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Red Internacional

TERREMOTO. A propósito de Daamaris: Una mirada desde la realidad de las trabajadoras del peaje

El día del terremoto salió a la luz el caso de Daamaris Cariman, una trabajadora del peaje, que cuando se produjo el terremoto dejó pasar a los automovilistas que, al igual que ella, estaban conmocionados por el siniestro y solo deseaban llegar a sus casa a ver a sus familias.

Lunes 21 de septiembre de 2015 | 00:00

A Daamaris le descontaron el dinero de los autos que dejó pasar en el contexto de una emergencia: un terremoto 8.4 en la escala de Richter. Esta no es una actitud con la que debamos asombrarnos de parte de la patronal. Yo al igual que ella trabajo de peajista, la empresa que me emplea es EULEN, la misma que tiene en condiciones miserables a las trabajadoras de la limpieza en Antofagasta. Nosotras somos en su mayoría mujeres, muchas con familias que mantener, hijos pequeños, con muy pocas opciones de empleo y grandes necesidades.

Las peajistas cumplimos horarios terribles, dignos del siglo pasado, las fijas (full time) a veces trabajan la semana corrida por falta de personal. A las part time no les va mejor, a veces deben trabajar dos turnos diarios (16 horas) también por falta de personal o para que cumplan con las 23 o 30 horas que deben realizar a la semana. Aun así, la empresa este último mes ha despedido mucha gente y otras han renunciado por las precarias condiciones laborales.

Las peajista part time o comodín no pueden organizarse durante la semana, siempre les cambian el horario, o las llaman un par de horas antes para que entren a trabajar, como si su vida personal no valiera.

Acciones tan simples como ir al baño es un infierno en algunos peajes, como en los by pass no hay baño en la cabina y dependes de que te hayan asignado a una compañera de apoyo o te vengan a sacar a colación. El derecho a la media hora de colación, algo tan básico, no lo respetan. Hay ocasiones que compañeras en todo el turno no han podido ir al baño o comer, porque la cabina no la puedes dejar sola.

Los peligros constantes que asechan, son los asaltos, las trabajadoras del peaje nos vemos sometidas continuamente a estos riesgos, pero a decir verdad el asalto que más tememos es al de fin de mes, el que hace la empresa a nuestros bolsillos. Cuando llega fin de mes debes contar todas tus horas, ya que la empresa es famosa por no pagarte las horas extras. Eso le ha costado más de una vez la visita de la Inspección del Trabajo.

Además los famosos descuentos, ya sea por que dejamos pasar a un automovilista que no tenía dinero, para que no nos atrase más la fila, no se desquite con nosotras o inclusive nos agreda. Nos descuentan por tabular mal (pasamos -sería "si pasamos" o "pasar"- un furgón rueda doble por uno rueda simple). Esos son los famosos descuentos por discrepancia que no se pueden comprobar. Y por ultimo nos descuentan, como le ocurrió a Damaris, por tener sentido común.

Soportamos horarios extenuantes, riesgos en nuestra integridad física y mental y descuentos, todo por un miserable sueldo mínimo.
Como trabajadoras no nos queda otra opción que organizarnos, sacar a las dirigencias burocráticas que bajan las movilizaciones, que solo velan por sus intereses, arreglándose por arriba.




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