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Red Internacional

Acto en la CGT. Alberto Fernández: la historia interesada de un Perón sin Triple A ni Masacre de Ezeiza

Este viernes por la tarde, desde la sede de la CGT, el presidente conmemoró un nuevo aniversario de la muerte del fundador del peronismo. Cuando se refirió a su regreso en 1973 presentó los hechos de manera completamente tergiversada.

Viernes 1ro de julio | Edición del día

Las conmemoraciones suelen prestarse para disfrazar o tergiversar la historia. La posibilidad está servida: solo hay que tomar una parte de las cosas y presentarlas de la forma conveniente.

Cada 1° de julio, cuando se cumple el aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón, las distintas alas del peronismo llevan adelante ese tipo de operaciones discursivas. Las palabras de Alberto Fernández, este viernes por la tarde en la sede de la CGT, fueron para ese lado.

Recordado el exilio de Perón, el presidente dijo que el viejo líder “mantuvo viva la unidad del movimiento a 12.000 kilómetros de distancia". En ese marco, "entendió que había que terminar con las divisiones que hacían mal a la Argentina".

Si algo que Perón no hizo desde el exilio fue buscar “terminar con las divisiones”. Salvo un breve intervalo que siguió a la asunción del dictador Onganía -golpe al que definió como “simpático” y ante el cuál llamó a “desensillar hasta que aclare- mantuvo una crítica constante hacia los diversos gobiernos dictatoriales que proscribían al peronismo. En ese marco, a inicios de los años 70 alentó el desarrollo de las organizaciones de la juventud peronista que tenían como emblema a Montoneros, una organización político-militar.

¿Alberto Fernández se refiere a cuándo Perón retornó a la Argentina en junio de 1973? Si de eso se trata, el presidente vuelve a dibujar los hechos como quiere. Aquel retorno estuvo marcado por la Masacre de Ezeiza donde la derecha peronista organizó un ataque brutal contra el ala izquierda de ese movimiento. Ataque que terminó con, por lo menos, 13 personas asesinadas y cientos de heridos, muchos de ellos graves.

Al presidente le vendría bien recordar -o informarse- de que Perón avaló aquel ataque. Lo hizo al día siguiente, cuando en una conferencia de prensa -donde lo acompañaban entre otros López Rega e Isabel Perón- llamó “a volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y justicia” en lo que era un mensaje abierto contra Montoneros y la Tendencia Revolucionaria que planteaban la lucha por lo que llamaban la “Patria Socialista”.

Aquellos hechos fueron solo el inicio. En los meses siguientes la derecha peronista avanzó aun más, contando con el aval explícito del propio Perón, quien ganó las elecciones el 23 de septiembre y asumió como presidente el 12 de octubre. Entre aquellas dos fechas fue publicado lo que se conoció más tarde como el “Documento Reservado del Consejo Superior Peronista”, en el que se llamaba a “terminar con la infiltración marxista en el peronismo”.

El 23 de noviembre de aquel año, ya bajo la presidencia efectiva de Perón, hizo su primer atentando la Triple A. Fue contra el senador radical Hipólito Solari Yrigoyen. Esa banda paraestatal, organizada desde el Ministerio de Bienestar Social, que encabezaba López Rega, contó con la participación abierta de la burocracia sindical. Burocracia a la que el mismo Perón había fortalecido frente al descontento de las bases obreras con la modificación de la Ley de Asociaciones Sindicales.
A lo largo de los dos años y medio siguientes, las 3A y otras bandas de la derecha peronista asesinarían entre 1.500 y 2.000 luchadoras y luchadores obreros, populares y juveniles.

Lejos de “terminar con las divisiones” -como plantea Alberto Fernández- aquel tercer Perón vino a intentar imponer orden en un país sacudido por la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y el pueblo pobre. Un proceso que se había abierto con el Cordobazo en 1969 y solo podría ser clausurado por la brutalidad del golpe genocida en marzo de 1976.

Ese “último Perón” es del agrado de la derecha peronista. El ya fallecido José Manual De la Sota solía invocarlo. También lo hacía presentándolo como un “dialoguista”. Quien suele recordarlo en el mismo tono es Miguel Ángel Pichetto, el ex candidato a vicepresidente de Macri y ex jefe del bloque peronista en el Senado en los años en que Cristina Kirchner era presidenta.

Esa reivindicación se apoya en un punto real. El Perón que volvió del exilio llamó a acercar posiciones con el radicalismo que dirigía, en aquel entonces, Ricardo Balbín. Este dirigente de la UCR sería uno de los que llamaría abiertamente a los militares a dar el golpe de marzo de 1976. También con las Fuerzas Armadas y con sectores del gran empresariado.

Pero este viernes por la noche, Alberto Fernández eligió contar otra historia: una que disfrace los hechos y oculte el pasado.




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