www.laizquierdadiario.cl / Ver online
La Izquierda Diario

Martes 20 de Agosto de 2019

Twitter Faceboock

IDEAS DE IZQUIERDA
Apuntes de balance de la lucha contra los despedidos de FCAB
Nicolás Bustamante
Lester Calderón | Presidente Sindicato N° 1 fábrica de explosivos Orica Chile, Antofagasta

Los despidos siguen siendo una realidad, se acerca una huelga convocada por las mujeres para el 8M y un paro para el 11A. La lucha contra los despidos de FCAB pone en evidencia que se puede resistir, se pueden construir la unidad de trabajadores, mujeres y movimiento estudiantil.

Link: http://www.laizquierdadiario.cl/Apuntes-de-balance-de-la-lucha-contra-los-despedidos-de-FCAB

Es febrero de 2019, y los “despidos” no han desaparecido en el debate laboral. La cifra global de desempleo consignada por el INE marcó una leve baja: de 7,1% a 6,8%. Pero esa cifra árida no niega la realidad: en ENAP, Correos Chile o Chuquicamata, en Unilever o en colegios de Santiago, cientos de trabajadoras y trabajadores son despedidos. Aunque no se “dispare” la cifra global de desempleo, el despertar de un día para otro sin fuente laboral, como hecho repetido en empresas con cierta relevancia o más estratégicas como es el caso de Chuqui, marca un precedente. Los cierres de empresa -como pasó con Iansa- en junio quedaron en la retina de muchos. Es obvio que al gobierno le conviene marcarlo cuando está preparando una reforma laboral que busca debilitar los sindicatos y flexibilizar el trabajo.

Para el 8M se está convocando a una huelga feminista, por la Coordinadora 8M y el Colegio de Profesores y diversos gremios del sector público, y la CUT está llamando a un paro el 11A ¿Cómo llegaremos al 8M y al 11A si dejamos pasar los despidos? Si las grandes centrales sindicales como la CUT y organizaciones de trabajadores como el Colegio de Profesores no se ponen a la cabeza de defender los puestos de trabajo ahora ¿qué fuerzas tendrán esas acciones? ¿No necesitamos empezar a organizarnos en los lugares de trabajo y estudio?

Creemos que la lucha de los despedidos de FCAB pone en evidencia que no es una fatalidad combatir los despidos, buscar intervenir en la lista de desvinculaciones en negociación con la empresa u obtener mejores finiquitos, como opciones únicas. Esa simple conclusión: se puede resistir, contrasta enormemente con la adaptación permanente de la burocracia a los ataques patronales. Se puede resistir, se pueden construir la unidad de trabajadores, mujeres y movimiento estudiantil. Con esta simple conclusión, otro sería el escenario que se avecina con las reformas laborales de Piñera.

Pero además de esa conclusión que explicaremos a lo largo de estos apuntes, creemos que la lucha de los despedidos de FCAB permite extraer una serie de lecciones respecto a la tarea de construir un partido revolucionario de la clase trabajadora en vinculación con fenómenos de vanguardia de la clase trabajadora y la lucha de clases. Como organización vemos que durante los últimos meses se ha expresado una tendencia al surgimiento de fenómenos de vanguardia. Eso impone tareas frente a las cuales las conclusiones de la lucha del “Ferro” pueden ser muy útiles.

A continuación presentamos apuntes para balance sobre la lucha de los trabajadores despedidos del Ferrocarril Antofagasta Bolivia durante el 2018. La organización de estos apuntes buscan caracterizar el marco de la situación política, la descripción de la lucha de los trabajadores, las discusiones político estratégica para hacer avanzar el conflicto y conclusiones en la perspectivas de la construcción estratégica de partido revolucionario en Chile.

El contexto político

El 2018, la elección de Sebastián Piñera se suma a la derechización de los gobiernos de Latinoamérica, como el de Mauricio Macri en Argentina y el ascenso de Temer en Brasil a través del golpe institucional. Esto a la vez como consecuencia de las crisis de los gobiernos post-neoliberales de Lula-Rouseff, el Kischnerismo y Bachelet que bajo la pantalla de “amigos del pueblo” siguieron gobernando para los grandes capitalistas internacionales en contra del pueblo trabajador. Actualmente en el caso de Brasil el golpe institucional se cristaliza con el ascenso del aberrante ex militar Jair Bolsonaro que viene con un paquete de ataques a la clase obrera, las mujeres, la diversidad sexual, los pueblos originarios e inmigrantes.

En el caso chileno, si bien el gobierno de la Nueva Mayoría logró desviar parte de las expectativas abiertas por el movimiento estudiantil el 2011 e impulsar una reforma laboral que debilitó el poder de negociación de los sindicatos, fracaso en cuanto a su continuidad como proyecto político, cuya base electoral terminó en un importante porcentaje apoyando al Frente Amplio. El régimen chileno atraviesa una crisis de deslegitimidad de las instituciones políticas, atravesada por casos de colusión y corrupción empresarial.

El gobierno de Piñera, esta vez, bajo su eslogan de “tiempos mejores” hace apología de su capacidad de resolver los problemas económicos del país, atravesado por años de desaceleración económica y el estancamiento del desempleo, generando expectativas en la población.

***

La luna de miel de Piñera en el Gobierno se acabaría rápidamente, las expectativas de la población chocó contra la farsa de los tiempos mejores, la percepción de la población en relación a la economía y el empleo comenzó a bajar, lo que tuvo su expresión más brutal en los casos emblemáticos de despidos como los 270 de Canal 13-propiedad de Luksic- y cierres de fábricas como Maersk, Pastas Suazo, IANSA o Constructora Cial. No se dispararon las cifras oficiales de cesantía ni la economía decreció estrepitosamente, pero estos hechos generaron descontento y preocupación, sin embargo los sectores golpeados no tuvieron una respuesta activa desde las direcciones sindicales.

Esto contrasta con la decisión de los despedidos del ferrocarril, quienes mostrarle on disposición a combatir, abriendo importantes debates para el surgimiento de nuevos procesos de lucha de clases, como del surgimiento de una vanguardia obrera y juvenil.

¿Cómo se gestó la decisión de enfrentar los despidos?

El primer ataque de FCAB se expresó con el despido antisindical en el mes de febrero del recién electo dirigente sindical Nicolás Bustamante, bajo la excusa de “necesidad de la empresa” y reestructuración, sin embargo dos días antes de su desvinculación participó en la asamblea del Sindicato Nacional de Trabajadores FCAB, donde denunció que la dirección sindical había sido cómplice los esclavizantes turnos ferroviarios a los que son sometidos los operadores de trenes desde el año 2014.

En Antofagasta, el despido de Bustamante coincidió con el despido de la delegada sindical Daniela Avilés [1] de la Escuela Patricio Cariola, el delegado del Sindicato N°1 de la Fábrica de Explosivos Orica, los despidos antisindicales de 50 trabajadores en Lomas Bayas, y la prepotencia patronal contra la organización sindical en Komatsu-faena MEL, Maxxam, SGS, Mantos Blancos, y Minera Escondida.

El FCAB con este despido, mostró su ofensiva para impedir el avance del Sindicato Interempresa [2] , desde donde se intentó organizar la unificación de los ferroviarios, apostando a barrer con la división generada, por una parte debido la figura ilegal y fraudulenta del “multirut” utilizada por el grupo Luksic, y por otra, la lógica de la burocracia sindical ferroviaria que actúan como una parte más de la correa patronal que busca atomizar la fuerza de los trabajadores.

Levantar una campaña contra los despidos, en un contexto adverso, sin resistencia por parte de las direcciones sindicales y de la clase trabajadora, no sería una tarea sencilla. Es así que la primera batalla fue luchar contra el sentido común de los empresarios que instalan que despedir es necesario. Que los despidos sea parte de la naturaleza del capitalismo, al ver a las y los trabajadores como un número más dentro de los costos de producción, no quiere decir que tenga que ser parte de la naturaleza de la humanidad tener que adaptarse a la avaricia empresarial.

A través de la política de unidad en la acción se impulsó la coordinación desde el Sindicato Interempresa de FCAB, el Sindicato de Orica y Colegio de Profesores (CDP) Comunal Antofagasta. Una primera coordinación, la “Coordinadora Contra los Despidos y en Defensa de los Trabajadores”, se logró confluir con trabajadores del mundo público y privado, como el Frente de Trabajadores Mineros, el Sindicato de Profesores y Profesionales de la Educación, el Sindicato de Trabajadores a Honorarios, la Coordinadora No + AFP y las Federaciones de Estudiantes de la Universidad de Antofagasta y la Universidad Católica del Norte. Con ella se apostó a amplificar el conflicto en los medios televisivos y radiales. Se realizaron diversas concentraciones fuera de la inspección del trabajo y tribunales; se realizaron acciones de solidaridad como la participación en el paro de 24 horas fuera de la planta de explosivos Orica y los paros docentes contra los despidos y descuentos ejecutados por la CMDS. Así también, se organizó el 1° de mayo, ante la ausencia de la Central Unitaria de Trabajadores, que como veremos no jugaría ningún rol en el desarrollo de los conflictos.

Este primer esfuerzo logró la reincorporación provisoria de Nicolás Bustamante. La empresa contra su voluntad tuvo que dar paso a acatar lo dictaminado por el Juzgado de Letras del Trabajo de Antofagasta.

En este mismo sentido el 4 julio del 2018 la empresa vuelve atacar con 19 despidos en FCAB del área de Mejoramiento de Calidad, donde se encontraba concentrado el activismo y base social del sindicato. Mientras despedía usando la figura de necesidades de la empresa adquiere nuevos proyectos, carros y locomotoras así la empresa apostaba a dar el golpe de gracia al sindicato.

La primera acción fue convocar a una asamblea de despedidos junto a las familias ferroviarias, para discutir e instalar la necesidad de defender los puestos de trabajo y la organización de los trabajadores. Inmediatamente describiendo la situación nacional, el aumento del desempleo en la región que rodeaba el 10%, además que FCAB estaba invirtiendo y contratando en otras áreas, por lo que la empresa podría reubicar a los trabajadores despedidos [3] . Los trabajadores debían decidir si firmar o no el finiquito, y cuál era su disposición de lucha, pues sin ella no habría campaña, por lo tanto no habría combate que dar.

Quienes jugaron el rol central y como motor para luchar en defensa de los puestos de trabajo, fueron las mujeres, compañeras y esposas de los despedidos. Quienes pusieron el acento en las consecuencias y la carga que traería asumir los despidos en un contexto donde el trabajo es escaso, fueron las mujeres trabajadoras quienes mostraron la actitud más decidida de enfrentar los despidos, para no firmar los finiquitos desafiando la presión que significa las responsabilidades y realidad de cada hogar obrero. Es así, que de las 11 familias que fueron parte de la asamblea, 9 tomaron la decisión de enfrentar al grupo económico con mayor influencia económica y política del país. Para poder sostener esta lucha es que se decidió impulsar un fondo de resistencia que permitiría asegurar las condiciones económicas para la vida de los trabajadores y sus familias. Con esto, a diferencia de los otros despidos a nivel nacional, se fusiona la voluntad de los dirigentes del sindicato interempresa (militantes del Partido de Trabajadores Revolucionarios), de los despedidos y las mujeres.

La naturaleza del conflicto: una lucha defensiva con golpes habilidosos

“La forma defensiva de la guerra no es [...] un simple escudo, sino un escudo esencialmente formado por golpes hábilmente dados”

Por las características propias del conflicto del ferrocarril: una patronal intransigente con un enorme poder económico, mientras que el Sindicato Interempresa de FCAB, es uno más de los siete sindicatos dentro de la empresa, divididos por el multirut y una burocracia sindical dentro del ferrocarril totalmente subordinada a los designios y mandato de la empresa.

El enemigo

El grupo Luksic es uno de los centrales grupos económicos del país, unido estrechamente a los partidos políticos sostenedores del régimen chileno. Es la familia más millonaria y con mayor influencia política en Chile, tienen el primer lugar de los más ricos del país con US$16.300 millones, situándose en la posición número 80 del ranking mundial. Ha levantado su imperio económico desde los medios de comunicación, industria alimenticia, combustibles, minería y puertos del país en sus dos filiales principales: Quiñenco S.A. y Antofagasta PLC. Esta última ubicada en una posición privilegiada del patrón de acumulación de la economía chilena basada principalmente en las materias primas como el cobre. Esta poderosa familia cuenta con mineras como Los Pelambres, una de las más grandes del mundo, Mina Antucoya, Centinela y Zaldívar; también cuenta con el monopolìo del transporte del cobre y el ácido sulfúrico, fundamental en el proceso de la obtención del cobre, con su empresa FCAB TRAIN, desde donde también se transportan productos de la minería no metálica como el Litio. Configurando así la principal arteria del movimiento del capital minero en la región de Antofagasta, transportando millones de toneladas anualmente, termina embarcando hacia el extranjero en el puerto de Antofagasta Terminal Internacional (ATI) propiedad de los mismos Luksic.

Su influencia política es de amplio espectro, siendo financista de las campañas tanto de Piñera. Iris Fontbona, matriarca de la familia Luksic, donó $11 millones al candidato, mientras que su hijo Jean Paul Luksic, en tanto, aportó con más de $13 millones. Además aportó a la campaña del magnate neoyorquino Donald Trump 670 dólares (unos 440 mil pesos chileno). También es conocido su vínculo con la Nueva Mayoría en el ya conocido caso Caval, donde entregó un préstamo de 10 millones de dólares a la nuera de Michelle Bachelet, en base a información privilegiada.
El rol de la burocracia sindical

Dentro de FCAB de los seis sindicatos existentes fuera del conflicto. fueron las directivas de los sindicatos; Nacional y el Número 4, agentes directos de la empresa, negándose a la extensión de beneficios para obstaculizar la sindicalización en el interempresa y reproduciendo las amenazas de FCAB contra los trabajadores. uno de los cuatro sindicatos restantes avanzó en una perspectiva unitaria, pero ya finalizando el conflicto.

Asimismo la burocracia sindical del Partido Comunista, que dirige la Central Unitaria de Trabajadores, tuvo una actuación durante todo el 2018 destacada por una tregua claudicante con el gobierno de Piñera, sin acciones nacionales –y cuando las hubieron como el 8N fueron totalmente folclóricas y ceremoniales-, negociando con el gobierno y los salidas a los despidos masivos con el relato de “despidos dentro de la ley”, negociaciones en el parlamento con la oposición, etc.). Aislando y ahogando las luchas de resistencia (Ferrocarril, Portuarios), sin oponerse a los ataques y embestidas de la burguesía y el gobierno.

Así las cosas, los combates de clase durante el 2018 tuvieron una fisonomía de “lucha de montañas”, porque a falta de acción centralizada común y homogénea (huelgas generales, acciones nacionales de envergadura que estuviera al centro la clase obrera), la iniciativa de “cada combatiente” sin planificación central fue la principal reserva material y moral de la clase obrera, teniendo como protagonista a los sindicatos que ponen acento en el combate y en demandas políticas que chocan con el régimen político heredado de la dictadura (por ejemplo los despidos a destajo por el art. 161 avalados en el código laboral). O en el caso de la vanguardia portuaria, a trabajadores combativos que inician una lucha sobrepasando a la burocracia sindical.

En el escenario en el que luchó el Sindicato Interempresa, tenía un posición totalmente defensiva (en minoría); entonces, la cuestión era, desde esta posición, utilizar los elementos defensivos que pasaban por implementar la mayor cantidad de medios activos en la defensa: era la clave de mayor importancia en el conflicto para no renunciar al combate. En este escenario para obtener mejores condiciones para pasar a la ofensiva, se buscó tomar la iniciativa para lograr la unidad en la lucha de las filas obreras y aumentar la defensa frente a los ataques de los empresarios, posibilitando en la experiencia del frente único y alianzas para arrancar a las y los trabajadores de la influencia de las direcciones conciliadoras, buscando la simpatía de miles de trabajadores, estudiantes, la opinión pública y la mayoría de la sociedad.

Disposición al Frente único obrero

Por fuera de toda ilusión fatalista, la tarea de los revolucionarios en los sindicatos está por fuera de toda pasividad en el presente y en las luchas actuales, ningún partido que desee ganarse la confianza de la clase obrera para dirigir en los combate futuros y decisivo puede actuar por fuera de esta afirmación, es decir sería un error suponer que el partido puede prepararse para pasar a la ofensiva sin participar directamente en la lucha de clases, sin entrar en contacto directo con los enemigos y adversarios, así como tampoco la orientación del partido puede caer en esquematismos obtusos de espera pasiva a una situación revolucionaria o de movilización general del movimiento de masas, es por esto que nuestra orientación fue hacer un pequeño ensayo del trabajo de la estrategia en tiempos de paz, sin lucha generalizada del movimiento obrero, ese pequeño trabajo de la estrategia fue decididamente transformar el conflicto del Ferrocarril en una “escuela de guerra” y una lucha de partidos y programas, desde una disposición de frente único obrero y hegemonía.

En este sentido el FUO (frente único obrero) es una táctica elaborada por la Internacional Comunista en sus primeros cuatro congresos, a partir de las formulación de Lenin y Trotsky en base a la experiencia de la revolución rusa, en situaciones en que los revolucionarios son aún minoría dentro de la clase trabajadora y en comparación con otras mediaciones no revolucionarias. Ésta busca impulsar por medio de acuerdos con estas mediaciones –aspecto de maniobra-,la unidad de los distintos sectores de la clase obrera para luchar –aspecto táctico- y en base a esto, y la lucha política, lograr ampliar la influencia de los revolucionarios –aspecto estratégico-. En una máxima: golpear juntos pero marchar separados. Sin embargo, el FUO se mide únicamente en el terreno de las acciones de masa por objetivos de lucha, no –por ejemplo- en el terreno electoral o programático general. Por ejemplo, organizar una marcha “contra los despidos y la contaminación de Luksic” en Antofagasta se hizo a través de la coordinación de sindicatos y otras organizaciones de masas. Lo programático, en ese caso, se restringe a dos aspectos: por esos aspectos se convoca la acción y no fue necesario por ejemplo que quienes participaron, redactaran un “programa país” común.

De esta forma, busca resolver el problema de las reservas estratégicas que es fundamental para el pasaje de la defensa al ataque. ¿En qué sentido? En el sentido de que los sectores que se mantenían en reposo y dirigidos por la burocracia realicen una experiencia con esta poniéndose en movimiento en base a la unidad de las filas obreras para hacerle frente a los ataques de Piñera y los empresarios. No fue una casualidad la práctica unitaria del Sindicato Interempresa durante el conflicto del “Ferro”, buscar la unidad con docentes, buscar la unidad con funcionarios del SII, con trabajadores del sector público. Quienes participamos en esta lucha como militantes intentamos aportar con este elemento táctico heredado de las reflexiones estratégicas de la III Internacional.

Es también por la vía del combate, en la que se forjan los aliados, mostrando disposición y decisión a luchar con un programa que responda a los intereses de los sectores oprimidos por la burguesía, por tanto, conquistar la hegemonía con total independencia de clase.

La coordinación

En toda lucha donde la estrategia del enemigo es liquidar la posición obrera, la cuestión de la relación de fuerzas es una cuestión fundamental, por lo que evitar el aislamiento de la vanguardia del resto de los trabajadores es una necesidad de primer orden.

Frente a esa cuestión de relación de fuerzas, se busco desarrollar la coordinadora contra los despidos y las prácticas antisindicales, intervenimos y tratamos de ligarnos permanentemente a los sucesos de la lucha de clases como lo fueron la intervención de la asamblea de despedidos en el Chuquicamata una de las minas más importantes del mundo, situada en la ciudad de Calama, donde la administración de CODELCO anunció un plan que puede llegar a más de 5.000 despidos entre trabajadores contratistas y de planta por la reestructuración de la mina.

Durante la paralización nacional de profesores el 28 de agosto, La movilización internacional por el aborto el 8A y en múltiples movilizaciones sucesivas en esta ciudad, los ferroviarios han estado presentes, llevando “el aguante” a los otros trabajadores. Confluyeron los sectores en lucha: tuvieron como novedad la participación del Sindicato de Asistentes de Aula de la ciudad de Antofagasta, que viene dando una pelea por unir a los trabajadores y trabajadoras de la educación y contra la precarización laboral; participaron los funcionarios y funcionarias de la ANEF, que están en movilizaciones en repudio a los 250 despidos en el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Estuvieron presentes federaciones estudiantiles y sindicatos que vienen cuestionando el estatuto laboral juvenil en la ciudad de Antofagasta. El 7A marcharon asistentes de aula, funcionarios a honorarios del sector público, ferroviarios y estudiantes.

Desde este espacio también se impulsó el fondo de resistencia, donde los estudiantes de la agrupación Vencer jugaron un importante rol en la universidad con tarreos, consiguiendo aportes y múltiples muestras de solidaridad, también algunos sindicatos solidarizaron con la fuerza que mostraron los trabajadores despedidos y sus familias, se realizaron bingos, rifas, colectas, cientos de personas aportaron, pero los sindicatos mineros de mayor peso de la región, cerraron sus negociaciones con bonos millonarios sin solidarizar con la lucha, como ocurrió en la negociación de minera Escondida, mostrando el límite de estas direcciones sindicales para impulsar la unidad.

Hegemonía de los trabajadores

El problema de la amplificación del conflicto para que no sea aislada la vanguardia no solo comprende la táctica del frente único como se desarrolla más arriba, sino de que se desarrolle un ensayo de hegemonía.

Sustancialmente el problema de la hegemonía plantea que la clase obrera tome como suyas las demandas de todos los sectores oprimidos con los que puede tener intereses concurrentes y que gane dirección en relación con esos sectores a partir de probar su voluntad decidida de luchar por sus demandas y su capacidad de darle una salida estructural a estas necesidades, intrínsecamente ceñidos a la lucha de clases, por ejemplo con los millones que generan los trabajadores del ferrocarril se puede resolver los problemas de vivienda de toda la región, en contraposición a realizar alianzas que concilien intereses entre las clases, es en ese sentido la intervención desde los ferroviarios estuvo dirigida a plantear el problema de la hegemonía obrera, de ahí nació lo que llamamos “chaquetas naranjas y pañoletas verdes” y el problema de la contaminación en Antofagasta. Ahora bien, en el primer caso, el problema no es sólo la unidad con el movimiento de mujeres sino la unidad al interior de las familias obreras con las mujeres.

El gobierno de Piñera tuvo que enfrentar a un movimiento de mujeres, que tuvo como elemento progresivo la activación de cientos de estudiantes a nivel nacional que se movilizaron contra el acoso sexual y por la educación no sexista, lo que estuvo en sintonía con los números hitos internacionales contra la violencia machista como NiUnaMenos y la importante muestra de fuerza de la “marea verde”, que expresó la voz de las mujeres por el derecho al aborto legal en Argentina, y que tuvo eco también en las calles de Antofagasta. Una demanda sentida para las mujeres trabajadoras, estudiantes y pobres- quienes mayoritariamente se ven expuestas a las consecuencias del aborto clandestino- que logró ser tomada por los ferroviarios despedidos y sus familias, quienes junto a Pan y Rosas, marcaron en las calles una diferencia estratégica dentro del movimiento de mujeres, poniendo al centro que la demanda por el aborto legal es una de las demandas sentidas de prácticamente la mitad de la clase trabajadora, por ende, su conquista se logrará de la mano de los trabajadores y no con la exclusión de éstos, como plantea el feminismo separatista. Desde allí es que nace la postal “chaquetas naranjas y pañoletas verdes” y una lección política de lo que queremos construir: la alianza del movimiento de mujeres y la clase trabajadora [4] .

Así también, los trabajadores despedidos del ferrocarril estuvieron a la cabeza en la denuncia de la contaminación en la región, de la cual es responsable en gran medida el grupo Luksic producto del transporte de concentrado de cobre y su acopio en el galpón ATI. Fueron parte de la movilización que se realizó en Mejillones y convocaron a una importante marcha en Antofagasta, enfatizando en la responsabilidad de los empresarios, acompañados por sindicatos como las asistentes de aula, estudiantes y la presencia de Ricardo Díaz, ex-vocero del movimiento #EstePolvoTeMata y CORE por RD.

Destacando el rol de los trabajadores en esta la lucha contra la contaminación empresarial, al ser ellos uno de los más directos afectados, sin embargo al mismo tiempo los trabajadores tienen la potencialidad de paralizar las empresas que contaminan, poniéndolas a producir en función de los intereses del conjunto de la población y no de las ganancias de una pequeño grupo de empresarios, así como se planteó la necesidad de su estatización como una perspectiva para terminar con las prácticas altamente contaminantes [5] . Que tienen a la ciudad de Antofagasta con uno de lo mayores índices de cáncer del mundo, esto en el marco del debate de las zonas de sacrificio y de la importante crisis abierta en Quintero - Puchuncavi.

Contraria a esta idea de unidad y hegemonía de las y los trabajadores, para el Frente Amplio, cada tema era un problema aparte, con centro en lo judicial en cuanto al medio ambiente y en el trámite puramente legislativo en cuanto a la lucha por el aborto, que en realidad terminaron por rebajar la demanda por el derecho al aborto legal a un proyecto de despenalización. Su estrategia no busca unificar las fuerzas de mujereS estudiantes y los sectores populares, de los activistas ambientales, para enfrentar a Luksic y el gobierno.

El problema de la represión al pueblo mapuche y el fallo de la Haya

Dos importantes ofensivas del gobierno de Piñera, el primero fue el fallo de la Haya donde buscó instalar un clima xenófobo, con discursos discriminatorios reproducidos localmente por la alcaldesa Karen Rojo, contra esta división entre los trabajadores chilenos y extranjeros, contra ese clima de “unidad nacional” cuando los verdaderos dueños del mar en chile son siete familias, en ese clima contracorriente los despedidos del ferro salieron a plantear la necesidad de la unidad de los trabajadores independientemente de su nacionalidad, lo que significa un pequeño avance en la conciencia, frente al sentido común xenofobico que el gobierno quiere imponer, en especial en regiones como antofagasta con una alta tasa de inmigración.

La otra ofensiva fue del gobierno contra el pueblo Mapuche y ante el asesinato de Catrillanca, hecho repudiado a nivel nacional, donde sectores de la juventud paraliza universidades en solidaridad al pueblo mapuche y contra la militarización de la Araucanía. Desde la coordinación se convocó a marchar a lo cual se sumaron importantes sectores de la juventud, denunciando la represión, el fin a la militarización de la Araucanía, el derecho a la autodeterminación del pueblo Mapuche. Es decir contra toda forma aislada de luchar, cada causa justa que permitiese enfrentar al gobierno y los empresarios era también una bandera de los trabajadores despedidos.

Conclusiones y contradicciones

Fueron seis meses de una intensa resistencia, frente a una patronal intransigente que durante el desarrollo del conflicto apostó al desgaste de los ferroviarios despedidos y sus familias de múltiples formas, donde la inestabilidad económica comenzó a golpear más fuerte, por lo que la alternativa de retroceder ordenadamente y firmar finiquitos fue una discusión central para la asamblea.

Al mismo tiempo, se debía llegar a una comprensión común de que esto no se debía sólo a una cuestión de voluntad y disposición de combate del despedido y su dirección, sino también de analizar el conjunto de la situación política nacional, de la lucha de clases ausente, el crítico estado del fondo de lucha y las condiciones internas del ferrocarril.

Si sólo dependiera de la voluntad y la disposición de combate, esta batalla se habría ganado desde un principio, donde las calles fueron el centro de gravedad: 10 cortes fuera de las puertas del FCAB, las más de tres horas impidiendo el paso del tren hacia al puerto afectando la producción, marchas en el centro de la ciudad enfrentando la represión de carabineros y el protagonismo en decenas de movilizaciones como se describe más arriba.

Hubo conquistas parciales: la “renuncia” del gerente de RRHH Jorge Bustos, la expansión del sindicato hacia áreas estratégicas del ferrocarril, y el Cuerpo de Delegados junto al sindicato n°3 de FCAB y una primera victoria con el fallo del multirut a favor del sindicato en tribunales.

Pero para abrir esa brecha y golpear al enemigo en su centro de gravedad había que convertir la lucha contra Luksic en la lucha contra el gobierno de Piñera, es decir en una lucha nacional. Pero el rol de las direcciones oficiales del movimiento obrero y estudiantil fueron un límite para este desarrollo y el de los combatientes.

Por un lado, la CUT -dirigida por el Partido Comunista-no jugó ningún rol en todo el conflicto ni siquiera aportó al Fondo de Lucha; el Colegio de Profesores dirigido el Frente Amplio o el gran organismo estudiantil como la ConFeCh no pasaron más allá de las declaraciones en apoyo y aportes mínimos. A pesar de que los ferroviarios despedidos y los trotskistas tuvimos una política activa de desarrollar contra todo sectarismo el frente único con los organismos de masas, incluso viajando a la Conferencia en Santiago de la CONSTRAMET o al CONFECH en Iquique, pero sus direcciones renunciaron a llevarlo adelante.

Por su parte el Frente Amplio y toda su bancada parlamentaria, la de los “movimientos sociales” enfrascados en la parlamentarización, no pasaron de los saludos a ocupar sus tribunas para fortalecer la lucha de los trabajadores en las calles contra los despidos como tampoco poner su dieta parlamentaria a disposición del Fondo de Lucha, como lo hizo el diputado de los trabajadores Nicolás Del Caño del PTS en el Frente de Izquierda y de los trabajadores de Argentina [6] .

Dada estas condiciones, el FCAB de Luksic volvió a dar un giro buscando aislar y liquidar el sindicato interempresa: traspasó parte de la base sindical de una empresa de fantasía a otra para abrir la puerta a la burocracia sindical proempresa a disputar la base del sindicato ofreciendo dinero por cambiarse de sindicato; respondió a través de la burocracia sindical las demandas que durante todo el año denunciamos como la polifuncionalidad a cambio de bonos y el cambio de turno en el patio logístico.

Esta jugada permitió a la empresa buscar instalar un ambiente de mayor conformismo o conservadurismo en sectores ferroviarios, impidiendo la unidad de los trabajadores y haciendo retroceder lo conquistado como sindicato, lo que nos plantea nuevos desafíos y dar nuevos giros en la organización de la clase obrera ferroviaria.

Para entender el significado de la lucha de FCAB, conviene hacer un contrapunto con la reciente lucha portuaria. La primera tuvo como clave la fusión de un sector de trabajadores y mujeres trabajadoras dispuestas a luchar con militantes revolucionarios del PTR; en cambio en Valparaíso la lucha portuaria se trató de un proceso de lucha de clases con importantes niveles de espontaneidad y con impacto nacional (cuestión que no logró la lucha de FCAB): el motor inmediato de la lucha fue el hambre por no tener turnos los portuarios. La unión con el movimiento estudiantil fue un importante factor de politización en la propia vanguardia de lucha portuaria. Ahora bien, al no tratarse de un proceso de fusión, a diferencia de FCAB donde una parte importante de las y los protagonistas de la lucha avanzó a la militancia revolucionaria, en Valparaíso, aún persiste una vanguardia de lucha que paralizó contra las listas negras; pero la amenaza de Von Appen de desestructurarla con las listas negras, puede implicar que la conservación de esta experiencia para nuevas luchas en el puerto y otros sectores del movimiento obrero y estudiantil, sea más compleja.

Formar Partido

El PTR fue dirección en este conflicto, como dirección del sindicato orientó para enfrentar con determinación al grupo Luksic, pues la concepción del PTR es apostar que surja una vanguardia de combate y clasista, independiente de lo pequeño o grande del conflicto, estos se deben enfrentar con determinación para enfrentar los grandes grupos económicos y sus gobiernos. Estos combates son los que harán ganar peso entre las masas trabajadoras a una alternativa contra la explotación capitalista que se traduce inevitablemente de miserias como los bajos salarios, el desempleo, la precarización, etc.

A pesar de la derrota sindical que significa no haber logrado la reincorporación de los despedidos a sus puestos de trabajo, los trotskistas del PTR desplegamos todas nuestras energías y fuerzas militantes que tenemos a disposición. Porque bajo nuestra concepción construir partido, un partido de combate para los explotados y oprimidos somos los últimos en retroceder y abandonar la batalla dado los factores desarrollados en este balance, porque queremos y tenemos la convicción de prepararnos para los grandes combates.

En la combinación de convertir cada batalla por muy pequeña que sea en una “escuela de guerra”- que no es la guerra misma- que no sólo permita a la clase trabajadora reconocer, medir su capacidad, y la propia fuerza con la del enemigo -los capitalistas y sus gobiernos- sino también forjar a las y los mejores dirigentes obreros combatientes de su clase, que se preparen para los momentos de ascenso de la lucha de clases como dirigentes de la revolución obrera y socialista.

A la vez esta escuela, ha traído conquistas políticas importantes, como lo es el abrir un camino a conquistar “tribunos populares” que no sólo expresen lo más sentido por la clase obrera y los sectores populares, sino que también permita construir un puente con un programa anticapitalista que sea revolucionario de los trabajadores, las mujeres y la juventud en miras a conquistar un gobierno de los trabajadores, lo que también se expresó en que esta batalla conquistó una nueva camada de trabajadoras y trabajadores que decidieron abrazar un programa revolucionario por la emancipación de la humanidad y expropiar a los capitalistas.

 
Izquierda Diario
Síguenos en las redes
/ Laizquierdadiariochile
@lid_chile
www.laizquierdadiario.cl / Para suscribirte por correo, hace click acá