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VIDEO: Los desafíos para la izquierda, la clase trabajadora y las mujeres tras las elecciones en Estados Unidos

VIDEO: Los desafíos para la izquierda, la clase trabajadora y las mujeres tras las elecciones en Estados Unidos

Jimena Vergara, miembra del staff de Left Voice, nos habla respecto a las elecciones en Estados Unidos y los desafíos que se abren para la izquierda y el movimiento de mujeres, migrante, negro, de la juventud y la clase trabajadora en el seno aquel país imperialista. Entrevista realizada por Jo Cáceres (dirigenta Pan y Rosas) y Rafaella Ruilova (redactora de Ideas Socialistas) para el programa "La Palanca". Mírala completa en el video.

 

¿Cuáles fueron las características principales que tuvo el gobierno de Trump? ¿cuáles fueron las características que marcaron su política hacia las mujeres y los migrantes?

Básicamente la elección en EEUU del 2016 fue un referéndum contra el neoliberalismo. Trump gana la presidencia con un discurso de ultraderecha efectivamente muy racista y muy misógino. Pero también con un discurso muy afilado contra el establishment, contra los políticos tradicionales tanto del partido demócrata como del partido republicano. Con un planteamiento de que todo lo que hicieron las administraciones anteriores llevó a la crisis económica a sectores muy amplios de los trabajadores en EEUU y de las clases medias, y que él iba a recuperar los salarios, reabrir industrias, recuperar la economía y mejorar las condiciones de vida de estos sectores. Sobre todo le habló mucho a los trabajadores de EEUU que, producto de la ofensiva neoliberal, muchos vieron sus condiciones de vida caer dramáticamente.

Por ejemplo, como sucedió con los trabajadores del Rust Belt, que es una zona geográfica en EEUU donde tradicionalmente se concentraba la industria y donde había una gran concentración obrera industrial. Desde los 80s comienza un proceso de reconfiguración del mundo del trabajo en ese sector por la ofensiva neoliberal. Muchas corporaciones relocalizaron sus fábricas buscando mano de obra barata, hacia Vietnam, China, México. De conjunto la ofensiva neoliberal implicó liquidar sindicatos, liquidar industrias, darle mucho énfasis a los trabajadores de servicios, que en general tienen estándares de vida más precarios. O a la logística, que también es una industria que creció muchísimo, tipo Amazon que, como vimos recientemente con la pandemia, creció muchísimo en los últimos años.

Entonces vemos un sector grande de la clase obrera y de las clases medias rurales que quedaron empobrecidos durante la era Obama y que estaban hartos de las administraciones demócratas que impusieron, junto a las administraciones republicanas, la ofensiva neoliberal. Entonces llega Trump azuzando un discurso ultraderechista contra los migrantes, responsabilizándolos de la pérdida de empleos.

Un discurso también contra las mujeres como no se había visto en muchos años en EEUU. Un presidente absolutamente misógino, antiderechos, aliado de la iglesia evangélica y la iglesia católica, que son profundamente anti aborto.

En el terreno internacional también es importante decir el trumpismo se presenta como una alternativa proteccionista contra el neoliberalismo. Al final de cuentas no logró imponer una agenda totalmente proteccionista a nivel global, porque es muy difícil retroceder en el grado de globalización que han alcanzado las cadenas de valor la economía internacional. Pero sí logra cambiar la agenda con medidas muy agresivas en el terreno de la política imperialista.

Por ejemplo sobre América Latina, como vimos en México, Venezuela y Bolivia, donde apoyó el golpe militar. Pero al mismo tiempo no confronta al capital hegemónico que se ha beneficiado durante décadas de la globalización y la ofensiva neoliberal, que les ha permitido a las grandes transnacionales norteamericanas explotar la mano de obra barata en toda la periferia capitalista.

En la cuestión migratoria fue muy agresivo Trump. Abrió todos los centros de detención, que son estas verdaderas cárceles donde hacinan a las familias migrantes incluidos los niños. Impuso la política de separación de familias, es decir, de deportar a los padres. Dejó a miles de niños centroamericanos, mexicanos, caribeños y otros migrantes sin sus padres en territorio estadounidense.

Trump aún no reconoce abiertamente su derrota, sino que ha planteado de manera enfática que fue un proceso electoral fraudulento. ¿Se podría repetir el escenario como en el 2000, cuando Bush dirimió su victoria electoral en la corte suprema frente al demócrata Al Gore?

Detrás de todo el caos que fue la elección estadounidense está la podredumbre y la bancarrota del sistema electoral estadounidense. Hay un problema que es que las instituciones de la supuesta democracia perfecta son verdaderamente anti democráticas. Desde el hecho de que al presidente y el vicepresidente no los elige el voto popular sino el colegio electoral. El voto popular no cuenta en EEUU sino estos electores que se basan en cálculos de nivel poblacional. El 2016 Trump perdió el voto popular, ganó por el colegio electoral.

Además hay una práctica sostenida llamada supresión del voto, que tiene un sesgo racial. Por ejemplo los presos no pueden votar, pero resulta que en este país el 90% de los jóvenes negros ha pasado por la cárcel alguna vez. Es un sistema penitenciario profundamente racializado. Todo ese sector de la población no puede votar. En algunos estados si alguien estuvo en la cárcel tampoco tiene derechos políticos para votar y queda limitado para toda la vida. Esto afecta mucho a la población negra que está criminalizada, porque entra a la cárcel por delitos que acá se conocen como "de ventana rota", que son en realidad delitos por pobreza.

Además de esos elementos estructurales que hacen a la supresión del voto, también vimos una línea muy ofensiva de la base social supremacista blanca de Trump, en algunos estados, de directamente ir en masa a bloquear que la votación...

Exactamente. En esta elección todo se volvió más complicado por la pandemia. Me voy a referir a esto de por qué por la gente no puede asistir presencialmente a votar. Acá siempre ha existido el voto por correo o voto a distancia pero nunca había sido tan generalizado. Entonces Trump arremete contra el derecho democrático elemental del voto por correo diciendo que es fraudulento, que es ilegal, y llama a su base social a movilizarse para que los votos por correo no lleguen a las urnas o no sean contabilizados. Esto fue lo que vimos con estas milicias movilizadas intimidando a los votantes o los casos masivos de envíos de amenazas por correo a votantes demócrata.

Yo creo que lo más importante este proceso electoral, que hay que tomar en cuenta como dato, es que ha sido la elección con más participación de la historia de EEUU en 100 años. La gente que se volcó a las urnas fueron más o menos entre 150 y 160 millones de personas, lo que es muy alto de acuerdo a los índices en EEUU. De esos ciento y tantos millones, cien millones entraron por correo. Trump sabía que por lo menos el 80% de este voto iba a ir para Joe Biden ¿Por qué? Como Trump había estado haciendo negacionista con la pandemia, el ir sin máscara y todo ese discurso de la ultraderecha, azuzó a su base para que no votara por correo y para que fuera votar presencialmente. Entonces ya se sabía que en general la base demócrata era la que estaba votando por correo. Ahí es donde Trump intenta miles de artilugios legales e ilegales. Trump interpuso muchísimas demandas en los estados contra el conteo de votos y en general fue derrotado legalmente.

En el momento actual Trump está diciendo que él ganó la elección y que va a impugnar. Para ser claros, esto no parece que va a prosperar, bajo ningún punto de vista. Ya hay un gran acuerdo entre Wall Street,el capital hegemónico, el partido republicano. Sectores importantes ya dijeron que Biden ganó. Es decir, Trump en esto se está quedando solo. No hay posibilidades reales de que vayamos a un escenario tipo 2000. No parece ser que la elección va a llegar a la suprema corte, porque hay un gran acuerdo burgués de que importa más la estabilidad capitalista, para aplicar los planes de austeridad que vienen, que dejar que Trump haga y deshaga y que deslegitime una de las instituciones pilares del régimen norteamericano que es el sistema electoral, porque eso mete en problemas a todos.

¿Qué aspectos pueden cambiar más estructuralmente en el paso de la administración de de Trump a la administración de Biden, tanto en el terreno interno como en el internacional?

El régimen bipartidista es muy consciente de su supervivencia. Y el capital hegemónico, también. Hubo unidad burguesa ante la elección porque estaban aterrorizados de un escenario que: una, trajera otra vez al movimiento de masas, después de que el Black Lives Matter estuvo tres meses en la calle, con las movilizaciones más masivas de la historia; y, por otra parte, porque los capitalistas están conscientes de que la pandemia sigue su curso, y que las secuelas de la crisis económica son todavía imprevisibles.

Pero al mismo tiempo están divididos. Wall Street estaba contentísimo con Trump. El punto fuerte de Trump siempre fue la economía. Porque de algún modo recuperó la economía, lentamente, nunca con los índices de antes del 2008, porque la crisis fue muy profunda. Pero estaba generando empleo, empleo basura o precario, pero empleo. Wall Street estaba tranquilo, los capitalistas estaban tranquilos. Lo que pasa es que al mismo tiempo necesitaban estabilidad. El Black Lives Matter fue un elemento de gran inestabilidad y la realidad es que la base trumpista es un elemento de inestabilidad...

La polarización...

Exactamente. Mucha polarización. La sociedad norteamericana está desgarrada. Por cuestiones de clase, de raza. Por cómo responder a la pandemia. La base social de Trump estaba en contra de las cuarentenas mientras los trabajadores esenciales, muchos negros y latinos, querían las cuarentenas porque son los trabajadores que se expusieron en el zenit de la crisis el coronavirus. Está muy polarizada la sociedad norteamericana y los partidos están divididos. Entonces hay un consenso burgués para encarar esta elección de "manera responsable".

Si bien Trump no va a tener posibilidades de judicializar la elección y llevarla a la corte suprema, esta elección quedó muy cerrada. El dato es que Trump ganó 70 millones de votos. O sea que no es un loco aislado en la Casablanca. Es una persona que representa un sector muy amplio de las masas en EEUU y que, de algún modo, representa sectores del capital. Parece un loco, pero no es un loco aislado. Entonces se va Trump pero no se va el trumpismo, y eso va a generar mucha crisis dentro del régimen.

¿Qué va a hacer el partido Republicano? Su principal figura es Trump, quien le puede brindar votos. ¿Qué va a hacer el partido Demócrata? ¿cuál es la tensión de este partido? Tiene que lidiar por una parte con sus compromisos con el capital. Millones y millones de dólares se fueron a la campaña de Biden: de Wall Street, de Silicon Valley, de los grandes industriales, etcétera. Tiene que imponer la agenda imperial, porque EEUU tiene el problema de que vienen perdiendo hegemonía a nivel internacional. Por otra parte tiene la presión doméstica de lidiar con su base social, que tiene muchas aspiraciones democráticas. Su base social tiene aspiraciones de cambiar el racismo, como se expresó en el Black Lives Matter. Tiene aspiraciones de defender los derechos reproductivos: el derecho al aborto y otros. Su base social tiene aspiraciones de subir el salario, tiene aspiraciones de sindicatos. Más del 60% de la población estadounidense opina que hay que sindicalizar a los trabajadores.

El problema es que hay crisis. No sabemos exactamente qué comportamiento va a tener esta segunda oleada de la pandemia. Ya empezaron a subir los casos nuevamente por el cambio de estación. Todos dicen que de mínima la depresión de la pandemia, que tuvo su punto más alto en marzo-abril, se va a convertir en una recesión muy larga. Eso implica desempleo estructural. Eso implica pobreza, crisis de vivienda, crisis de salud, etcétera. Entonces Biden ¿está en condiciones de hacer concesiones? Todo parece indicar que no. Aparte tiene muchos compromisos con el capital. Entonces parece que esto puede abrir la puerta a que el Black Lives Matter, el movimiento de trabajadores precarios y esenciales que se manifestó al principio de la pandemia, que está ahí latente, que no fue derrotado, pueda reemerger. En el terreno internacional también es complicado pensar que Biden va a regresar así fácilmente al orden multilateral y va a volver el neoliberalismo a pleno. Porque hay una crisis del neoliberalismo a nivel internacional.

Chile creo que adelanta todo esto. El país neoliberal por excelencia que entró en una gran crisis el proyecto neoliberal, yo creo que es la expresión nacional de un fenómeno internacional. Entonces tiene patas cortas un multilateralismo del tipo Obama bajo la era Biden. Va a tener que enfrentar su declinación frente a China. Va a tener que reforzar las cadenas sobre América Latina, en un momento complejo, porque los gobiernos de derecha, que eran aliados del imperialismo, en este momento están débiles.

¿Qué pasa respecto al sector demócrata de Bernie Sanders? El retiro de su candidatura para que Biden sea sea candidato único de los demócratas, fue una concesión a la línea política hegemónica de la burguesía de ir por bajar la polarización y mantener mayor estabilidad. Biden es un demócrata completamente moderado neoliberal, que era una de las mejores cartas para los demócratas y la burguesía para poder enfrentar, de bajar aguas y tratar de descomprimir la polarización.

Sí, efectivamente. Pensar en el ala izquierda demócrata nos permite adentrar un poco en los fenómenos por izquierda que se están desarrollando. Bernie Sanders fue probablemente uno de los políticos más influyentes en Estados Unidos durante los últimos cuatro años, por levantar este programa de representación política de una nueva generación.

En realidad ahora de dos generaciones. La llamada Generación Millennial, que ya pasó por la crisis del 2008 y que fue la sustancia del Occupy Wall Street, que estuvo también el Women’s March y en el Women’s Strike, luchando en la Huelga de Mujeres, en el Me Too. En todos estos movimientos que en EEUU han configurado pues un escenario ideológico y político más de izquierda. Ahora se junta con lo que acá se llama la Gen Z, la Generación Zeta, que son más jovencitos que despertaron a la vida política recientemente con las huelgas contra el Cambio Climático.

Esta generación está representada por el ala izquierda del partido Demócrata, el ala insurgente. Representada por Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, estás congresistas morenas y negras que ganaron representación en el congreso, justamente porque representaban las aspiraciones de todo este sector, con una agenda anti racista, por derechos básicos, etcétera. El problema es que, efectivamente, en las primarias de febrero, antes de la pandemia, Sanders parecía que tenía posibilidad de ganar la primaria demócrata, que es cuando se elige al candidato a presidente del partido. Hubo una gran maniobra de Obama y Clinton, que son los dirigentes del partido, y Nancy Pelosi, para obstaculizar a Sanders. Sanders entonces decide, en la convención demócrata, apoyar acríticamente a Biden, diciendo que es un hombre muy decente, que lo apoyamos, etcétera.

Su base social está disconforme con eso. Porque tienen odio. Esta gente tiene odio de Wall Street, odio de los políticos que representan a Wall Street. Seguramente en Chile lo sienten a su manera. Es un generación que está con trabajo precario, que se endeudan. Es como allá, que se endeudan años y años si quieren ir al a la universidad, pero al mismo tiempo la universidad es la única quizá posible salida a una situación de precarización estructural. Que no tienen seguridad social. El transporte es carísimo. La crisis de la vivienda. Esta generación es consciente del cambio climático. Es anti opresión. Anti racismo muy fuerte. Anti policía. Es decir, esta generación está harta de todos los aspectos más brutales del capitalismo.

Esta generación votó ahora hacia Biden. Pero de algún modo el problema es que Sanders juega el rol de darle vida a un partido que había quedado muy golpeado después del 2016, porque hay sectores que están rompiendo. Entonces, en lugar de tener una política combativa, de decir "no vamos a pactar con esta gente que va a gobernar para Wall Street", apoya a Biden y se quedan en el partido Demócrata. Un partido ahora con más problemas porque ahora ellos gobiernan. Ya no es Trump, va a ser Biden a la cabeza el ejecutivo -aunque el senado parece que queda mayoría republicana, y eso va a generar tensiones-.

Entonces tenemos sectores que empiezan a hablar de socialismo. Surge una organización -que por ahí la audiencia de La Izquierda Diario Chile quizá conoce- de la Democratic Socialist of America, que tiene ya 80.000 miembros. Surge después de la elecciones del 2016 de sectores que dicen "yo ya no quiero apoyar al partido Demócrata, necesitamos una alternativa" y que empieza a identificarse con una suerte de socialismo.

El problema es que la dirección de este partido considera que la estrategia para llegar al socialismo es ir de a poco construyendo una mayoría socialista dentro del régimen y eso, créanlo o no, implica reformar al partido Demócrata y hacerlo girar a izquierda. Esa fue la estrategia que tuvo esta organización durante todos estos años. Lo que pasa es que esta estrategia pues ya llegó a su límite. Porque ni Sanders ganó la presidencia ni Biden giró a la izquierda: no tomó ni un solo aspecto de la plataforma de Sanders. Entonces hoy, sobre todo en la juventud, hay orfandad política. Porque no hay representación política de este sector que viene girando a izquierda.

Va a ser muy interesante seguir la evolución de esta nueva generación que despertó a la vida política y que se combina con un despertar, lento pero significativo, de la clase obrera estadounidense. Que ya había protagonizado huelgas, luchas por sindicalización durante la era Trump. Que se hizo sentir al principio en la pandemia, no de manera generalizada, pero sí de manera muy importante, con mucha repercusión mediática: los trabajadores de Amazon, Trader Joe’s, Wallmart de los grandes supermercados, los empacadores de carne, los trabajadores de la salud, donde orgullosamente tenemos camaradas de Left Voice que empezaron a plantear que la pandemia tenía un sesgo de clase y que la clase obrera tenía que dar una solución independiente a la de los partidos capitalistas.

Entonces esta combinación de una juventud que está girando izquierda, que empieza a leer a Lenin, a Rosa Luxemburgo, a León Trotsky. Que empiezan a leer de la Revolución Rusa, de la Revolución China. Que se movilizó con todo en el Black Lives Matter. Que es multirracial, con una lucha antirracista está creciendo, porque es una generación de negros y blancos, gente del Oriente y Medio Oriente, gente de Centroamérica o de México y de nuevas generaciones que ya nacieron acá, que han hecho una comunidad muy disruptiva para luchar contra la violencia policial. Entonces hay que ver cómo estas dos fuerzas tan importantes, el movimiento obrero y la juventud anti racista, pueden interactuar la una con la otra, abrazando ideas socialistas, para forjar verdaderamente una corriente organizada, una nueva izquierda en EEUU que desafíe al sistema bipartidista.

En esa perspectiva, desde Left Voice, ¿que piensas qué es necesario desarrollar desde el movimiento de mujeres, desde la clase trabajadora, desde el movimiento de Black Lives Matter? ¿qué perspectivas, qué desafíos existen para todos esos sectores, para que no sean ellos quienes carguen la crisis?

El problema central es que el movimiento de masas, los movimientos sociales, de mujeres, el movimiento negro, siguen todavía, aunque con rupturas y grietas, subordinado al partido Demócrata. En el movimiento obrero por la vía de la burocracia sindical, que jugó un rol nefasto durante el movimiento. Por ejemplo, en pleno Black Lives Matter, a pesar de haber un movimiento de base exigiendo la desafiliación de los sindicatos de policía, la burocracia sindical se negó. Porque acá los policías están sindicalizados. La burocracia sindical ahora está pactando con Biden para hacer un acuerdo laboral. Hay que ver qué resulta, pero seguramente los capitalistas van a querer ganar algo de ese acuerdo. Por otra parte también a los movimientos sociales en este país los dirigen las colaterales, las ONGs vinculadas al partido Demócrata.

Entonces ahí está el desafío para estos sectores de masas de romper con estas direcciones, que son verdaderos diques de contención que nos han hecho creer la idea de que por fuera del partido Demócrata no hay nada. El partido Demócrata -dicen acá los jóvenes estadounidenses y los viejos también- es el sepulturero de los movimientos sociales. Porque es así: los cooptan y los convierten a su favor, para seguir sosteniendo el racismo, la explotación, etcétera, del régimen bipartidista.

Entonces es un gran desafío e implica desarrollar mucha política. Por ejemplo, profundizar el movimiento contra los sindicatos de policía dentro del movimiento obrero es muy importante, porque es una forma de establecer una alianza entre el movimiento obrero y el movimiento negro. Es clave exigir, por ejemplo, pelearle a la burocracia sindical luchar por la sindicalización y la organización de los sectores que están por fuera de los sindicatos, que son como un 90% de la fuerza laboral en este país, sólo el 10 por ciento está sindicalizado.

Para el movimiento de mujeres lo mismo. O seguimos pensando que estamos representadas por ser mujeres únicamente, o construimos una representación de mujeres trabajadoras y de clase, no demócratas, que peleen por nuestros intereses. Porque también juega con eso el partido Demócrata. La Kamala Harris es ahora la heroína del movimiento de mujeres, pero Kamala Harris fue fiscal general del estado de California, o sea encargada del encarcelamiento masivo de negros en California, que es uno de los estados con más alto índice de encarcelamiento de negros en todo el país. Que no va a temblarle la mano si tienen que lanzar bombas o aplicar sanciones contra los países sancionados por Estados Unidos. Como contra Irán donde las mujeres, en plena pandemia, se morían no por el virus, sino por el hambre generada por las sanciones imperialistas.

La izquierda tiene que jugar un rol muy importante. Romper de una vez por todas con la confianza en el partido Demócrata y retomar el camino de la movilización. Porque incluso las conquistas que ganemos en el próximo periodo no van a venir de las buenas intenciones de Biden. Si conquistamos algo en el próximo periodo va a provenir de la movilización. En el movimiento anti racista, en lugar de depositar confianza en que Biden va desfinanciar los departamentos de policía, cosa que bajo ningún punto de vista va a hacer, pues de hecho fueron las administraciones demócratas las que también reprimieron al movimiento Black Lives Matter, tiene confiar solo en sus propias fuerzas.

Aquí hay una cuestión que no quiero dejar de decir, porque creo que también tiene paralelos con la situación en Chile. Este desafío no quiere decir no pelear en el terreno electoral. Quiere decir construir una alternativa electoral basada en la lucha de clases. Que verdaderamente representen los intereses de los trabajadores, del movimiento antiracista, de la juventud, de las mujeres, del movimiento LGBT, etcétera. Que tiene que ser para nosotros una alternativa socialista.

Detrás del fenómeno de insurgencia del partido Demócrata hay una gran base social. Tienen que haber una organización de izquierda que haga una experiencia con este sector, que esté para desafiar la hegemonía del partido demócrata y la cooptación a la que hemos sido sometidos durante décadas por parte de uno de los pilares del régimen imperialista.

Otra tarea muy importante. La juventud de este país tiene que volcarse a la lucha antiimperialista sin tregua. Me da mucha ilusión estar acá, porque si desde acá construiremos un movimiento movilizado, ligado a la clase obrera, que se oponga a los cambios de régimen en Venezuela, a las operaciones militares imperialistas, que se oponga a la terrible deuda que aqueja a los pueblos de Sudamérica, que se oponga a la guerra contra las drogas impuestas sobre México y las políticas criminales migratorias contra nuestros hermanos en Centroamérica. Si construimos esa izquierda, no sólo estaremos horadando al régimen o afectando las bases del régimen estadounidense. Estaremos teniendo una política activamente internacionalista para desafiar las cadenas del imperialismo sobre nuestros pueblos hermanos. Entonces hay una conexión bien estrecha entre una oposición socialista y una que sea verdaderamente internacionalista, es decir antiimperialista, en el seno del imperialismo.

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