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Una nueva etapa en el caso Penta

El caso Penta se ha transformado en el mayor escándalo político de los últimos años. El caso dio un verdadero salto cualitativo desde que se puso fin al secreto en la investigación que lleva el fiscal Carlos Gajardo. Lo que antes eran “filtraciones” o rumores de prensa, hoy se confirman por las decenas de declaraciones, documentos y nuevos antecedentes que poco a poco se han dado a conocer.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Lunes 12 de enero de 2015 | 15:13

Ernesto Silva, ícono de la hipocresía de la casta política

La UDI se vio obligada a hacer un cambio en su táctica comunicacional. Y es que la “teoría del empate” y la táctica del contra ataque (invalidar la investigación por las filtraciones de prensa, amenazar con acciones legales como hizo Jovino Novoa, bajarle el perfil a las acusaciones alegando que se trata de “prácticas generalizadas” o sostener que el cambio de orientación del Servicio de Impuestos Internos ante estas prácticas oculta una persecusión política), no propició la unidad de acción entre los militantes gremialistas.

Primero fueron los controladores de Penta quienes se apresuraron a declarar voluntariamente ante el Ministerio Público. Luego fue Moreira quien organizó una conferencia de prensa reconociendo el financiamiento irregular. Al día siguiente Golborne confesó que había recibido dineros de Penta. Así todos los ojos se pusieron sobre la directiva de la UDI. No quedaba otra que reconocer.

Ernesto Silva tuvo que salir a pedir disculpas en nombre de la UDI. ¿Significa esto que agacharon el moño? Difícil. Más bien fue un gesto hacia sus militantes para cerrar filas. Y es que insistieron en que no existe una “responsabilidad institucional”, sino que cada involucrado deberá asumir sus responsabilidades de manera individual.
Ernesto Silva se ha transformado a estas alturas en el ícono de la hipocresía de la casta política. Y es que resulta especialmente indignante que el timonel gremialista diga que “la UDI es un partido distinto, que habla con la verdad”, cuando hace unos meses Ena von Baer mintió descaradamente al negar que había solicitado financiamiento de Penta. Es indignante que nos diga que no caben “responsabilidades institucionales”, cuando ha quedado claro que los aportes ilegales no fueron aislados, sino que responden a una estructura de financiamiento diseñada y monitoreada por personajes como Jovino Novoa, uno de los “coroneles” del partido.

El Pentagate amenaza con contagiar a todo el régimen político

La Nueva Mayoría saludó las declaraciones de Ernesto Silva. El gobierno planteó que los últimos hechos confirman la urgente necesidad de modificar la ley de financiamiento de los partidos políticos, proyecto que ya fue enviado al parlamento. Mucho se ha hablado sobre un eventual acuerdo entre los partidos del régimen para cerrar el “capítulo político” del caso Penta y evitar que contagie al conjunto de la casta política. El “perdón” de la UDI y su nueva careta “humilde” no descartan esta posibilidad. Parecería más bien que a estas alturas del escándalo podría falicilarla. Lo cierto es que no es descartable que los partidos del régimen intenten un acuerdo de esta naturaleza. Ojo y atentos.

El caso Penta no es sólo un dolor de cabeza para la UDI. Es una amenaza para el conjunto de la casta política, puesto que no hace más que profundizar la crisis de legitimidad del régimen. Ni la figura de Bachelet, ni la agenda de reformas, ni la moderación de las mismas ha podido detener la caída en la aprobación de las instituciones. Los partidos están por el suelo, así lo están también los tribunales, el parlamento, el ejecutivo, los empresarios, etc.

Pese a lo escandoloso del caso y la profundidad de la crisis de legitimidad, las organizaciones estudiantiles, sindicales y la izquierda en general no han estado a la altura de las circunstancias. Resulta llamativo que la derecha, pese a estar contra las cuerdas, sigue despotricando contra las reformas con total impunidad, sin nadie que responda con la misma fuerza y radicalidad. Mientras que la derecha se torna “setentista”, la izquierda se mantiene “noventera”. En otras palabras, si los trabajadores, los estudiantes y la izquierda no aprovechan la debilidad de la derecha para proponer su propia salida, se les regala tiempo para que se rearticulen y sorteen el atolladero en el que están metidos.






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