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MEDIO AMBIENTE
Juventud y cambio climático: A propósito del viaje de Greta Thunberg a Chile
Teresa Melipal | Santiago de Chile

La preocupación por el medioambiente y el cambio climático ha despertado a un sector importante de la juventud, el cual se ha movilizado a nivel internacional tomando como ejemplo las huelgas escolares de Greta Thunberg que se dieron a inicios de agosto del año pasado. Tras el reciente incendio en el Amazonas, el debate en la juventud sobre qué estrategia utilizar para terminar con la causa del cambio climático se ha vuelto inminente.

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Greta Thunberg es una joven sueca de 16 años que se ha convertido en la figura actual de la lucha contra el cambio climático y del movimiento ecologista juvenil a nivel global. Thunberg llegará a Chile para participar a la Cop 25, donde la Ministra de Medioambiente, Carolina Schmith, confirmó una pronta reunión para preparar su llegada a Chile desde Nueva York, lugar donde se desarrollará la Conferencia del Cambio Climático de la ONU este 23 de septiembre.

Thunberg durante más de un año ha protagonizado protestas contra el cambio climático, siendo una referente del movimiento de la juventud internacional bajo el lema “Fridays For Future”, consigna que comenzó a ser reconocida por las huelgas escolares donde faltaba todos los viernes a la escuela para protestar en la embajada sueca contra el cambio climático.

Experiencia similar ha sucedido en Chile con un sector de la juventud, el cual se ha expresado desde una postura crítica frente a una serie de irregularidades e injusticias respecto a lo económico, lo político, ideológico y social. En el terreno medioambiental, la juventud se ha manifestado en las movilizaciones por el pueblo mapuche, en defensa del agua, contra las zonas de sacrificio y el saqueo empresarial. Así se expresó en las movilizaciones por justicia para el joven comunero mapuche Camilo Catrillanca; las decenas de miles de asistentes en la marcha contra el cambio climático el pasado 15 de marzo, liderado por centennials y millennials; las concentraciones y paros estudiantiles en rechazo al TPP11 que se expresaron en distintas universidades como en Universidad de Chile, ex Pedagógico, UPLA y distintas universidades del sur; y el acto por justicia para Macarena Valdés en el Museo de la Memoria, que conglomeró a más de 5000 jóvenes, y que fue la excusa perfecta para que Carabineros reprimiera el lugar.

El pasado viernes 23, más de 400 personas se manifestaron en la embajada de Brasil tras el incendio en la Amazonía, la concentración hegemonizada por jóvenes y estudiantes que adhirió a la convocatoria internacional, cuestionó la responsabilidad del gobierno de Bolsonaro donde algunos apuntaron a la agroindustria y a las mineras y un significativo sector responsabilizó al sistema capitalista como el principal responsable con la consigna: “no es el fuego, es el capitalismo”.

Si bien, el movimiento ambiental surge a fines de los años sesenta tímidamente con el movimiento hippie, posterior a la efervescencia de la juventud francesa del Mayo 68, que dio impulso a los estudios relacionados “sociedad-naturaleza”, actualmente en Chile y en Latinoamérica el movimiento medioambiental aparece en las calles con mayor vehemencia en respuesta al neoliberalismo [1] por parte de la juventud expresada con las redes por justicia ambiental que se consolidaron en Brasil durante principios de los años noventa, el Consejo Regional Indígena del Cauca (Colombia) en 1982 y el movimiento por recuperación de tierras de organizaciones mapuche en Chile a fines de la década de los 80. [2]

El movimiento medioambientalista se consolidó bajo las masivas protestas a nivel nacional contra la mega central hidroeléctrica en la región de Aysén, “HidroAysén”, durante principios del 2011, las cuales fueron protagonizadas por jóvenes estudiantes quienes posteriormente se movilizaron por el derecho a la educación gratuita universal, haciendo temblar al gobierno de Piñera con prolongados paros, tomas y lucha en las calles.

Hoy, el segundo gobierno de Piñera se ha debilitado bajo la farsa de los “tiempos mejores” junto con la profunda crisis de las instituciones del régimen, pero, paradójicamente el movimiento estudiantil se ha pasivizado y ha estado casi inexistente ante las medidas arbitrarias de autoridades municipales y universitarias, la represión de Carabineros hacia la juventud y el aislamiento hacia otros sectores como sucedió con un apoyo testimonial a la lucha docente. En este marco, el discurso del gobierno ha logrado captar algunas discusiones sobre el cambio climático para fortalecerse políticamente hacia la opinión pública, tras la alta desaprobación de las gestiones Piñera. En diciembre de este año se realizará la Cop 25 en Santiago, donde el gobierno ha inyectado 82 millones de dólares junto con empresarios de la SOFOFA que también se comprometieron para financiarla a través del “Fondo Empresas Chilenas por la Acción Climática”.

Cambio Climático

La discusión sobre el cambio climático ha posicionado el debate a puentes ideológicos y estratégicos. Por un lado, el discurso escéptico representado por el negacionismo de Donald Trump, quien en una de las primeras medidas de su gobierno fue sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París y donde recientemente aplicó una normativa que elimina las restricciones de federales que obligan a la industria del petróleo y gas instalar tecnologías para inspeccionar y reparar fugas, con el fin de ahorrar entre 17 y 19 millones de dólares al año [3]

Por otro lado, los momentos cruciales del agotamiento y búsqueda de cambios paradigmáticos respecto a la depredación ambiental ha generado la discusión sobre el modelo de una nueva sociedad, en esta perspectiva la palabra “socialismo” vuelve a ser discutida en los movimientos sociales y particularmente en la juventud. En respuesta a ello, la propuesta de un “Green New Deal” encabezado por Bernie Sanders y Ocasio-Cortez del Partido Demócrata norteamericano, ha sido la cara visible del diálogo hacia este sector, pero con la intención de levantar un nuevo capitalismo verde. El Green New Deal plantea poder reducir las emanaciones de gases invernadero, la renovación de infraestructuras y la apuesta por la eficiencia energética a través de una inversión pública, con una reconversión parcial que preserve la acumulación y explotación capitalista. Estos últimos expresan una combinación entre neoliberalismo, neokeynesianismo y “economía verde”, bajo un discurso de denuncia contra el calentamiento global y el acuerdo de costosas cumbres climáticas medidas de protección ambiental, controles y grandes objetivos de reducción de emisiones, que en todos los casos no han sido más que documentos diplomáticos sin mayores consecuencias prácticas [4]

A la izquierda del capitalismo verde, un movimiento ambientalista de izquierda bastante heterogéneo se ha expresado en un importante sector de la juventud respondiendo desde la justicia ambiental, el ecologismo popular y el ecosocialismo, denunciado los efectos de la industria y la extracción indiscriminada de los recursos naturales, que ha puesto en tela de juicio el modo productivo y de consumo de la sociedad. Sin embargo, pese al discurso anticapitalista que se ha generado tras las movilizaciones protagonizadas por la juventud en Chile, el escepticismo a organizarse se ha traducido en la desarticulación y en la individualización de la lucha contra el cambio climático. Y es que la preocupación por un futuro incierto se ha traducido en variadas ocasiones a cambios personales, como, por ejemplo, el cambio de dieta basada en plantas que ha generado mayor adopción en los millenialls, bajo el argumento de una huelga de consumo hacia la industria ganadera. Pero, el problema de las emisiones de carbono no es el consumo de la carne animal, como afirmó el cientista animal Frank Mitloehner [5], sino es el modo de producción capitalista en su máxima expresión que depreda y explota irracionalmente la naturaleza.

Gases efecto invernadero

Según confirma el Ministerio de Medioambiente [6] , Chile es un país altamente vulnerable al cambio climático, cumpliendo siete de los nueve criterios de vulnerabilidad enunciadas por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), como la presencia de áreas costeras de baja altura; zonas áridas y semiáridas; zonas de bosques; territorio susceptible a desastres naturales; áreas propensas a sequía y desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica y ecosistemas montañosos.
Y es que en Chile el aumento de la temperatura media ha crecido a una tasa de 0.12°C por década, donde el aumento muestra tendencias más intensas en las zonas del interior y cordilleranas expresándose en sequía y escasez de agua en regiones como Coquimbo, Valparaíso, O´higgins, Maule y la Región Metropolitana. Recientemente, Nelson Pizzarro, presidente ejecutivo de Codelco y Andrónic Luksic señalaron que la crisis hídrica que afecta al país también está comenzando a ser un problema al mundo minero. Pero, lo cierto es que la minería y la industria son uno de los principales consumidores de agua en el país con un 21% de las extracciones de agua [7] , siendo los responsables de la sequía y desabastecimiento de agua en comunidades aledañas.

Según el Informe del Inventario Nacional de GEI serie 1990 – 2019, las principales emanaciones de los gases efecto invernadero son provocadas por la quema de combustibles fósiles de las industrias de generación de energía de electricidad fósil con un 31% de emanaciones, el transporte terrestre con un 21% y la minería con un 7%. Ante esto, y por la presión de organizaciones medioambientales, Piñera presentó un plan de cierre de plantas a carbón para reducir las emisiones del efecto invernadero y potenciar las energías renovables cerrando 8 centrales que representan un 19% de la capacidad instalada de plantas a carbón, en un plazo de cinco años. Cuatro de estas centrales están ubicadas en Tocopilla, dos en Puchuncaví, una en Iquique y una en Coronel [8] , todas denominadas “zonas de sacrificio” por los graves problemas de salud que afecta a la población. Sin embargo, el plan de cierre de Piñera fue un gran engaño, primero porque no contempló un plan que asegure puestos de trabajo, echando a la suerte esta responsabilidad a las empresas, pero, además, mientras se cerraban dos termoeléctricas de Tocopilla la misma empresa una semana antes inauguró una nueva central en la misma región de Antofagasta.

Salidas al cambio climático

Los efectos del cambio climático, la sequía y escasez hídrica ha afectado a pequeños productores de la zona central, donde el Movimiento de Defensa por el Acceso al agua, la Tierra y a la protección al Medioambiente (MODATIMA) y Extinction Rebellion Chile, han llamado a una colecta nacional para solidarizar con los afectados por la sequía ante la desidia del Estado.
La salida del gobierno ha sido una Ley de Cambio Climático, donde el pasado 31 de julio el proyecto de ley culminó su proceso de “Participación Ambiental Ciudadana” para pasarlo a su tramitación legislativa. Una de las propuestas es la mitigación, cuyo objetivo es reducir las emisiones de los gases del efecto invernadero y aumentar la capacidad de su almacenamiento, y por otro lado es la adaptación, con el fin de ajustar el clima para evitar o minimizar los impactos negativos del cambio climático y obtener beneficios de los impactos positivos. El proyecto incluye además un plan de descarbonización para que el 2050 Chile sea carbono neutral.
Por otro lado, la Fundación Chile Sustentable ha propuesto un cronograma alternativo de descarbonización hacia el 2030 en base a las emisiones del año 2017, con el fin de reducir un 30% de las emisiones de carbono, a esta propuesta se han sumado más ONGs medioambientales.

Catalina Pérez, diputada por Antofagasta, presidenta de Revolución Democrática y presidenta de la Comisión de Medioambiente de la Cámara de Diputados, quien además participó el año pasado en la COP24, encabeza la propuesta de RD, la cual trata de un “Fondo de Adaptación al Cambio Climático”. La iniciativa, que fue presentada a principios de julio de este año hacia el Ministerio de Hacienda, responde a una política fiscal para resolver la crisis climática, esta iniciativa plantea estar a la altura de las normativas internacionales del Protocolo de Kyoto, el acuerdo de París y los acuerdos de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible. La propuesta concreta de la diputada frenteamplista se expresa en impuestos verdes que se darían bajo la polémica reforma tributaria, además de sostener los desincentivos a la inversión de combustibles fósiles a través de la revisión de las empresas, una ley de presupuestos hacia el 2020 con un enfoque sustentable, donde esto último sería financiado por los remanentes de la Ley Reservada del Cobre [9] . Sin embargo, esta iniciativa termina siendo utópica bajo la lógica del capitalismo, donde el cuestionamiento hacia los remanentes de las ganancias del cobre no llega a ser profundo porque no cuestiona las ganancias empresariales dejando esta decisión en manos del mercado.

La demanda por la re nacionalización del mineral rojo, principal recurso estratégico del país, así como el resto de los recursos naturales, debería ser una demanda principal junto la administración y control de los trabajadores y el pueblo. Así lo manifiesta Dauno Tótoro, dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR), quien en variadas ocasiones ha denunciado la gestión empresarial fortalecida en dictadura militar y amparada por el Estado bajo la Constitución chilena que ha permanecido con la venia de los partidos de la ex Nueva Mayoría. Para acabar con el saqueo empresarial y la corrupción de los recursos estratégicos, Tótoro plantea que la expropiación y estatización de los recursos naturales debe realizarse sin indemnización ni compensación alguna a las empresas mineras, energéticas y extractivistas bajo la gestión de los trabajadores y comunidades. En cuanto al plan de reconversión energética, la expropiación sin pago a las empresas que se nieguen a las normativas de la regularización de las emanaciones de GEI se vuelve una discusión importante junto con la fiscalización de las ganancias de las empresas determinando si hay fugas de capitales.

Por una estrategia socialista para poner fin a la depredación capitalista

Una postura que se ha popularizado en la lucha contra el cambio climático ha sido el cambio individual de los patrones de consumo, el cual no toma en cuenta las desigualdades sociales de los individuos, tomando por igual las condiciones entre las clases sociales. A esto se suma la postura del agotamiento de los recursos naturales, siendo éstos fijos y limitados, tendiendo a un decrecimiento de los mismos. Pero el intento utópico y reaccionario de acabar con la depredación capitalista de estas dos posturas se contrapone con la discusión de quién controla tal crecimiento.

La contradicción capital-trabajo es la base estructural del modo de producción capitalista, es por eso que la clase obrera tiene la importancia de forjar una alianza anticapitalista desde una política de hegemonía obrera, es decir, con sus métodos de lucha y su programa en alianza con los sectores oprimidos por el capitalismo.
La juventud que hoy sale a las calles tiene el desafío de radicalizar su programa para plantear una salida realista a la catástrofe: impulsar la lucha de clases para terminar con el sistema capitalista y poner todos los resortes de la economía mundial en manos de la clase trabajadora.

 
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