Géneros y Sexualidades

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“Acoso sexual es violencia”: conociendo un poco más sobre la campaña

Desde hace un par de meses, en algunas universidades de la quinta región, se dio por iniciada la campaña “Acoso sexual es violencia”, con el objetivo de desnaturalizar, denunciar y erradicar esta práctica tan habitual en las casas de estudio, así como en la estructura social que perpetúa este tipo de violencia, la cual comienza con una “broma” hasta llegar a cobrarse la vida de compañeras y compañeros.

Lilith Herrera

Activista trans

Martes 27 de octubre de 2015 | 12:33

Por estos días, es común atestiguar en las paredes y muros de la Universidad Católica de Valparaíso, Universidad de Playa Ancha y Universidad de Valparaíso, consignas y carteles que empiezan con la frase: “Acoso sexual es violencia”, la cual le ha dado el nombre a la campaña que busca ponerle atajo a una práctica que se mantiene y fomenta en el currículo oculto, en comentarios de pasillo, en bromas denigrantes en cuanto al género y la condición sexual.

La iniciativa ha sido desarrolla por los distintos espacios que conforman la Coordinadora Valpo No Sexista: Secretaría de Género y Sexualidades Sausalito PUCV, Secretaría de Género y Sexualidades escuela de psicología Universidad de Valparaíso, Vocalía de Género y Sexualidades, Universi dad de Valparaíso, Comisión de Disidencia Sexual y Derechos de la Mujer, CODYMU UPLA, Agrupación de Mujeres y Diversidad Sexual, Pan y Rosas Teresa Flores, Centro de Atención Reparatoria a Mujeres Víctimas de Violencia Sexual CVS Valparaíso, Valpo Trans.

Uno de los miembros de CODYMU, Ignacio Huanchicay, explica la importancia de llevar adelante este trabajo: “El acoso es una práctica invasiva, violenta y socialmente naturalizada que, en definitiva, debemos erradicar de todos los espacios. Esta rama, proveniente de la violencia estructural de género, ha hecho que internalicemos estos comportamientos que van en desmedro de la dignidad de la otra persona. No podemos tolerar o siquiera callarnos ante este tipo de situaciones. Lo importante, ahora, es desarrollar campañas contra este tipo de prácticas que logren visibilizarlas y dar espacio de cuestionamiento a las mismas”.

Acoso sexual como violencia de género

El acoso sexual, de acuerdo a lo expuesto en las infografías pegadas en las paredes de las casas de estudio, debe ser entendido como aquella conducta discriminatoria que atenta contra la dignidad de las personas y que impide el ejercicio de múltiples derechos. Es la misma imagen que señala a mujeres y personas de la diversidad sexual como las más afectadas por tal práctica. Por lo tanto, la discriminación tiene un fuerte componente de género (violencia de género) y orientación sexual. Son, finalmente, las mujeres y los compañeros de la diversidad sexual los más afectados, discriminados y violentados. Del piropo al futuro femicidio hay solo un pequeño trecho. El espacio educativo, se vuelve así, más peligroso que la propia calle.

Fernanda Muñoz, miembra de la Vocalía de Género y Sexualidades UV explica: “Es muy importante levantar este tipo de campañass contra el acoso sexual, ya que éste es un tipo de violencia de género que discrimina principalmente a mujeres y diversidad sexual y que está muy naturalizada, siendo parte de nuestra realidad cotidiana, incluso dentro de nuestros lugares de estudio. Esto, finalmente, atenta contra nuestro derecho a recibir una educación en forma digna, por lo que es fundamental que comencemos a visibilizar y reconocer esta problemática social como tal”.

Son las mismas infografías de la campaña, las que grafican las formas a través de las cuales se expresa el acoso. Algunas de ellas son: bromas por la orientación sexual, preguntas insidiosas respecto de la vida sexual, agarrones, entre otras. Éstas se manifiestan muy fuertemente en una relación asimétrica, en la cual uno tiene el poder por sobre otro u otra. Así, un profesor, podrá hacer uso de su autoridad para intimidar a sus estudiantes, quienes se verán en absoluta indefensión, recurriendo al silencio en la mayoría de los casos. Situación que evita producir complicaciones a la institución respectiva.

El origen de la campaña

La iniciativa nacida en las dependencias de la sede Sausalito de la PUCV, tuvo unos orígenes claros. “La campaña surgió desde una necesidad concreta, ya que supimos de diversos casos de acoso, tanto de profesores hacia estudiantes, como entre los mismos estudiantes. Es por esto que surgió la necesidad de hacer algo al respecto, para desnaturalizar estas prácticas y poder erradicar, finalmente, las prácticas machistas que están tan invisibilizadas y naturalizadas hasta por los mismos compañeros, por lo que nadie quiere denunciar, lo que hace cada vez más necesario poder decir basta a esto, poner el tema en la palestra. Queremos que todo el mundo esté hablando de esto y que todos sepan que estamos organizados contra el acoso, porque es una forma de violencia”. Señaló, Natalia Díaz, integrante de la Secretaría de Género y Sexualidades de la PUCV.

Curiosamente, el primer lugar en donde se arrojaron las primeras raíces fue en una institución transmisora de los ampliamente difundidos, valores cristianos. De ahí que no sorprenda el alto porcentaje de curas acusados de abuso sexual.

Qué pasa en las universidades

En general, existen algunos manuales de convivencia que buscan las buenas prácticas al interior de las casas de estudio, sin embargo, quedan al debe respecto de temáticas tan sentidas como ésta. Hasta ahora, destaca el protocolo de la Universidad de Chile. Éste, se enmarca en la Ley 20.005, la cual prohíbe el acoso sexual a funcionarios públicos. Por ende, el acoso se aborda a través del sumario administrativo, consignado en el Artículo 78 del Estatuto Administrativo. Una vez iniciado el sumario administrativo, la sanción va desde la censura, multa, suspensión hasta la destitución del funcionario, el que no podrá volver a reingresar a la administración pública durante 5 años desde el cese de sus funciones. Mientras dura el proceso de investigación, el denunciado podrá ser cambiado de unidad académica o de funciones. Por lo que es bastante común que haya profesores acusados de acoso sexual que continúen impartiendo clases sin más.

Si el inculpado es un estudiante, el procedimiento se guiará por el Reglamento de Jurisdicción Disciplinar de Estudiantes. Las sanciones van desde la censura por escrito, suspensión de actividades universitarias, hasta la expulsión.

Sin embargo, se le critica que la decisión final de iniciar el sumario administrativo recaiga en manos de autoridades como el rector. Allí, el destino que tenga un caso de acoso sexual, depende del criterio de éste, lo cual es peligroso, dado que tal vez para él, las bromas a compañeros de la diversidad sexual por su orientación, no puedan ser calificadas bajo la figura de acoso sexual, por ejemplo. A esta limitante, se suma la impunidad a los acosadores, así como a golpeadores de mujeres que se mantiene anquilosada en las universidades. Por lo que es un profesor puede realizar acoso sexual, sin experimentar mayor sanción.

En tal sentido, este protocolo no garantiza lo contrario, sino que más bien, apunta a que se mantenga el autoritarismo universitario y la impunidad, tan propio de las casas de estudio, mientras compañeras y compañeros, seguirán atormentándose en privado, para evitar el escarnio público al que muchas veces son sometidos.

Un estudio a considerar

Un reciente sondeo realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), junto al Observatorio Contra el Acoso Callejero (Ocac), elaboraron el primer estudio sobre “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre la violencia de género en el espacio público”, el cual tenía por objeto saber qué opinan los jóvenes del país acerca de esta problemática.

Así, el estudio tuvo por resultado que las mujeres son las principales víctimas de este tipo de prácticas. Evidenciado en que un 68% de ellas afirmaron haber sufrido algún hecho en el que una persona desconocida dijo o realizó algún acto con connotación sexual en público. En cuanto a los hombres, uno de cada cuatro expresó haber sido víctima.

En cuanto a los espacios en donde suelen cometerse más actos de acoso sexuales, las mujeres señalaron que se producían en el transporte público.

Qué dice el ordenamiento jurídico chileno en el ámbito educativo

Ley General de Educación (Ley No. 20.370, LGE) que establece en su artículo 10, el derecho de los alumnos y de las alumnas “a recibir una educación que les ofrezca oportunidades para su formación y desarrollo integral; (…) a no ser discriminados arbitrariamente (…) y a que se respete su integridad física, y moral, no pudiendo ser objeto de tratos vejatorios o degradantes y de maltratos psicológicos”.

Es claro que nada de esto se respeta, de lo contrario, no se hubieran producido 17 eventos de discriminación en el contexto educativo, durante el 2014, de acuerdo a cifras del MOVILH. Números que solo dan cuenta de casos denunciados.

Medidas concretas

Si bien la campaña consiste en la desnaturalización, denuncia y erradicación del acoso sexual, para impactar en los sentidos comunes, presentando la problemática como reflejo de una cultura que ampara y promueve la violencia machista y, por lo mismo, como un tema público y no de la vida privada simplemente, también busca concretizar, a través de la implementación de encuestas con el objeto de obtener datos duros que permitan dar cuenta de la problemática, con el objeto de construir protocolos efectivos en las universidades.

En palabras de Fany Valladares, Vocal en la Vocalía de Género y Sexualidades UV y militante de Pan y Rosas: “Urge un trabajo que sea real, para ello, es primordial que todas y todos se puedan hacer parte, puesto que el acoso sexual es una problemática estructural, por eso, planteamos comisiones de investigación triestamental resolutivas, para avanzar en protocolos contra el acosos sexual, que si bien no garantizan nada y son acuerdos meramente, constituyen herramientas donde las victimas pueden apoyarse para enfrentar situaciones como éstas.”

Violencia estructural: educación sexista

En esta campaña se ha podido dar cuenta que el acoso sexual corresponde a un tipo de violencia enseñada, amparada y perpetuada por toda una estructura social que se origina en la educación formal con la transmisión de los roles asignados a hombres, mujeres e identidades no pertenecientes a estas categorías y que se mantendrán para conveniencia de la sociedad machista. Así, hombres ganarán en promedio, un 30% más que las mujeres. Estas últimas, junto a la diversidad sexual, ocuparán un lugar predilecto en el desempeño de trabajos precarios, muchos sin contratos y con bajos sueldos. Y todo, porque las niñas se visten de rosado y los niños, no.

La importancia de organizarse: secretarías, comisiones, vocalías

En el pasado Congreso por una Educación No Sexista, del cual formaron parte distintas secretarías y agrupaciones de mujeres y diversidad sexual como Pan y Rosas Teresa Flores, se hizo hincapié en organizarse, mediante espacios como secretarías, comisiones y vocalías de género y sexualidades para poner en cuestión, denunciar y acabar con prácticas de este tipo, ayudándose de la participación triestamental, entendiendo que la problemática corresponde a todos quienes conforman el espacio educativo.

De esta manera, pueden existir espacios que se transformen en esos lugares seguros que tanto necesitan víctimas de violencias tan cotidianas, pero a la vez brutales, como una situación de acoso. Sobre todo, porque quienes resultan expuestos a estas situaciones, terminan por sentirse culpables y se protegen en un eterno silencio. Organismos como éstos pueden generar cambios al interior de la estructura educativa, si logran, en conjunto con el movimiento estudiantil articular una lucha que impacte en las conciencias y subjetividades de todos quienes componen el espacio universitario.

Para producir un mayor efecto, durante el mismo Congreso se determinó la articulación, ha de realizarse a nivel nacional, a través de coordinadoras que permitiesen articular la lucha en pos de una educación gratuita, laica y no sexista. Sobre este punto, Fany Valladares expresa: “Este 2015, levantamos la Vocalía de Género y Sexualidades en la UV, con el objeto de poner en la palestra las temáticas de género y diversidad sexual que suelen pasarle por el costado al movimiento estudiantil. Hemos podido, en este corto período, realizar varios foros y actividades que nos han permitido hablar de aborto, de femicidios y ahora, de acoso sexual, como problemáticas que también afectan a compañeras y compañeros estudiantes de la universidad y ahora, nos hemos fijado avanzar y trabajar en una propuesta de protocolo para el acoso sexual.”

Así las cosas, queda ver cómo va evolucionando la campaña que pone en la palestra, una situación que afecta mayoritariamente a mujeres y diversidad sexual, demostrando, una vez más, los efectos de una cultura profundamente machista, en alianza con un sistema económico al que le conviene se mantenga todo igual.






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