Géneros y Sexualidades

MUJERES

Violencia, femicidios y una respuesta desde el feminismo socialista

Los femicidios representan el último eslabón de una larga cadena de violencia contra las mujeres y niñas que, lamentablemente, contiene una extensa lista de formas y modalidades de maltrato y discriminación hacia el género femenino que se refleja en distintos ámbitos de la vida cotidiana.

Miércoles 22 de febrero

En Chile, alrededor de 60 mujeres murieron el año pasado producto de la violencia machista- según datos del Sernameg- y de acuerdo a datos entregados por la ONU, cada año mueren más de 66.000 mujeres y niñas en el mundo.

La respuesta ante esta ola de femicidios y violencia contras las mujeres a nivel mundial, han sido diversas movilizaciones que no se veían desde hace décadas. Lo vemos con millones de mujeres marchando contra el presidente de EE,UU, Donald Trump; en Argentina, con la masiva movilización NiUnaMenos tras el brutal femicidio de Lucía; o en Chile, luego del femicidio de Florencia, y más actualmente con el suicidio inducido de Antonia Garros, quien sufría violencia de género.

Una violenta reproducción amparada por Estados y gobiernos capitalistas

Miles de mujeres y niñas son asesinadas en manos de femicidas, en todo el mundo y día a día. La respuesta ante esto no solo han sido movilizaciones y organización; también ha aumentado la búsqueda de justicia por medio de medidas punitivas y confianza en los sistemas judiciales de los distintos países y sus gobiernos.

En palabras de Andrea D’Atri, unas de las fundadoras de Pan y Rosas, la “legítima búsqueda de justicia ante los crímenes de odio, como los femicidios, paradójicamente conduce a limitar la definición de violencia patriarcal a la estrechez de las figuras jurídicas estipuladas en el sistema penal. El Derecho nos devuelve impotente las limitaciones que tiene la búsqueda de la eliminación de la opresión con los mismos instrumentos con los que la misma es legitimada y reproducida”.

Es necesario que se comprenda la columna vertebral que sostiene y permite la violencia machista. Esta violencia también la vemos en la idea de concebir a las mujeres como seres inferiores, en que éstas reciben un menor salario que los hombres por el mismo trabajo, en la precariedad de los puestos laborales; en el trabajo doméstico que recae en su mayoría en el sudor de mujeres y niñas, y en los escasos derechos sexuales y reproductivos, entre otros aspectos.

Es decir, la violencia machista, el maltrato y discriminación hacia las mujeres, por el solo hecho de serlo, no lo encarna solamente el femicida- que por supuesto tiene directa responsabilidad- sino que hay responsables políticos que lo permiten y que no hacen nada de fondo para combatirlo: el capitalismo, sus Estados, gobiernos; empresarios e Iglesia.

Por una Ley de Emergencia y un gran movimiento de mujeres en Chile y el mundo

En Chile, ningún gobierno ha combatido estructuralmente la violencia hacia la mujer. Ni siquiera se impulsan leyes y medidas preventivas, y, peor aún, la Ley de Violencia Intrafamiliar que impulsa el gobierno de Bachelet ni siquiera contempla los femicidios ocurridos en los ‘pololeos’ o con hombres desconocidos. Por otra parte, los programas de prevención que impulsa el Sernameg son completamente insuficientes y precarios, y se encuentran en última jerarquía de importancia para la institución.

Ante esto, es necesario que luchemos por una Ley de Emergencia contra la violencia de género que, en primer lugar, contemple como femicidio todo asesinato contra mujeres y niñas, independiente de la relación entre víctima y victimario. Exigimos una ley contra la violencia machista que acoja a todas las mujeres que son violentadas asegurándoles resguardo y bienestar; la construcción de casas de acogida; derecho a vivienda para aquellas que habiten con sus agresores y subsidios estatales para sus hijos; oportunidades de empleo y capacitación para que las mujeres no dependamos económicamente, entre otras medidas.

Lo anterior son exigencias y medidas mínimas que deben garantizar los Estados y gobiernos; sin embargo, estas reformas y leyes tampoco son la solución ante un problema estructural de todo un sistema. Necesitamos levantar un gran movimiento internacional de mujeres que luche contra la violencia de género y por cada una de nuestras demandas; luchar por conquistar a grandes masas de mujeres que se puedan sumar a la batalla contra el patriarcado y el sistema capitalista en su conjunto; fortalecer nuestra organización levantando comisiones de mujeres en sindicatos y universidades; organizándonos por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, ¡y por cada una de nuestras reivindicaciones!






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