Géneros y Sexualidades

ABORTO

Una deuda pendiente: Derechos sexuales y reproductivos.

En Chile, la legislación heredada de la dictadura militar, aun restringe las libertades sexuales y reproductivas de las personas, interponiéndose de esta manera al pleno ejercicio de sus derechos y limitando su capacidad de decisión en ámbitos que pertenecen a la intimidad y desarrollo personal

Pamela Contreras

Valparaíso, Chile

Miércoles 13 de enero de 2016

El ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos forma parte de los derechos fundamentales de cada ser humano, Su vigencia y respeto son características de una sociedad moderna y democrática en teoría, donde cada persona pueda tomar las mejores decisiones de acuerdo a sus creencias, valores, necesidades y situaciones de vida, cuestión que contrasta dramáticamente en las democracias postdictatoriales de Latinoamericanas, pero también en los ataques de los gobiernos del viejo continente a los derechos de las mujeres y la juventud, conquistados años anteriores. Lo que verdaderamente se esconde, es que en el capitalismo la real democracia es para quien pueda comprar sus derechos, dejando fuera a las grandes mayores.

En Chile, la legislación heredada de la dictadura militar, aun restringe las libertades sexuales y reproductivas de las personas, interponiéndose de esta manera al pleno ejercicio de sus derechos y limitando su capacidad de decisión en ámbitos que pertenecen a la intimidad y desarrollo personal. Una educación sexual restrictiva y coercitivas en las escuela, escasos métodos anticonceptivos, marginales campañas de prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y la penalización total del aborto, entre otras, tienen un impacto negativo en la sociedad y especialmente en salud, las oportunidades y libertades de mujeres y diversidad sexual.

En este marco, el papel que juega el movimiento de mujeres, diversidad sexual y feminista es fundamental para informar lo negado por las instituciones del régimen, combatir la apatía social frente a las temáticas de genero y sexualidades que ha impulsado las iglesias, las políticas publicas oficiales y el empresariado. Asimismo para levantar y fortalecer la lucha por nuestros derechos. Lo que nos ha traído los primeros frutos -aun insuficientes- amplios sectores de la sociedad civil apoyan demandas como el derecho al aborto, mayores derechos a gay, lesbianas y trans, el tendiente rechazo a la violencia hacia las mujeres, el acoso sexual y los actos de discriminación, un mayor debate a nivel de la academia y nacimientos de multiplicidad de organizaciones que tratan estas temáticas. Lo que ha empujado la élite política a responder con proyectos de reformas parciales.

La necesidad de generar un debate abierto e informado sobre el aborto en Chile, se ha topado con dos grandes dificultades. Por un lado, la esencia anti democrática de sectores conservadores y fundamentalista que, utilizando su poder económico y político, pretenden imponer a toda a sociedad sus valores y creencias. Por otro, y no menos importante, la ausencia de acción articulada de las organizaciones sociales, políticas y del ámbito académico, que busquen realmente incidir en el debate público y que haga viable la lucha por el derecho a decidir a las personas.

En ese camino y por la necesidad de fortalecer la acción articulada a favor de cambios sociales y legislativos, que impliquen una mejora material a las condiciones de vida de la totalidad de las mujeres, en especial a la de los sectores populares, se presenta con urgencia la posibilidad de impulsar medidas que nos permitan actuar de manera de contrarestrar la cruzada conservadora de la derecha, la DC (encabezada por Soledad Alvear) y grupos religiosos han hecho contra las demandas de mayores derechos reproductivos. En ese camino el movimiento de mujeres, diversidad y feministas debe encontrar puntos de apoyos para salir a responder, porque no existen derechos para todas sin lucha y resulta imperante lograr reunirnos, confluir, re encontrarnos, generar planes de acción que nos permitan, pese a las diferencia, alzar la voz en común.




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