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REFORMA LABORAL
¿Por qué es una farsa la “jornada laboral de 4 días a la semana” presentada por Piñera?
Fabián Puelma | Santiago de Chile

El gobierno y los grandes empresarios quieren engañar a los trabajadores. Juegan comunicacionalmente con la idea de reducción de la jornada laboral y de libertad de elección de los trabajadores. Es una farsa. Que no caiga ningún despistado.

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La pauta de prensa usada para hacer marketing de la reforma laboral presentada por Piñera este 2 de mayo, aseguraba que con este proyecto de ley los trabajadores podrían pactar jornadas laborales de 4 días a la semana. El titular fue replicado por los principales medios de comunicación. Se trata de una farsa en todo sentido.

La farsa consiste en suponer que, ya que se flexibilizan las limitaciones legales que hoy día existen sobre jornada laboral, los trabajadores podrán “pactar” libremente diversas modalidades para compatibilizar trabajo y familia. Para explicarlo, partamos por el margen legal que hoy día existe. Actualmente la regla general es que la jornada no puede exceder de 45 horas semanales, ni distribuirse en más de 6 ni menos de 5 días a la semana. La pregunta que salta es, ¿pueden hoy los trabajadores pactar libremente si trabajan 5 o 6 días a la semana?

En el papel sí, pero cualquier trabajador sabe que en la mayoría de los casos esto es imposible. Es el empleador quien pone las condiciones, y el trabajador debe optar entre aceptarlas o quedar sin ese trabajo. Con la reforma de Piñera esto se mantiene incólume, entonces ¿cuál es la diferencia? Con la ley presentada por el gobierno serán los empleadores, no los trabajadores, quienes tendrán un abanico más amplio de opciones para elegir las jornadas que más beneficios le reporten.

Como era de esperar, los representantes de los grandes empresarios, Alfonso Swett, presidente de la CPC, y Bernardo Larraín Matte, presidente de la Sofofa, salieron a celebrar el debate. Ellos y el gobierno quieren engañar a los trabajadores, jugando comunicacionalmente con la idea de reducción de la jornada laboral y de la “libertad” de elección de los trabajadores. La verdad es clara: no hay una reducción de la jornada laboral ni mayor libertad. Como decíamos ayer, el corazón de la reforma es que las llamadas "jornadas excepcionales" que hoy existen, puedan aplicarse a cualquier trabajador a favor de los empresarios.

La idea es que los trabajadores no puedan decidir nada

Como decíamos, si la modificación de la jornada laboral depende de una negociación individual entre una trabajadora o trabajador con su jefe, entonces quien decide es el empleador. ¿Y qué pasa con la negociación colectiva?

No olvidemos que el modelo laboral impuesto por la dictadura, cuyos pilares siguen vigentes, busca restringir lo mayor posible el poder de los trabajadores, debilitando y fragmentando los sindicatos. La idea es que los trabajadores no puedan decidir nada. Pero tampoco convenía dejar todo al libre arbitrio de los empresarios, porque eso podría incentivar la acción directa de los trabajadores (la autotutela como lo llaman los abogados). Por eso establecieron abultada regulación legal de las relaciones laborales, tanto en el ámbito colectivo como individual.

Una de estas limitaciones y expresiones de este regulacionismo contra los trabajadores, son las normas que redujeron la negociación colectiva básicamente a discutir remuneraciones, excluyendo explícitamente cualquier materia que “restrinja o limite la facultad del empleador de organizar, dirigir y administrar la empresa y aquellas ajenas a la misma”. Entre estas facultades se encuentra, por supuesto, establecer la jornada laboral.

La reforma laboral de Bachelet incluyó los llamados “pactos de adaptabilidad”, permitiendo a los empleadores y sindicatos pactar jornadas semanales de cuatro días de trabajo por tres de descanso y trabajo a distancia en ciertos casos. La trampa es que estos pactos no se sujetan a las normas de la negociación colectiva reglada, por lo tanto, los trabajadores no tienen derecho a huelga. De nuevo: la decisión queda entregada a los empresarios. Justamente fueron ellos, con la derecha y la Democracia Cristiana, quienes presionaron a favor de la “adaptabilidad” como una vía para introducir mayor flexibilidad laboral.

La reforma de Piñera va más allá, porque las materias propias de los pactos de adaptabilidad ya no serán monopolio de los sindicatos, sino de los empleadores. También permite definir jornadas semestrales y anuales, y en los lugares donde no hayan sindicatos, la propuesta de la empresa deberá definirse por “la mayoría absoluta de los trabajadores” (es cosa de recordar cómo funcionaban los “grupos negociadores” para saber lo que significa esto).

¡A no engañarse con el marketing! La reforma de Piñera busca flexibilizar y debilitar el poder de los trabajadores. Necesitamos derrotar las reformas del gobierno en las calles.

 
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