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Un tifón azotó a Corea del Norte tras última prueba nuclear

Hace más de una semana un tifón obligó a Corea del Norte a pedir ayuda a la comunidad internacional. Cuatro días antes era su última prueba nuclear.

Lunes 19 de septiembre de 2016 | 11:42

El pasado 8 de septiembre los medios de comunicación informaron que Corea del Norte volvió a desafiar al mundo con una quinta prueba nuclear, la segunda de este año. La explosión, que provocó un terremoto de magnitud 5,3, fue "un éxito", según informó la televisión estatal norcoreana. El ensayo es el más potente realizado hasta la fecha por el país asiático. Corea del Sur, China y Estados Unidos condenaron el hecho y solicitaron nuevas medidas de presión contra el régimen de Kim Jong-Un.

Este país había llevado a cabo cuatro pruebas nucleares hasta hoy: en 2006, 2009, 2013 y en enero de 2016. En esta última, el régimen liderado por Kim Jong aseguró haber detonado con éxito una bomba de hidrógeno, algo que los científicos de la comunidad internacional pusieron en duda. El comunicado en la televisión norcoreana aseguró este viernes que el país ya es capaz de montar cabezas nucleares en misiles balísticos, pero no es la primera vez que los medios estatales presumen de haber alcanzado este logro.

Cuatro días más tarde de ese suceso, y a pesar de sus enormes gastos militares, un tifón obligó a Corea del Norte a pedir ayuda a la comunidad internacional a partir de un desastre natural que provocó 133 muertos, 400 desaparecidos y decenas de miles de desplazados.

La agencia oficial KCNA reconoció que unas 140 mil personas están en una situación límite. Vastas zonas permanecen cortadas y 600 mil personas carecen de agua corriente. Por otro lado quedaron anegados 560 edificios públicos, 30 fábricas y unos 20 centros educativos, según el comunicado de la KCNA. Los deslizamientos de tierras han arrasado cosechas y hogares, y han provocado “graves sufrimientos y dificultades”, según esta fuente.

El Comité Central del Partido de los Trabajadores de Corea ordenó al Ejército que se concentre en las tareas de rescate, e incluso redirigido hacia las zonas más afectadas.

La cuenca del río Tumen, fronterizo con China, concentra las áreas más castigadas. La pobreza de los condados de Musan y Yonsa han agravado los efectos del tifón. La ínfima calidad de construcción de los edificios explican las escenas de destrucción masiva. Los deslizamientos en las zonas rurales son habituales por la deforestación, ya que muchos norcoreanos necesitan la madera para calentarse. Sus hogares deberán ser reconstruidos con urgencia antes de que regresen las heladoras temperaturas invernales.

Las cosechas arrasadas dificultarán el objetivo de la autosuficiencia alimentaria que pretende Pyongyang como “una bomba nuclear” contra los enemigos. El objetivo ya parecía quimérico antes del tifón. La población carece de la cantidad diaria de alimentos mínima, afirmó la ONU meses atrás. Corea del Norte, que destina a Defensa buena parte de su magro presupuesto, necesita de la ayuda internacional para mitigar las crisis alimentarias o cortes eléctricos.

La desesperación ha forzado a los orgullosos militares norcoreanos a pedir a las organizaciones internacionales que ayuden a los afectados con sus propios medios y personal y ahora planean una campaña internacional para recabar donaciones. Las organizaciones con permiso para trabajar en el hermético país (la ONU, UNICEF y varias europeas) padecen cada vez más problemas para recaudar fondos por la acumulación de desastres en el globo y los cíclicos desmanes del Gobierno.

"No es la primera vez, pero es inusual que el Gobierno de Corea del Norte haga un llamado público pidiendo ayuda", dice Bradley Williams, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Hong Kong.

La KCNA reportó que el Comité Central del Partido de los Trabajadores de Corea (WPK) envió una petición pública a los miembros del partido para reunir esfuerzos para las operaciones de rescate para las personas en las regiones más golpeadas. Según el reporte, el WPK incluso redireccionó una movilización de 200 días para ayudar a las víctimas de las inundaciones.

Williams le dijo a CNN que las áreas afectadas por las inundaciones son conocidas por ser particularmente pobres. El profesor sugiere que más de cuidar a la gente en la zona, la preocupación del WPK es la perpetuidad del régimen y si esto podría "alimentar el descontento social" y provocar protestas.

La grave situación internacional que se enfrenta con la nueva provocación norcoreana, que ignora abiertamente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la reacción de todos sus vecinos, pone en evidencia que no parece haberse encontrado la tecla diplomática adecuada. Endurecer con más sanciones puede no ser la solución para influir en un gobierno perturbado. También sería una decisión moral complicada aumentar medidas que generen una hambruna de 20 millones de personas. El enfrentamiento militar sería otra catástrofe.

El dilema es de los más serios que enfrenta la comunidad internacional. Las dos coreas siguen oficialmente en estado de guerra en virtud que el conflicto de 1950-1953 terminó en un armisticio y no con un tratado de paz.

Es esperable que las decisiones futuras pasen por mayores intentos diplomáticos, aunque su éxito es al menos dudoso teniendo en cuenta el nivel de conflictos regionales e internacionales, que incluyen los existentes entre Estados Unidos y China que generan mayor tensión en la península






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