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Red Internacional

PROCESO CONSTITUYENTE.A una semana, la Convención muestra sus límites: ¿Qué debemos hacer las y los trabajadores?

Desde que comenzó la Convención Constitucional, son varios los hechos que muestran ya los límites del organismo del “nuevo poder” constituyente ante las demandas más sentidas que abrieron la crisis más profunda desde la transición pactada en el país. Declaraciones tibias que respetan el poder constituido de este Estado asesino y represor, el asesinato de Pablo Marchant y el respeto a las reglas del Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución, muestran que este organismo y sus convencionales, están lejos de resolver las demandas de octubre y enfrentar a los poderes reales del país. En este marco ¿qué debemos hacer las y los trabajadores?

Viernes 16 de julio | 01:48

Desde que comenzó la Convención Constituyente, hemos visto que las contradicciones que abrieron la crisis política más importante de estos últimos 30 años en el país, están lejos de cerrarse. El domingo 4 de julio, día de inicio de la convención, fuimos testigos de la brutal represión desatada por la policía de Piñera contra las organizaciones sociales, políticas de izquierda y de familiares de las y los presos políticos de la rebelión; esto en el marco de que quienes estuvimos en las calles, exigimos que la primera medida que votase la constituyente fuese la libertad de las y los presos políticos de la rebelión y el pueblo mapuche, así como el juicio y castigo contra los responsables materiales y políticos de las muertes, traumas oculares y toda la violación a los D.D.H.H. que vivimos desde octubre del 2019 en adelante.

Algunos convencionales de la Lista del Pueblo y del bloque Partido Comunista-Frente Amplio, exigieron aquel día que se suspendiera la sesión mientras hubiese represión. Posteriormente inaugurada la convención, se votó la presidencia, saliendo electa la mujer mapuche y académica Elisa Loncon y vicepresidente el frenteamplista Jaime Bassa, parte de los partidos que son responsables, como el FA, de que cientos de nuestros jóvenes hoy se encuentren privados de libertad. Pero lejos, de ser la “fiesta de la democracia” y la instancia donde grandes sectores de masas han puestos sus expectativas para resolver las sentidas demandas de octubre y la libertad de los presos políticos de la rebelión y el pueblo mapuche, al día siguiente, la convención y los constituyentes que dicen representar al pueblo, como la Lista del Pueblo y quienes se dicen de izquierda y estar con los trabajadores y la juventud como el bloque PC-FA, en vez de votar como primer decreto la libertad de las y los presos políticos, renunciaron a esta demanda tan sentida por gran parte de la población y con ello renunciando a hacer de la convención un organismo soberano, limitándose a sacar una declaración para exigirle al Parlamento y al Gobierno acelerar y votar la Ley de Indulto, apelando a la voluntad de las instituciones que fueron cuestionadas por millones en las calles y a la de Piñera, cuando éste mismo dijo que de dar a luz el proyecto de indulto, lo vetaría. Por lo tanto, la convención bajo el argumento de no pretender “interferir ni arrogarse las competencias o atribuciones de otros poderes del Estado”, renunciando así a cualquier soberanía de un poder constituyente y cediendo a la campaña del terror de los partidos de los 30 años y los grandes poderes.

No bastando con la cedida a este régimen en crisis, y después de que la mayoría de los convencionales desde la Lista del Pueblo, PC, FA y ex Concertación celebraran la elección de Elisa Loncón mujer mapuche como presidenta de la convención, el día viernes 9 de julio una vez más el Estado chileno, junto a las F.F.E.E. de Carabineros, asesinaba al comunero Pablo Marchant, quien luchaba por la recuperación del territorio ancestral del pueblo nación mapuche, siendo baleado por la policía en territorio de los predios de una de las familias más ricas del país como son los Matte.

Este crimen mostró que la elección de Loncon, más que representar las demandas históricas, genuinas y respeto a nuestros pueblos originarios, no fueron más que simbolismo, un saludo a la bandera, al igual que la declaración por las y los presos políticos de la revuelta y el pueblo mapuche. Es más, la propia Elisa Loncon fue parte de una tibia declaración ante el asesinato del weichafe, instando al gobierno criminal de Piñera y al odiado Congreso a atender los requerimientos planteados en el proceso constitucional "pues buscan contribuir a un clima de paz y abrir espacio al diálogo de buena fe para construir entre todos y todas un Estado Plurinacional donde se respeten y garanticen los derechos humanos". Mostrando que la propia Loncon está alejada de las demandas más profundas del pueblo mapuche, quien como académica busca la integración de los mapuche al Estado, en un Estado Plurinacional, pero sólo desde la educación y la cultura, pero no de las demandas históricas como la recuperación del territorio ancestral y el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche.

Por último, el día de ayer, vimos actuar al FA junto a la derecha en las votaciones de las reglas de la convención, queriendo mantener los marcos del Acuerdo por la Paz, buscando mantener los ⅔ como método que le da poder de veto a una minoría reaccionaria que representa los intereses de los grandes capitales privados del país y los partidos que administran sus intereses. Finalmente, los ⅔ no lograron triunfar, pero la odiada actitud de la derecha y quien hizo de su pata izquierda, muestran la disposición de los poderes reales de hacer todo lo posible para que lo fundamental de la herencia de la dictadura no se toque. A la vez vimos actuar nuevamente el poder del régimen con la represión que sufrieron las madres de las y los presos políticos, quienes en una manifestación por la liberación de los jóvenes fueron detenidas junto a dos convencionales de la Lista del Pueblo.

Ante los límites que viene mostrando la convención: ¿Qué debemos hacer las y los trabajadores?

Lo anterior son los hechos que han ocurrido a una semana de instalada la convención, donde se expresa qué significa renunciar a la soberanía, mientras los poderes del Estado, el Gobierno y sus odiadas instituciones parlamentarias y represivas siguen ordenando el tablero de la política en el país. El asesinato de Pablo Marchant, y la represión de Piñera que sigue desatada, demuestran, por un lado, que declaraciones bajo el respeto a los poderes reales y la apelación a la voluntad de quienes son enemigos de la clase trabajadora y el pueblo pobre, no son más que saludos a la bandera; y, por el otro, que los defensores del régimen heredado de la dictadura harán todo lo posible para que se mantengan sus privilegios y asegurar que nada de fondo se pueda tocar para seguir perpetuando el Chile de los 30 años de saqueo por los grupos capitalistas a costa de nuestras vidas.

En ese sentido, ¿qué podemos esperar los trabajadores?, ¿realmente nuestras demandas en torno a las pensiones y salarios de hambre, al trabajo, serán resueltas?

Si los poderes reales han mostrado recién empezando la convención su resistencia, a las y los trabajadores, no nos queda más que buscar el camino de la movilización y la organización. Partiendo de las trampas de la convención donde no se podrán tocar los tratados internacionales, estamos lejos de que en este organismo, mientras siga respetando las reglas del Acuerdo por la Paz y el poder constituido de estos 30 años, podamos acabar con las AFP que negocia con nuestra vejez a costa de pensiones de miserias, menos poder nacionalizar los recursos estratégicos como el cobre y el litio bajo nuestro control para satisfacer las necesidades y problemas del país como la salud, educación y vivienda.

La resistencia de los poderes del Estado, el Gobierno, los partidos del régimen y su policía no es más que la resistencia de estos a tocar las ganancias de los capitalistas, por lo que defenderán como puedan este régimen que los enriqueció a costa de nuestras miserias.

Es así que si como trabajadoras y trabajadores queremos terminar con la precariedad como el subcontrato, el trabajo informal, los salarios mínimos de hambre que no nos permiten llegar a fin de mes y con las odiadas AFP que sólo nos garantizan una vejez de miseria, no podemos esperar a las exigencias a la voluntad de los mismos que nos arrojaron a los 30 años de saqueo.

Lo que necesitamos es exigir a las direcciones de las grandes centrales como la CUT, hoy dirigida por el PS y en tregua hasta ahora desde la dirigencia del PC, así como a los grandes sindicatos de los sectores estratégicos como los de la minería, forestales y a la Unión Portuaria, impulsar comités de acción o coordinadoras, donde desde las bases las y los trabajadores impulsemos planes de lucha bajo pliegos de demandas unificados que tomen las demandas de octubre que no han sido resueltas, entre ellas también las que aquejan a nuestras familias y pares, como prohibir los despidos por ley, la reducción de la jornada laboral para terminar con la cesantía, derogación de la ley de protección al empleo, acabar con el subcontrato y nacionalizar el cobre, litio y el agua bajo el control de los trabajadores y las comunidades.

Además de que a través de la fuerza de estos comités exigir a los convencionales que se dicen del pueblo y de izquierda, que la convención se declare soberana y rompa con el Acuerdo por la paz y las instituciones del viejo régimen para que pueda discutir y deliberar sobre todo: salud, educación, pensiones, salarios, vivienda; poner fin al despojo histórico al pueblo mapuche, la liberación de los presos políticos de la rebelión y el pueblo mapuche a través de la amnistía, el juicio y castigo a los responsables políticos y materiales de las violaciones a los D.D.H.H., empezando por el asesino de Piñera y acabar con el Chile de los 30 años.




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