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A 81 años de su asesinato: El combate de Trotsky contra la escuela de falsificación estalinista

A 81 años del asesinato de León Trotsky, hacemos un recorrido sobre su obra “La Revolución desfigurada” (1929) en la que el revolucionario ruso hace un primer resumen sobre la primera etapa de su combate en defensa de la Revolución Rusa.

Sábado 21 de agosto | 09:02

Leon Trotsky inicia esta obra con la siguiente declaración: “Si la lucha de la fracción de Stalin contra mi no fuera más que una lucha personal por el poder, la historia de esta lucha no tendría razón alguna. Otra es la razón, que nace del hecho de que la lucha de los individuos y de los grupos en la URSS vaya indisolublemente unida a las diversas etapas de la Revolución de Octubre”.

La pelea dada por Trotsky lejos estaba de ser un pleito meramente personal como lo muestran los académicos y los operadores de la burguesía, no es casual que entre estos últimos abundan análisis donde las masas solo son base de maniobra de grandes personajes que hacen la historia.

Deportado de la URSS en enero de 1928, Trotsky no cayó en explicaciones subjetivas para entender el periodo de reacción que atravesaba el Estado obrero. No se enojó con la realidad, sino que buscó comprender lo que estaba ocurriendo para orientar a la Oposición de Izquierda, perseguida por el estalinismo y cuyos integrantes estaban siendo deportados o confinados a los campos de concentración. Aislado y con insuficientes medios materiales, el hombre adulto, que en su juventud supo ser el “potente y misterioso personaje que penetraba en todas las fábricas” con sus palabras, siguió en guardia, defendiéndose porque al hacerlo era consciente que defendía la gran Revolución, porque como supo decir, “relatando, me defiendo, y a menudo, ataco”.

Esta impronta se puede encontrar en esta obra, Trotsky aquí expone una selección de documentos de la historia del Partido Bolchevique, ocultados por la censura de Iósif Stalin, respondiendo a las distorsiones de los hechos históricos por parte de la propaganda oficial, diseñados con un objetivo claro, modificar o borrar su participación en la Revolución de Octubre. A la vez en esta obra empieza a hacer las primeras definiciones sobre hacia dónde iba la URSS.

El libro incluye dos cartas y cuatro discursos de León Trotsky a distintos organismos del Partido Comunista, entre junio de 1927 y septiembre de 1928, período que abarca su expulsión del Comité Central y del Partido.

Una lucha inclaudicable contra la falsificación estalinista

Con la misma fuerza con la que, con el impulso vertiente de obreros y campesinos, Trotsky construiría el Ejército Rojo en 1918, y que combatiría en el frente de batalla más grande de la historia, llegando de punta a punta a bordo del tren blindado, combatiría las calumnias del Kremlin.

El estalinismo y su maquinaria de propaganda pone a Trotsky como vacilante en los momentos decisivos y a Stalin como figura principal junto a Lenin. También comienzan a crear la imagen del trotskismo como una doctrina hostil a la Revolución de Octubre. Trotsky plantea frente a esto: “Soy un discípulo de Marx. Y respecto a los métodos de la revolución, he pasado por la escuela de Lenin. Si se quiere el «trotskismo» es para mi un nombre bajo el cual se designan las ideas de Marx y de Lenin por los leguleyos deseosos de emanciparse a toda costa de esas ideas, pero sin atreverse a hacerlo todavía de una manera abierta”.

La idea de que Lenin había desconfiado de Trotsky, incluso cuando este ingresó al partido bolchevique, es también una de las grandes mentiras del estalinismo. El propio Lenin durante la guerra civil había repudiado esta acusación, y le remitió una hoja en blanco firmada por él, dice Trotsky en la Revolución desfigurada: “Este hecho ocurrió en junio de 1919. Se dicen hoy tantas cosas sobre mi actitud hacia Lenin y, lo que es más importante todavía, sobre la actitud de Lenin hacia mí, que yo quisiera que alguien me mostrara una firma en blanco, una hoja en blanco como ésta, al pie de la cual figure la firma de Vladimir Ilitch y donde Lenin declare aprobar por anticipado toda decisión mía – sea cual fuere –, cuando de esta decisión dependía frecuentemente, no sólo la suerte de ciertos comunistas, sino cosas mucho más graves.”

Frente al escepticismo de quienes consideraban la pelea por encauzar la URSS, Trotsky responderá: “Usted cree que hay que limitarse sencillamente a aceptar a la mayoría tal cual es. Si el Partido hubiera estado poseído por ese espíritu ¿hubiera podido llevar a cabo la Revolución?”. Para Trotsky era clave que la clase obrera pudiera sacar las mejores lecciones de lo que fue la primera revolución obrera triunfante de la historia, para barrer a la burocracia del estado soviético y llevar adelante la revolución a nivel internacional.

Así lo escribe Trotsky en la fundación de la Cuarta Internacional “Si nuestra generación se ha revelado débil para imponer el socialismo en la tierra, dejemos al menos a nuestros hijos, una bandera limpia. La lucha que se desarrolla sobrepasa de muy lejos en importancia a las personas, a las fracciones, a los partidos, es una lucha por el porvenir de la raza humana”.

Es esa bandera que sostenemos los militantes trotskistas del PTR, a 81 años del asesinato del camarada León Trotsky, seguimos defendiendo su legado, llevándolo a la práctica, en cada lucha en cada lugar de trabajo y estudio, en las barriadas en todo lugar donde nos toque estar y sobre todo peleando por la construcción de un partido de la clase obrera que luche por el triunfo.

Les compartimos fragmento de unas palabras dirigidas por el reconocido escritor chileno, Manuel Rojas, quien apropósito del asesinato de Leon Trotsky escribió "El último combatiente":

"Podrá el Estado obrero degenerado de hoy descender hasta llegar a ser no más que una aldea burocrática idiota y podrá mañana el partido bolchevique, después de frío examen, ser declarado un organismo más bien pernicioso que beneficioso para la causa de la revolución socialista; todo eso podrá suceder. A pesar de eso, y a pesar de muchas cosas más, Trotsky permanecerá. Este hombre no pertenece sólo a la clase obrera, a los partidos revolucionarios o al socialismo. Pertenece a la Humanidad, así como pertenecen ya Lenin, Engels y Carlos Marx.

El por qué de esto es algo que sólo pueden negar los que lo asesinaron y los que aplaudieron o aceptaron su asesinato. Los que tienen las manos y el alma limpias, lo reconocen tácitamente.

Como revolucionario, como escritor, como entidad humana, León Trotsky no tiene, dentro de las filas de los militantes del socialismo, semejante alguno ni lo tendrá en muchos años. Tal vez no lo tendrá nunca ya. Tampoco lo tiene en otros campos. Su profundidad de visión, su certeza de predicción, la honradez de su conducta, su valor moral, mental y físico, su hondo sentimiento de lo que es el hombre y de lo que debe ser, son cualidades que se dan difícilmente en un sólo ser humano. En él se dio todo por junto y con una generosidad ejemplar.

El hombre que lo mató y los hombres que mandaron matarlo no supieron lo que hacían. Al asesinar a Lev Davidovich eliminaron al único hombre que podía haberles dicho cómo podrían ellos sobrevivir.".






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