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31 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

NACIONAL
¿Constituyente de la cocina o Asamblea Constituyente Libre y Soberana?
Fabián Puelma | Santiago de Chile

Los partidos del régimen preparan un nuevo fraude histórico con un proceso constituyente tramposo. En un momento donde la derecha hará campaña del terror para defender la Constitución de Pinochet, y la oposición hará demagogia para embellecer la trampa de la cocina; es fundamental tener una posición independiente para luchar por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana realmente democrática.

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A casi dos meses de sellado el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, hoy el conjunto de los partidos del régimen se están preparando activamente para participar del cronograma constitucional pactado con la derecha. Desde Chile Vamos, en donde la mayoría de los parlamentarios de la UDI y RN están articulando la campaña por mantener la Constitución impuesta por ellos mismos a punta de fusil durante la dictadura; hasta la oposición, en donde los partidos de la ex Concertación, el Partido Comunista y el Frente Amplio alistan sus propios comandos electorales de cara al plebiscito de abril, como el que anunciaron las juventudes del PC y el PH.

Mientras tanto, ya van más de tres meses de movilizaciones y ninguna de las demandas por las que millones nos levantamos en todo Chile, y por las que casi 30 compañeros y compañeras dieron su vida, han sido resueltas. Mientras las AFP siguen intactas y nuestros abuelos siguen trabajando hasta la muerte por las bajas pensiones, Piñera anunció una reforma previsional que le sigue entregando millones a los especuladores y los grandes grupos económicos. Mientras nuestros enfermos se siguen muriendo en las listas de espera, el gobierno propone una reforma a Fonasa que le sigue dando millones a las clínicas privadas. El sueldo mínimo sigue en 300 mil pesos. El agua sigue privatizada.

Lo que sí avanzan son las medidas represivas, como la “ley anti protestas”, el fortalecimiento de Carabineros y las querellas contra quienes nos movilizamos, como la persecución a nuestro compañero Dauno Totoro y ahora los dirigentes de la ACES y decenas de secundarios que se movilizaron contra la PSU. Mientras cientos de manifestantes siguen en prisión preventiva, los que asesinaron, mutilaron, torturaron y violaron gozan de completa impunidad. No hay duda, la campaña por la paz está basada en la impunidad, el negacionismo y la represión.

Esta política de provocación, sería insostenible si es que el gobierno no contara con la válvula de escape que significa el proceso constituyente. No olvidamos que el “Acuerdo por la paz y la nueva Constitución” fue negociado en tiempo récord luego de que el 12 de noviembre las y los trabajadores protagonizaran la huelga general más importante desde la caída de la dictadura. Fue fruto de esta fuerza que Piñera quedó en el aire. Y fueron partidos de todos los sectores, desde Chile Vamos hasta el Frente Amplio, quienes acudieron a su auxilio.

Luego del 12 de noviembre, el Partido Comunista junto con quienes dirigen el llamado bloque sindical de Unidad Social como Mario Aguilar del PH y Luis Mesina aseguraron una verdadera tregua al gobierno al no darle continuidad a la huelga general. Renunciaron a la lucha por Fuera Piñera y se sentaron a negociar en secreto con el gobierno. Así permitieron que el desvío del “Acuerdo” se asentara.

Pero Chile despertó. Hoy son millones las y los trabajadores que no están dispuestos a vivir como antes y seguir aceptando los abusos a los que nos quisieron acostumbrar. Millones de jóvenes no descansaremos hasta que haya juicio y castigo a los represores. Millones de mujeres ya no están dispuestas a seguir aceptando la violencia de género estructural de este sistema capitalista y patriarcal. Tenemos la fuerza; hay que unificarla, coordinarla y ponerla en movimiento. Pero para esto hay que plantearse claramente los objetivos y enfrentar las trampas que nos ponen los grandes empresarios y sus políticos.

El proceso constitucional tramposo es un nuevo fraude histórico

Hoy estamos en una encrucijada. Los poderosos quieren que todo el esfuerzo, sacrificio, entrega y energía con la que millones de jóvenes, mujeres y trabajadores impulsamos una de las rebeliones más importantes de la historia de Chile, sirva de moneda de cambio para relegitimar su dominación con una nueva Constitución que no derribe los pilares fundamentales del Chile neoliberal heredado de la dictadura, profundizado por la derecha y la Concertación. Quieren cambiar algo para que nada cambie. Un nuevo fraude histórico.

Para esto diseñaron un proceso constituyente absolutamente tramposo. El “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” no sólo fue firmado entre gallos y medianoche, sino que le entrega poder de veto a la derecha. No es casual que la UDI pusiera como condición para firmar, que en la llamada “Convención Constitucional” un tercio de los representantes pueda frenar la votación de cualquier artículo de la nueva Constitución. Junto con esto, el método de elección de dichos representantes a la medida de los partidos tradicionales, asegura que la derecha tenga ese porcentaje y poder de veto. Por otra parte, los partidos de la cocina acordaron de antemano que la Convención no podrá modificar los tratados internacionales vigentes, asegurando que los tratados de libre comercio por los que Chile está sujeto a los grandes monopolios transnacionales y los intereses del imperialismo, sigan intactos. Para colmo, el proceso constitucional prohíbe la participación de las y los estudiantes secundarios, que son quienes iniciaron la rebelión.

En la calle cuestionamos todo porque queremos decidirlo todo. Este proceso es lo contrario. Una trampa que será tutelada por los grandes empresarios y sus políticos para asegurar que los pilares de esos treinta años se mantengan en pie.

Los partidos del Frente Amplio dicen que es un avance porque obligaría a discutir una “Constitución mínima” para luego poder hacer modificaciones legales. ¿Pero en qué movilización se planteó la demanda de una Constitución pactada, que deje en pie todo el entramado institucional y económico heredado de la dictadura? No es por esto que hemos dado todo en la calle. El Partido Comunista y los partidos que rompieron con el Frente Amplio apuestan a mejorar el acuerdo en el parlamento con movilizaciones de presión, pero no dicen que para eso se necesitan los votos de la derecha en el Senado, la misma que está haciendo campaña por mantener la actual constitucional.

Ahora dicen que el plebiscito es una oportunidad histórica, porque se podrá poner fin la Constitución de Pinochet. Pero no dicen que en la papeleta no está la opción de una verdadera Asamblea Constituyente sin veto de la derecha. En el plebiscito nos preguntan todo, menos lo fundamental. ¿Vamos a aceptarlo como hecho consumado porque una cocina cerrada y un parlamento totalmente ilegítimo así lo definieron? Además los estudiantes secundarios no podrán siquiera participar. ¿Cómo va a ser democrático un plebiscito así? Ahí solo vamos a poder decidir el mecanismo en que luego el pueblo no podrá imponer su mayoría a una minoría insignificante como es el puñado de familias que gobiernan Chile. La calle ya habló, y fuimos millones. La idea de barrer con la Constitución del 80 es apoyada por una aplastante mayoría de la población.

Es por esto que para conquistar una Asamblea Constituyente realmente libre, donde podamos discutir todo sin limitaciones; realmente soberana, en donde no haya ningún poder del Estado que esté sobre ella, sin vetos y sin la tutela; y realmente democrática, en donde puedan participar los mayores de 14 años, con representantes electos cada 20 mil electores, que sean revocables y ganen lo mismo que un trabajador calificado; no hay otro camino que enfrentar la trampa de este proceso constitucional a través de la movilización popular e imponer una salida democrática favorable a los trabajadores y el pueblo.

En un momento en donde la derecha hará campaña del terror para defender la Constitución de Pinochet, y la oposición aprovechará de hacer demagogia para embellecer la trampa de la cocina; es fundamental tener una posición independiente, que partiendo por hablar con claridad, de cara a los trabajadores y el pueblo, denuncie la trampa que significa el proceso constitucional de la cocina y plantee la necesidad de enfrentarla, utilice todas las vías para impulsar una campaña por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana, planteando la necesidad de un plan de lucha para conquistarla.

Nuestra lucha no es resistir, sino triunfar

Hay muchos que honestamente tienen la expectativa de lograr cambios a través del plebiscito y la Convención Constitucional, presionando desde la calle para introducirle mejoras. Creemos que a todos ellos nos debemos dirigir para explicar las trampas del proceso constituyente de la cocina y el callejón sin salida que significa, para proponernos impulsar una campaña por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Pero también hay muchos que al ver la trampa de la cocina, optan por el abstencionismo y ven como salida el mantener los enfrentamientos con la policía y los métodos de la revuelta sin una clara estrategia para vencer. El gobierno y Carabineros son quienes empujan a una guerra de desgaste en las poblaciones y en lugares como Plaza Dignidad, para que nuestra fuerza se disperse, buscar poner a sectores de la población contra la juventud combativa y así justificar la represión.

Todo mientras los partidos del régimen y las cúpulas sindicales avanzan día a día en pavimentar el callejón sin salida de la trampa constitucional. No puede ser que la “primera línea” ponga los muertos, los heridos, mutilados, torturados para que otros definan a nuestra espalda el destino de lo que la calle ha protagonizado.

Mantenernos en una guerra de desgaste sin salida es funcional a esta estrategia. El estallido y la revuelta por sí solas no son suficientes. Si no nos proponemos enfrentar la trampa constituyente para imponer una salida realmente democrática y favorable a la clase trabajadora y el pueblo, nuestra lucha y resistencia será impotente frente a un nuevo fraude histórico.

Y para esto debemos golpear donde le duele a los grandes empresarios. Nunca se nos puede olvidar que fue el 12 de noviembre, cuando se mostró la fuerza de la clase trabajadora a través de la huelga general y se unificó masivamente con la juventud y el pueblo en la protesta popular, es que temblaron los dueños del país. Si queremos triunfar, tenemos que retomar ese camino.

Ningún “golpe de efecto”, por más radical que sea, podrá siquiera acercarse a esa fuerza social. Mucho menos si esas acciones arriesgan la unidad entre la juventud, la clase trabajadora y los pobladores. Acciones como el boicot por fuera de una discusión y deliberación democrática desde las asambleas, organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales, y que sean parte de un plan de lucha con un programa para vencer, son estériles.

No hay nada que pueda sustituir la fuerza de la clase trabajadora, la gran mayoría del país, en alianza con la juventud, las y los pobladores, el movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil. El único camino es que la clase trabajadora pase a primera línea y una su fuerza con la de la juventud, el movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil y el pueblo mapuche.

Un programa de urgencia para resolver las necesidades del pueblo trabajador

El anhelo de la aplastante mayoría que quiere enterrar la constitución de Pinochet, es acabar con los treinta años de herencia de la dictadura de este Chile gobernado por un puñado de familias que se enriquecen a costa de la mayoría. La campaña por el “rechazo” a la nueva constitución que organiza la mayoría de Chile Vamos sólo muestra que los grandes empresarios defenderán con uñas y dientes sus intereses, y que vetarán cualquier medida que ponga en cuestión su poder.

A ellos debemos responderle fuerte y claro: ¡no aceptaremos migajas para que luego de una de las rebeliones populares más importantes de nuestra historia, volvamos a nuestras casas a ver cómo nuestros padres y abuelos siguen trabajando hasta la muerte y muriéndose en listas de espera para llenarle los bolsillos a los dueños de Chile!

Nuestra lucha es por acabar de una vez por todas con las malditas AFP y por un sistema de reparto solidario gestionado por trabajadores y jubilados. Por una salud pública de calidad, con acceso universal y sin subsidios a los mercaderes de la salud. Por salarios dignos, igual a la canasta básica familiar. Por la reducción de la jornada laboral para no seguir dejando la vida en el trabajo, y por repartir las horas de trabajo con los cesantes para que todos puedan trabajar. Por acabar con toda forma de precarización laboral, como lo es el subcontrato y la flexibilización. Por plenos derechos reproductivos y por el aborto legal, libre, seguro y gratuito. Por acabar con la PSU y que todo el que quiera estudiar, pueda hacerlo de manera gratuita y en la educación pública.

Dicen que no hay plata, que debemos ser responsables. Y claro, si nuestras riquezas están en manos de transnacionales que saquean nuestros recursos y se los llevan del país. Para financiar todos nuestros reclamos hay que nacionalizar los recursos estratégicos y que estén bajo gestión de los propios trabajadores y comunidades en beneficio de todo el pueblo trabajador.

Plan de lucha para preparar una gran huelga general de cara al 8 de marzo

Para retomar el camino del 12 de noviembre y conquistar una Asamblea Constituyente realmente democrática, libre y soberana; por el juicio y castigo a los represores y por un programa de urgencia a favor del pueblo trabajador, necesitamos un plan de lucha y preparar desde ahora una gran huelga general de cara al 8 de marzo.

La posición oficial de Unidad Social es la de rechazo del “acuerdo por la paz” y por una Asamblea Constituyente libre, soberana, paritaria y plurinacional. Sin embargo, sus principales dirigentes y el Partido Comunista que encabeza la CUT, en vez de plantear un plan de lucha coherente para conquistarla, concentran sus energías en hacer campaña por la Convención Constitucional. ¿Renunciarán a la pelea por la Constituyente soberana tal como lo hicieron con la lucha por el fuera Piñera?

Llamamos a todas las organizaciones que conforman Unidad Social a ser consecuentes con su programa de Asamblea Constituyente libre y soberana y organizar un plan de lucha para conquistarla, partiendo por preparar una huelga general de cara al 8 de marzo, como resolvió el II Encuentro Plurinacional de las que luchan, organizada por la Coordinadora 8M. Huelga general para enfrentar la trampa constituyente, exigir una Asamblea Constituyente realmente libre y soberana, por el juicio y castigo a todos los represores y por un plan de emergencia que parta por el fin a las AFP, por salario mínimo de $ 500.000 pesos, entre otras medidas.

El movimiento de mujeres puede ser un enorme factor para que entre a la escena la clase trabajadora, en la medida de que impulse asambleas en cada lugar de trabajo, estudio y territorio para preparar una huelga general productiva y reproductiva, haciendo un llamado a las principales organizaciones sindicales y estudiantiles a impulsarlas en común.

Las movilizaciones contra la PSU y el apoyo a la demanda de poner fin a esta prueba estandarizada que funciona como un filtro de clase, muestran que el movimiento estudiantil puede jugar un importante papel como lo demostró el 2011. Para esto es indispensable que retome su tradición asamblearia y de movilizaciones masivas y evitar acciones que generen divisionismo. El boicot a la PSU sólo puede ser efectivo si es una acción de masas, organizadas desde las asambleas y organizaciones estudiantiles, en el marco de un plan de lucha que plantee objetivos claros. De lo contrario, se reducen a hitos de las conducciones, ya sea a la política de la dirección de la CONES que es ser el comando juvenil de la Convención Constitucional, o al abstencionismo político de la ACES que no ofrece una alternativa por izquierda al reformismo del PC y el Frente Amplio.

Por eso, para este 27 y 28 de enero, día en que se rendirán las pruebas faltantes, la ACES, la CONES, el CONFECH y el Colegio de Profesores deben convocar a una movilización común para poner fin a la PSU y por el ingreso irrestricto a la universidad, como parte de un plan de lucha unificado.

En este escenario, se vuelve fundamental fortalecer las instancias de autorganización de trabajadoras, trabajadores, estudiantes, pobladores. Las coordinadoras, comités de emergencia, asambleas territoriales y populares, no pueden ser ni apéndices de la trampa constitucional, ni tampoco instancias testimoniales sin perspectiva política. Ejemplos como el Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta que organizó una actividad de fin de año en donde participaron más de 400 personas, convocadas por sindicatos como la Unión Portuaria de Antofagasta, la coordinadora No+AFP, el Colegio de Profesores, organizaciones de DD.HH, artísticas y estudiantiles, son puntos de apoyo para avanzar a coordinar sindicatos, organizaciones territoriales, estudiantiles, de mujeres, que partiendo por rodear de solidaridad cada lucha, sean la base para articular un plan de movilización nacional, preparar la huelga general de cara al 8M y luchar por una Asamblea Constituyente libre y soberana.

Sólo si se desarrollan poderosas coordinaciones de este tipo, se podrá garantizar la convocatoria a una Asamblea Constituyente libre y soberana, enfrentar la resistencia que desplegarán los empresarios a las decisiones que tome, y perspectiva avanzar a un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo.

 
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