo año del gobierno de Piñera, cuando está particularmente debilitado y cuestionado, e impulsa una agenda criminalizadora con las modificaciones al Control Preventivo de Identidad y su plan estigmatizador “anti drogas” a la cabeza. Justamente su foco son las y los jóvenes, a quienes ha fijado como su “enemigo interno”.

Pero el Frente Amplio hipoteca esa posibilidad. Le puso límites a que esa perspectiva se desarrollara. Con las movilizaciones por Catrillanca, concentró sus esfuerzos en una estéril vía institucional de acusación parlamentaria. Cuando el movimiento estudiantil comenzaba a discutir el derecho al aborto legal el mismo año pasado, decidió poner sus fuerzas en una necesaria pero absolutamente insuficiente despenalización del aborto.

Qué distinto hubiese sido si todos sus parlamentarios y las Federaciones estudiantiles que dirige, hubiesen empujado por levantar una gran campaña por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, o hubiesen apostado por un gran paro nacional por justicia para Camilo Catrillanca y por la desmilitarización de La Araucanía.

Pero esa no es su estrategia. Prefieren la negociación y los acuerdos con sectores, como la Democracia Cristiana, que terminan dando sus votos para la agenda del gobierno.

Si queremos hacerle frente a la derecha y echar abajo sus ataques, es otra estrategia la que tenemos que levantar. Una donde esté al centro la unidad de la clase trabajadora, en alianza con mujeres y estudiantes, para que retomen el protagonismo desde las calles y sin la más mínima confianza en los partidos de la ex Concertación, única forma de que efectivamente este gobierno y los empresarios comiencen a temblar.






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