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Red Internacional

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL. A cinco años del 4 de agosto del 2011

Se cumple media década ya de esa histórica jornada de combatividad y lucha en las calles. Hoy son grandes los desafíos del movimiento estudiantil, frente a una reforma que no responde a nuestros intereses y debe ser retirada del Parlamento

Jueves 4 de agosto de 2016 | 01:20

Se cumplen ya 5 años del recordado 4 de agosto del 2011, y muchos son los recuerdos de aquella memorable jornada en que los estudiantes protagonizamos una importantísima movilización por la conquista de nuestras demandas, haciendo frente a la represión.

En dicha jornada, el gobierno de Sebastián Piñera había prohibido que se realizaran las dos marchas convocadas por estudiantes secundarios en la mañana y por universitarios en la tarde. A pesar de eso, y a pesar del inmenso despliegue policial, fuimos cientos de miles quienes salimos de todas formas a las calles, a defender nuestro legítimo derecho a la protesta y a manifestarnos por la gratuidad universal.

Y a pesar de que la represión fue enorme, la respuesta organizada de los estudiantes también lo fue. La fuerza y la masividad de los combates fue de tal magnitud, que fueron largas horas de enfrentamientos, donde las calles permanecieron tomadas por los manifestantes, impidiendo que Fuerzas Especiales reprimiera a quienes se movilizaban legítimamente.

El centro de la ciudad se llenó de estudiantes, de gritos y de lucha, pero también de lacrimógenas, las cuales eran incluso lanzadas desde helicópteros en vuelo y de represión.

Y frente a ese escenario, comenzaron a replicarse en todos los rincones de Santiago los cacerolazos, como una emocionante expresión de apoyo por parte de la población a las demandas estudiantiles y en denuncia a la represión. En el centro se asomaban por los balcones golpeando ollas y sartenes, y en los barrios se reunían en las esquinas y en las plazas.

Fue una jornada histórica de combatividad y de solidaridad, que entregó nuevas fuerzas y nuevos aires a la movilización que protagonizábamos el año 2011. Pero a pesar de esa fuerza y ese empuje, nuestra lucha ese año finalizó en un desvío parlamentario, debido a la estrategia con la que las Juventudes Comunistas dirigieron el proceso.

Hoy nuevamente vivimos un 4 agosto en las calles, en una marcha nacional convocada por la CONFECH. Lamentablemente, la estrategia de las dirigencias, de incidir, de utilizar las movilizaciones como un mero mecanismo de presión, y la confianza en los parlamentarios y no así en nuestras propias fuerzas, han llevado a que este 4 de agosto se encuentre en un momento dificultoso para el movimiento estudiantil.

De todas formas es necesario que salgamos a las calles, rememorando esa jornada histórica, que marcó un antes y un después en la lucha estudiantil. Porque todavía hay que exigir el retiro de la reforma de Bachelet del Parlamento. Porque es ampliamente rechazada, y por lo mismo, no se trata de incidir, sino de bajarla completamente.

Porque hay cientos de miles de estudiantes que han sacado importantes lecciones. Lecciones como la necesidad de la unidad con la clase trabajadora. Lecciones como la necesidad de la organización de base, que se viene expresando, todavía germinalmente, en el desarrollo de los cordones territoriales. Lecciones incluso, como la necesidad de refundar nuestros organismos representaitvos, para volverlos más democráticos, y convertirlos efectivamente en herramientas de lucha y no meros aparatos mediáticos.

Esas lecciones son también uno de los principales homenajes que hoy en día podemos hacerle los estudiantes que seguimos luchando, a ese ya mítico e histórico 4 de agosto del año 2011.




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