Política

LA IZQUIERDA DIARIO CHILE OPINA

Una relegitimación que no da resultados

¿Cómo relegitimar las instituciones? Es la obsesión de la casta política. Esta semana vimos los últimos intentos para abordar esta problemática antes de cerrar enero: la cámara aprobó el fin al binominal y la sala la reforma educacional. Por su parte la derecha lanzará los “pisos mínimos” para formar una nueva coalición. Intentan relegitimarse, pero están legos de lograrlo.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Lunes 26 de enero de 2015 | 16:43

El gobierno está a punto de cumplir los plazos de tramitación auto impuestos. Esta semana la cámara de diputados aprobó la reforma que pone fin al sistema binominal, por lo que el proyecto está listo para ser promulgado y publicado. El proyecto contó, por supuesto, con el rechazo de la derecha, que se aferra a los enclaves autoritarios heredados por la dictadura. Por otra parte, el gobierno se abre a la posibilidad de un acuerdo amplio con la derecha en torno al financiamiento de los partidos y las campañas electorales. Son dos caras de un mismo objetivo: buscar relegitimar a los partidos y al parlamento, que son rechazados por amplios sectores de la población.
No cabe duda que acabar con el binominal es un paso insoslayable en este objetivo. ¿Pero será suficiente? Difícil. No hay que olvidar que los partidos chicos tendrán que competir con partidos apoyados y financiados por los empresarios. El parlamento seguirá dominado por políticos que ganan millones y que no tienen idea lo que es trabajar de manera precaria y con sueldos miserables. El Senado seguirá siendo una cueva en donde unos pocos cocinan las leyes que se imponen a la mayoría. El Tribunal Constitucional seguirá siendo un guardián del orden existente.

Los costos de la reforma educacional

También fue aprobado el proyecto de “inclusión”, la primera pata de la reforma educativa del gobierno. Esta semana se iniciará el último trámite en la cámara de diputados. Esta reforma se ha transformado en un verdadero dolor de cabezas para el gobierno. Su aprobación será a costa de una nueva cocina parlamentaria que terminó moderando aún más la reforma. Nadie queda conforme, ni a los sostenedores ni al movimiento estudiantil.
Y es que la reforma aplica magistralmente la máxima de que toda regla tiene su excepción. Se pone fin al lucro, pero se seguirá permitiendo el arriendo de infraestructura por parte de los sostenedores; se pone fin a la selección, pero se permitirán las entrevistas a apoderados y la selección de un porcentaje en determinados establecimientos; se pone fin al copago, pero con un plazo de aplicación de decenas de años. En fin, se anuncia la educación como un derecho, pero garantizado por privados subsidiados por el Estado.
Sin duda el gobierno logra una conquista con su aprobación, pero a costa de no dar respuesta a la crisis de la educación pública, que fue justamente la que desencadenó las movilizaciones del 2011. El Partido Comunista se muestra disconforme, pero está dispuesto a hacer “sacrificios” en pos de la unidad de la Nueva Mayoría. Camila Vallejo había anunciado que rechazaría algunas indicaciones, pero esta semana aclaró que lo peor que podría pasar es ir a comisión mixta. En otras palabras, el Partido Comunista anuncia que no pondrá en riesgo la aprobación de la reforma.

Reformas que no conforman y una línea de corto plazo

Las reformas fueron diseñadas con el objetivo de relegitimar un régimen deslegitimado y de esa forma encauzar el ciclo de movilizaciones abierto luego del 2011. Pero ya se aprobó la reforma tributaria, se puso fin al binominal, la reforma educativa está a punto de ser aprobada, se anunció la reforma laboral, entre otras medidas; y aún así, las encuestas muestran que el rechazo a las instituciones se profundiza. Incluso la misma presidenta cae rápidamente en su aprobación. Es el dilema de las reformas.
Los políticos de la Nueva Mayoría concluyen que las reformas no son suficientes. Se necesita hacer hincapié en los problemas que afectan la vida cotidiana de las personas. Francisco Vidal afirma: “La tarea política de los años siguientes es traducir estas reformas estructurales en un mejoramiento de la calidad de vida cotidiana y concreta de la inmensa mayoría de la población”. Por su parte, Jorge Pizarro anuncia en el marco de su campaña para presidir la Democracia Cristiana que “necesitamos fortalecer nuestro rol como el principal partido del gobierno en la articulación de la Nueva Mayoría y, por supuesto, vinculado a la ciudadanía, a los temas que más interesan, que es la re activación económica, la seguridad ciudadana, la protección social, la salud”.
La principal conquista de Bachelet fue arrebatarle la iniciativa política a la calle y pasivizar al movimiento estudiantil. La cocina de las reformas y asistencialismo simple puede dar resultados inmediatos, pero no resolverán los problemas estructurales que pueden dar pie a la inestabilidad política y social.

La derecha se sube al carro de la relegitimación

No hace falta insistir que la derecha pasa por una crisis histórica y profunda. El caso Penta vino a profundizar una situación que hace años se venía advirtiendo. Y con las derrotas electorales, las caídas en las encuestas y los escándalos se avivan las diferencias. Aflora la tendencia a la fragmentación entre distintos sellos y proyectos.
Frente a esto, la UDI, RN, Evópoli y el PRI anunciaron que darán a conocer un documento que establece los “pisos mínimos” para la formación de una nueva coalición. Se trata de algunos mecanismos organizativos y ejes programáticos básicos. Resulta difícil creer que este acuerdo diplomático logre hacer frente al enorme rechazo hacia la derecha, los escándalos y las discrepancias internas que la socavan.

Así, los intentos infructuosos de relegitimación de la casta política parecen darle el sello a la situación política.






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