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A 111 años. La masacre de la Plaza Colón de Antofagasta y sus lecciones históricas

El 6 de febrero de 1906 en Antofagasta, los obreros ferroviarios protagonizaron, junto a otros gremios de trabajadores, una de las huelgas más importantes para la historia del movimiento obrero. Las Guardias Blancas desataron una masacre. Es nuestro propósito que todas las y los trabajadores conozcan esta historia.

Lunes 6 de febrero de 2017 | 13:56

¿Qué hace a esta huelga tan poco conocida en nuestra historia?

Una estricta censura aplicada al final de la huelga y la masacre que incluyó censura telegráfica, suspensión de circular los periódicos locales, todo esto ayudo a desinformar y generar rumores, sin embargo no se pudo silenciar la tragedia ocurrida en la Plaza Colón.

El despertar de los trabajadores

No podemos entender los hechos ocurridos en febrero de 1906, sino sabemos acerca de la época que atravesaba el mundo en esos años. Los trabajadores de todo el mundo se levantaban y se organizaban contra la explotación.

El 9 de enero de 1905 en Rusia, huelgas masivas terminaron en una insurrección obrera, que abrió una crisis política que puso en jaque la monarquía zarista. Esta fecha recordada como “el domingo sangriento” es parte impulsora de un ascenso en el movimiento obrero internacional.

En EE.UU., la radicalización de sectores del movimiento obrero dio lugar ese mismo año a la organización del sindicalismo combativo, con la fundación de los I.W.W. Por otro lado, Rosa Luxemburgo escribe su importante libro titulado “Huelgas de masas, el partido y los sindicatos” que a partir de 1905 se convirtió en una práctica de todos los obreros del mundo. Ese mismo año, en Chile, se desarrolló la huelga de la carne en Valparaíso que terminó con la semana sangrienta en Santiago, mientras que en forma paralela en Latinoamérica se desarrollaron masivas huelgas en ciudades como Buenos Aires, Sao Paulo y Guayaquil.

Antofagasta, enero 1905.

Los obreros de la empresa Ferrocarril de Antofagasta levantaron una huelga el 16 de enero de 1905, a raíz de las medidas tomadas por la administración que apuntaban a vigilar a los operarios y la cancelación de los salarios 3 días después de la fecha de pago. El presidente de la república Germán Riesco envió un telegrama a la autoridad provincial que decía “indispensable mucha firmeza para mantener orden y respeto. Diga si cuenta con fuerzas necesarias para toda eventualidad”.

Toda esta organización de los trabajadores fue gestada en la Mancomunal obrera de Antofagasta, ahí existían corrientes obreras: anarquista que dirigían la Mancomunal y por otro lado también existía una influencia socialista, aquí también intervino Luis Emilio Recabarren, quien venía desplegando una ofensiva en la pampa salitrera desde 1904. Un impreso de la Mancomunal de obreros en octubre de 1904 señalaba: “Luis Emilio Recabarren que con su fe y energía nos alienta a través de los cerrojos de una cárcel.

Escuchemos la palabra enérgica de este noble obrero y entonces llevando en nuestra imaginación sus ejemplos, marchemos a unirnos y que no quede ni un solo trabajador en la pampa que no haga causa común”. Es por eso, que a Recabarren se le imputó haber agitado los ánimos de los obreros en Antofagasta de 1906, quien incluso fue elegido diputado por Antofagasta ese mismo año, pero finalmente despojado de su cargo por no invocar el nombre de Dios durante el juramento cámara de diputados.

La huelga que protagonizaron los obreros ferroviarios de Antofagasta, y a la que adhirieron otros sectores de trabajadores en febrero de 1906, significó afectar directamente a los bolsillos de capitales extranjeros, lo que puso en riesgo el resguardo de los intereses del Estado. La inmensa solidaridad entre trabajadores despertó el temor en los comerciantes y extranjeros europeos, que activaron a sus guardias blancas. También las autoridades políticas rápidamente recurrieron a las FF.AA para asegurar la producción, la tranquilidad y paz ciudadana.

Entre la euforia del crecimiento y el temor a los obreros

1906 fue un año de gran desarrollo obrero ya que desde el puerto, el ferrocarril y el salitre se encontraban en sus mejores tiempos antes de la crisis económica mundial.

Existían fuertes intereses estatales volcados para que este desarrollo siguiese aumentando y mejorando la calidad de vida de los sectores acomodados quienes se enriquecían a costa de la fuerza productiva de los trabajadores día tras día. A pesar de estar en un momento de crecimiento económico, la realidad de las y los trabajadores era precaria, no tenían derechos laborales y no recibían ninguna mejora.

Sin embargo, la misma carestía de la vida y los abusos patronales hicieron que los y las trabajadoras se organizaran, defendieran y enfrentaran a sus patrones organizados en las Mancomunales desde donde empezaran a denunciar a través de la prensa sus condiciones laborales. Esto influyó en la construcción de una identidad obrera con conciencia de clase, es decir que los intereses de los trabajadores no son los mismos intereses que los intereses de los capitalistas.

Solidaridad obrera

El 29 de enero de 1906 los obreros de las principales empresas y compañías de la ciudad, dirigidos por el Comité de huelga y la mancomunal obrera de Antofagasta presentaron un petitorio para que se otorgase una hora y media para almorzar. Todas las empresas accedieron, excepto el F.C.A.B. Empresa del ferrocarril Antofagasta a Bolivia, que se opuso a prolongar el tiempo para almorzar. La terquedad de la empresa inglesa ante tan justa demanda despertó una gran solidaridad obrera principalmente por parte de los lancheros y los operarios de la Fundición Orchard.

El día 5 de febrero el gobierno traslado el crucero “Blanco Encalada” a Antofagasta y el gobierno provincial permitió la formación de la “Guardia Blanca” planteada por dueños de tiendas, clubes y colonias extranjeras. El gerente general de F.C.A.B. adquirió rifles y armó a los extranjeros para enfrentar la huelga.

El comité de huelga fijó un Mitin para el día 6 de febrero en la Plaza Colón, una plaza que simboliza los poderes políticos y eclesiásticos, también centraliza los bancos y en la época los clubes sociales de la burguesía.

El día del Mitin

Se reunieron 3.000 huelguistas, el 10% de la población Antofagastina de la época, es decir 1 de cada 10 antofagastinos estuvo ahí.

Las y los manifestantes estaban rodeados por una fuerte presencia militar: por calle Washington estaba la marinería del Blanco Encalada; en calle Sucre se encontraba el destacamento del “Esmeralda”; la calle San Martín tenía la Guardia Blanca; y por Prat la policía resguardaba la intendencia. Sin embargo esta situación no logro alterar el espíritu de los manifestantes que escuchaban atentos los discursos de miembros del comité de huelga. Luis Emilio Recabarren también con sus palabras fortaleció la moral de los manifestantes.

En un telegrama el coronel Ledesma agrega que los discursos subversivos e incendiarios produjeron verdaderamente la excitación del pueblo. El periódico El ferrocarril el 11 de febrero de 1906 también hace alusiones a su candidatura y arremetió contra su agitación la cual había causado graves desórdenes. También solidarizó con la huelga la importante feminista nortina Elisa Zurita, periodista y agitadora de obreros que no podía no estar en esta importante huelga.

La iglesia y el Estado responsables de una masacre

El intendente Satelices acorralado y temeroso del poder los trabajadores solicita al vicario apostólico Luis Silva Lezaeta y al Coronel Ledesma se dirigieran a la casa de administración del ferrocarril para conversar con el patrón inglés Harry Usher con el fin de buscar una solución a la huelga. La iglesia mediando con los dueños del Ferrocarril para terminar con una lucha justa de los trabajadores, un rol que ha ocupado históricamente protegiendo los intereses de los empresarios y el Estado. Finalmente, su mediación falló ya que la balacera empezó antes de mediar nada.

Al terminar la manifestación el piquete de la “Guardia Blanca” en medio del nerviosismo dispararon contra la multitud. No se sabía de dónde venían las balas, pero basto con que ellos dispararan para que todos los demás comenzaran hacerlo, los manifestantes estaban rodeados de una balacera espeluznante que termino con la vida de ciento de trabajadores.

La incendiaria mañana del 7 de febrero

Ante el miedo de las autoridades estatales de que la difusión de la noticia aumentara la solidaridad obrera sobre la ciudad, Coloso y la Pampa Salitrera, impusieron un estado de sitio y la censura. A pesar de esto un centenar de personas buscan en el centro información de familiares y amigos víctimas del día anterior. Por la tarde, la multitud incendió la propiedad “La chupalla” ubicada en calle Prat con Mattay el fuego se propago hasta Condell.

¿Cuántos muertos hubo en la plaza colón?

Manuel Duran Díaz habla de una limpieza profunda en las calles céntricas por cuadrillas de aseo por la sangre vertida, antes de los acontecimientos del día 7.
La autoridad ocultó el número de víctimas por miedo a la indignación pública. Pero, se habla de un centenar de muertos y miles de heridos.

A 111 años de la matanza de la plaza colón

Los trabajadores y trabajadoras del norte habitan en un lugar extremadamente rico en historia y memoria obrera muy significativa para las luchas actuales.
Los obreros pampinos, ferroviarios y lancheros, su organización y lucha es un regalo para el movimiento obrero actual, las demandas trascienden en el tiempo, ya que nuestros derechos provienen de luchas pasadas, pero también hay otras aun no conquistada con el pasar de las décadas. ¿Qué sucedió en 1906 que no lograron doblarles la mano a los patrones ingleses? ¿Cómo doblarle la mano a los actuales dueños de mineras, puertos y el ferrocarril para el bienestar de nuestras familias? Son preguntas para reflexionar y discutir en la actualidad.

Referencia:

  •  A CIEN AÑOS DE LA MASACRE DE SANTA MARÍA DE IQUIQUE Pablo Artaza Barrios, Sergio González Miranda, Susana Jiles Castillo, 2014.
  •  LUIS EMILIO RECABARREN UNA BIOGRAFÍA HISTÓRICA Julio Pinto, 2013




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