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[Alemania] La huelga portuaria, la lucha contra la inflación y el retorno de la cuestión de la estrategia

Stefan Schneider

HUELGAS

[Alemania] La huelga portuaria, la lucha contra la inflación y el retorno de la cuestión de la estrategia

Stefan Schneider

Las huelgas en los puertos del norte de Alemania son la punta de lanza de la lucha contra la inflación. ¿Qué estrategia se necesita para llevarlos a la victoria?

En esta nota, Stefan Schneider, director del diario Klasse Gegen Klasse de Alemania, parte de la Red Internacional de La Izquierda Diario, describe la importancia de la lucha de los estibadores de los puertos del norte de Alemania por un aumento salarial por encima de la inflación para el conjunto de la clase trabajadora y la potencialidad de una perspectiva hegemónica para que los capitalistas paguen la crisis. Esta huelga salarial en los puertos alemanes –la mayor en 40 años– es parte de todo un proceso de huelgas y luchas salariales en Alemania y en toda Europa –en el marco de una inflación histórica para los países centrales y de la guerra aún en curso en Ucrania– que va desde la industria del acero, los aeropuertos en toda Europa, una huelga de más de 70 días en los hospitales en Alemania, la mayor huelga ferroviaria en Gran Bretaña en 30 años y huelgas anunciadas en distintas ramas durante todo el verano y otoño europeo–. Una vuelta a la escena con fuerza de la clase trabajadora que aún no supera los límites que imponen las burocracias sindicales pero que evidencia un cambio enorme en la subjetividad del proletariado en Alemania y en toda Europa.

Hace quince días, miles de estibadores de los puertos del norte de Alemania se pusieron en huelga por tercera vez en pocas semanas. La huelga de 48 horas para reclamar unaumento real por encima de la inflación fue el paro laboral más largo en los puertos en más de 40 años. Razón suficiente para que la patronal del puerto –y la otros sectores– tiemble por sus ganancias y ataque el derecho de huelga. En 17 ocasiones solicitaron intervenciones judiciales en los tribunales de trabajo para detener la huelga. El presidente de la asociación patronal BDA, Rainer Dulger, llegó a pedir la instauración de un“estado de emergencia nacional para facilitar” la anulación de la convocatoria de las huelgas en el futuro. Aunque la dirección del sindicato de servicios ver.di se pronunció en contra de estos ataques, finalmente aceptó un acuerdo extrajudicial en Hamburgo, descartando nuevas huelgas hasta el 26 de agosto. Esta auto-limitación no solo era completamente innecesaria –a fin de cuentas, las solicitaciones fueron derribados en otros tribunales locales y en el caso de Hamburgo, también, la vía legal estaba lejos de agotarse–. También plantea la cuestión de qué estrategia es necesaria para ganar realmente la lucha en el puerto.

El hecho de que el ataque al derecho de huelga por parte de la patronal, pero también la claudicación de la dirección de ver.di, sea tomado con gran resentimiento se muestra, por un lado, en una petición que ya cuenta con varios miles de firmas a los pocos días de ser lanzada, una gran parte de ellas de los propios trabajadores portuarios. Por otro lado, la voluntad de lucha de los compañeros se expresó en diversas acciones. Por ejemplo, al día siguiente del acuerdo extrajudicial en Hamburgo, 5000 trabajadores participaron en una manifestación de huelga y fueron atacados por la policía con gas pimienta. El fin de semana siguiente, una huelga de celo en la terminal Eurogate de Hamburgo hizo que apenas se pudieran manipular los buques, según declararon los trabajadores de la empresa a Klasse Gegen Klasse. Estas primeras reacciones progresivas muestran el enorme potencial que podría desplegar la lucha de los estibadores.

Los motivos de la voluntad de lucha de los trabajadores son múltiples, como relata Jana Kamischke, delegada sindical del puerto de Hamburgo: El “trabajo es cada vez más comprimido, falta personal. Lo normal son 60 horas extras y más al mes. La automatización está destruyendo empleos bien remunerados y creando cada vez más empleos precarios. Las empresas portuarias de Bremerhaven y Hamburgo cuentan con cientos de trabajadores eventuales además de sus empleados fijos, es decir, jornaleros modernos. En general, los salarios por hora oscilan entre 14 y 28 euros. Esta espiral hacia abajo lleva años en marcha. Pero con la inflación, no lo soportaremos más”.

Los llamados “trabajadores eventuales” son una conquista jurídica que les permite a las empresas portuarias utilizar a cientos o miles de trabajadores cada día de forma ultraflexible como trabajadores temporales, o no utilizarlos. El empleo temporal tiene una larga tradición en el trabajo portuario. Hasta mediados del siglo XX, era la norma en muchos lugares. Esta forma de empleo se justificaba por las fluctuaciones estacionales del transporte marítimo y la dificultad de calcular la llegada de los barcos. En la actualidad, los trabajadores no cualificados son contratados por una empresa “paraguas” (GHB por sus siglas en alemán), que no es más que una empresa de trabajo temporal y los presta a diario a las distintas empresas asociadas. Los trabajadores tienen un contrato de trabajo con derecho a vacaciones y seguridad social, pero no tienen un horario de trabajo garantizado. Reciben un salario garantizado por el GHB. Sin embargo, que se les permita trabajar o no, está sujeto a la arbitrariedad de los jefes.

Por si fuera poco, la patronal también intenta impulsar la división de los trabajadores en la actual paritaria, como informa también Jana Kamischke: “La patronal ofrece un 12,5 % a 24 meses, es decir, un 6,25 % a doce meses, y eso exclusivamente para los compañeros de las terminales de contenedores. Sin embargo, el gremio también se compone en gran medida de operaciones convencionales y de manipulación de automóviles. Los salarios de los grupos más bajos solo aumentarán un 2,78 %. Eso no es justificable”.

Es evidente que estos aumentos salariales son insuficientes. Mientras que la tasa de inflación general se sitúa ya en poco menos del 8 %, los aumentos de precios de los alquileres, los alimentos, la electricidad y la calefacción están muy por encima de esta media. Por ello, las personas con bajos ingresos, los pensionistas, los estudiantes, los desempleados y los beneficiarios de prestaciones sociales se ven especialmente afectados por la ola de inflación, ya que tienen que gastar una parte especialmente importante de sus ingresos en alimentos, energía y alquiler.

Mientras tanto, las compañías navieras obtienen ganancias récord. Por ejemplo, la naviera de Hamburgo Hapag-Lloyd obtuvo 4.000 millones de euros de ganancias solo en el primer trimestre de 2022. Aunque se transportó más o menos el mismo número de contenedores que hace un año, Hapag-Lloyd cobró el doble por contenedor que en 2021. Además, la empresa de Hamburgo HHLA obtuvo un beneficio de 228,2 millones de euros en 2021, lo que supone un aumento de más del 80 %. Particularmente explosivo: la ciudad de Hamburgo tiene una participación tanto en HHLA, que por sí sola fue responsable de once de las 17 solicitaciones de procesos judiciales sumarios contra la huelga, como en Hapag-Lloyd; en HHLA tiene incluso la mayoría de las acciones. También en Bremen, el grupo logístico BLG es de propiedad mayoritaria del Estado. En otras palabras, la creciente precariedad en el puerto y los ataques al derecho de huelga no son solo una expresión del afán de lucro de los capitalistas individuales, sino también de la política estatal.

El puerto como “posición “estratégica”

La razón es obvia: la logística en los puertos es fundamental para las ganancias capitalistas. De su funcionamiento dependen no solo las ganancias de las empresas portuarias, sino también el de la mayoría de todos los capitalistas. Cuantos más contenedores se puedan manipular, mayores serán las ganancias no solo para HHLA y compañía, sino para todos los capitalistas cuyos productos intermedios y finales circulan más rápidamente. Y a la inversa, los cuellos de botella en las cadenas de suministro, que han aumentado considerablemente desde la pandemia y son uno de los factores que impulsan la inflación, muestran lo que ocurre cuando la logística flaquea.

Los trabajadores del puerto, como los define el historiador John Womack, ocupan una posición estratégica “que permite a algunos trabajadores determinar la producción de muchos otros, ya sea dentro de una empresa o en toda la economía”. Aunque Womack aplica esta definición solo a la relación entre trabajadores y jefes, se puede derivar de ella algo más general: Si la clase obrera ocupa todas las posiciones estratégicas básicas en la producción, la distribución y los servicios, tiene un enorme potencial para influir en la relación de fuerzas entre el trabajo y el capital en su conjunto y también para plantear la cuestión del poder en la lucha contra los capitalistas y su Estado. Por supuesto, las “posiciones estratégicas” pueden utilizarse en el plano puramente económico, pero también pueden ser una fuerza enorme para desarrollar la hegemonía de los trabajadores en la lucha contra el sistema capitalista en su conjunto.

Sin embargo, que esto ocurra o no, no es una conclusión dada. Como clase, la posición del proletariado en el proceso de producción capitalista ya está establecida. Otra cuestión es si utiliza esta posición, para qué programa y con qué estrategia.

Esto nos lleva a la cuestión central de este artículo. Las huelgas en el puerto tienen una importancia estratégica en varios aspectos. Están negociando quién debe pagar los costes de la crisis inflacionaria: los capitalistas o los trabajadores. En particular, es importante resistir los intentos de la patronal de dividir a los trabajadores. Sería fatal aceptar solo una compensación por inflación para los grupos de salarios más altos que se sientan en las palancas más importantes de las terminales de contenedores, mientras que los sectores precarios del puerto se vayan prácticamente con las manos vacías. La cuestión es que los estibadores que pueden ejercer más presión a través de su huelga no solo hagan huelga para sí mismos en un sentido corporativo, sino junto con los sectores precarios como los trabajadores eventuales, que son más fácilmente reemplazables para el capital. Pero el argumento también se puede generalizar: los estibadores se enfrentan a la tarea no solo de ganar ellos mismos la lucha por la compensación de la inflación, sino de unir fuerzas con todos los sectores de la clase obrera que ya están en lucha o lo estarán en los próximos meses, y de establecer un programa hegemónico contra la inflación, la crisis y la guerra.

Un programa de este tipo debe partir de la exigencia de aumentos inmediatos de los sueldos, salarios, pensiones y prestaciones sociales por encima del nivel de la inflación, y de un ajuste automático de éstos al aumento de los precios. Al mismo tiempo, este programa debe levantar el tope estatal de precios, controlado por comités de trabajadores y consumidores, en la lucha contra el aumento del coste de la vida. Esto incluye necesariamente la cuestión de la apertura de las cuentas de las empresas para controlar el destino de sus ganancias. Las empresas que suben los precios a pesar de sus ganancias o que preparan despidos y cierres, por ejemplo, deben ser expropiadas sin indemnización y nacionalizadas bajo control de los trabajadores. La inminente crisis del gas durante el invierno europeo hace que estas exigencias sean más urgentes que nunca para millones de personas. Un suministro energético nacionalizado podría planificarse democráticamente. Esto permitiría decidir democráticamente y controlar que ningún hogar sufra esta crisis. Esta perspectiva también podría generalizarse a la nacionalización de todas las industrias clave y del sector bancario bajo el control de los trabajadores.

La verdadera razón del agravamiento de la crisis económica reside en la escalada imperialista en Ucrania y en la perspectiva de nuevas crisis y nuevas guerras. Por lo tanto, no puede tratarse de quedarse de brazos cruzados o limitarse a luchar solo por la conservación de los salarios. Por el contrario, las organizaciones de la clase obrera deben ponerse a la cabeza de la lucha contra la maquinaria de guerra e impulsar una movilización independiente contra los planes de rearme, el envío de armas y tropas en misiones en el extranjero, la guerra económica con sanciones y la política reaccionaria de asilo. También en este caso, los estibadores tienen una posición estratégica, ya que pueden interrumpir directamente la logística de la guerra y ponerse así a la cabeza de la lucha contra la escalada militarista que pone en peligro la vida de millones de personas. Ya existe una iniciativa de petición de referéndum contra el transporte y transbordo de armamento a través del puerto de Hamburgo. La actual acción industrial puede brindar la ocasión de ampliarla.

El punto de partida es prometedor, ya que las huelgas en el puerto forman parte de una tendencia más general hacia más huelgas y acciones industriales contra la inflación y la crisis que existe en muchos países europeos. Sin embargo, esta tendencia es desigual, ya que en Alemania en particular, las huelgas salariales han sido sofocadas hasta ahora por la burocracia con acuerdos por debajo de la tasa de inflación, como en la industria del acero. No obstante, se está extendiendo la conciencia de que es necesario llevar a cabo una lucha ofensiva por salarios más elevados, como se ha podido comprobar en la huelga de Lufthansa –que forma parte de una auténtica oleada de huelgas en el transporte aéreo de toda Europa–, en la próxima paritaria del metal y, previsiblemente, en la paritaria del servicio público en invierno.

Una estrategia centrada en la lucha de clases que desafía la mediación reformista

Así, para generalizar estas tendencias iniciales hacia una mayor actividad y protagonismo de la clase obrera y superar su amordazamiento por el control burocrático de los aparatos sindicales, vuelve con toda su fuerza la necesidad de discutir la cuestión de la estrategia.

El ataque al derecho de huelga en el puerto –que, sin embargo, no es ni mucho menos el único, como demostró el intento de los hospitales universitarios de Renania del Norte-Westfalia de que los tribunales prohibieran las huelgas allí– fue respondido por la burocracia de ver.di en Hamburgo con un acuerdo extrajudicial, sin ninguna consulta con los trabajadores o los delegados sindicales. Esto ata las manos de los estibadores hasta el 26 de agosto, mientras se llevan a cabo nuevas negociaciones al mismo tiempo. Por lo tanto, el riesgo de que se llegue a un acuerdo en la mesa de negociaciones por debajo de la relación de fuerzas real es muy alto.

Solo por eso es necesario poner en el centro una estrategia de autoorganización de los trabajadores que vaya más allá de la solución negociada de la burocracia sindical. En contra de la negociación a puerta cerrada sin influencia de las bases, es necesario organizar asambleas abiertas de todos los trabajadores del puerto en lucha –estén sindicalizados o no, sean trabajadores fijos o eventuales– para decidir los métodos de lucha, el resultado de las negociaciones y la continuación de la huelga. Esto incluye tanto la discusión de formas alternativas de acción de huelga, como las huelgas de celo, al desafío del propio acuerdo extrajudicial, como la necesidad de unir las fuerzas más amplias posibles en una gran campaña de organización y lucha contra la inflación y los efectos de la crisis en su conjunto. Porque no se trata solo de organizar la victoria en el puerto, sino de cómo la lucha en el puerto puede convertirse en un faro para los trabajadores de toda Alemania y a nivel internacional.

No solo es una tarea estratégica para los propios estibadores liberarse de las garras de los aparatos, sino que también enfrenta a toda la izquierda sindical y política a una decisión sobre la dirección: ¿sumisión a la estrategia de las burocracias de los sindicatos y de los partidos reformistas –que apunta a acuerdos de negociación sin grandes luchas, “acción concertada” con el gobierno y aislamiento de las luchas–? ¿O avanzar en la autoorganización de los trabajadores en la lucha por un programa hegemónico para hacer pagar la crisis a los capitalistas, a partir de la unificación de toda la izquierda sindical y política en una gran coordinación destinada a acompañar esta y todas las luchas con solidaridad activa e imponer la unidad de acción a las burocracias sindicales para estas reivindicaciones?

La tarea de impulsar esta coordinación corresponde en particular a la Red de Sindicatos Militantes (VKG). A principios de octubre celebrará una conferencia en Fráncfort del Meno sobre las estrategias sindicales contra los recortes salariales, los recortes sociales y el rearme. Aunque el apoyo a la huelga portuaria no puede esperar hasta entonces, debe desempeñar un papel central en ella.

La razón por la que esta coordinación no es solo un apoyo táctico a tal o cual huelga, sino una tarea estratégica central, queda clara por dos aspectos:

Por un lado, especialmente en los sectores estratégicos para la acumulación de capital, como la industria pesada o el puerto, el control de la burocracia sindical sobre las luchas y su cooptación tras los intereses del capital es enorme. En el caso de las huelgas portuarias, esto se puede ver tanto en el hecho de que no ha habido una huelga de este tipo desde hace 40 años –lo que no significa otra cosa que la burocracia sindical ha impuesto negociaciones de trastienda con la patronal durante 40 años sin luchas activas de los trabajadores del puerto– como en el hecho de que uno de los actuales negociadores de los capitalistas en el puerto es Torben Seebold. Anteriormente fue jefe de la sección nacional de la industria marítima del sindicato ver.di. Por lo tanto, es necesario organizar la base de los estibadores para una lucha contra la burocracia, es decir, construir una facción antiburocrática dentro del sindicato que pueda desafiar a la burocracia y finalmente echarla.

Por otra parte, esto requiere una ruptura con la estrategia dominante en la izquierda, que consiste en ganar elecciones y obtener escaños parlamentarios para cogestionar o hacer más soportable la miseria capitalista encabezando el Estado burgués. Esto es, por supuesto, lo que ocurre con el SPD, que hoy en día, a la cabeza de la “coalición de progreso”, quiere mitigar los efectos de la inflación con promesas reformistas, mientras que, al mismo tiempo, está aplicando el mayor paquete de rearme en décadas y quiere convertir a Alemania en una potencia militar imperialista de primer orden, capaz de subyugar a Europa del Este y a otras regiones no solo económica sino también militarmente. Pero esto también se aplica al Partido Die Linke y a las organizaciones de la izquierda extraparlamentaria que están directa o indirectamente vinculadas a él: mientras que hoy vemos tendencias iniciales hacia más fenómenos de lucha de clases en toda Europa, Die Linke está en la crisis más profunda de su historia y no juega ningún papel en los procesos de lucha actuales, sino que se tambalea de una derrota electoral a la siguiente. Es cierto que el antiguo líder del partido, Bernd Riexinger, así como algunos grupos locales de la juventud del partido, apoyaron la recogida de firmas de los trabajadores portuarios en defensa de su derecho a la huelga. Sin embargo, todavía no ha surgido una política visible al respecto. Y lo que es más: una y otra vez se puede encontrar a Die Linke al otro lado de la barricada. Por poner solo un ejemplo: en las huelgas del movimiento hospitalario de Berlín, el partido formó parte del gobierno berlinés, contra el que se dirigieron las huelgas en última instancia. Y en Bremen, donde la ciudad es propietaria mayoritaria de la empresa de logística BLG, contra la que se dirige la acción industrial de los trabajadores portuarios, Die Linke también está en el gobierno.

Tras el congreso partidario de Die Linke en junio donde se trató la crisis profunda del partido, llamamos a los sectores más de izquierda del partido y a las organizaciones de la izquierda radical a organizar una conferencia socialista para discutir un balance de Die Linke y su crisis. Tras el ejemplo de las huelgas portuarias, queremos concretar la propuesta de hablar allí en particular de la inflación, de las luchas contra ella y de una perspectiva de lucha de clases de la izquierda.

Una perspectiva de lucha de clases, sin embargo, tiene que basarse en la autoorganización de los trabajadores independientemente de y en la lucha contra las burocracias de sus propias organizaciones de masas –los sindicatos– y contra el Estado. Esto solo es posible en la ruptura con la estrategia reformista de centrarse en las elecciones y la integración en el Estado burgués.

¿Cuál es la alternativa? Para León Trotsky, la estrategia era “el arte de vencer, es decir, de apoderarse del mando”. Para él, se trataba de combinar todos los elementos para conquistar el liderazgo, para ganar. Es decir, se trata de reunir fuerzas que nos permitan unir todas las fuerzas en el momento oportuno para volverlas contra la clase dominante, para romper su voluntad e imponer la voluntad de los explotados.

Hoy, la clase dirigente quiere hacernos pagar los costes de la pandemia, la crisis económica y la guerra de Ucrania. Por lo tanto, la lucha por los aumentos salariales en tal o cual fábrica no puede separarse de esta perspectiva estratégica de imponer la voluntad de los explotados contra la voluntad de la clase dominante. Esto significa que la lucha en el puerto es, por un lado, una lucha contra los efectos de la inflación, es decir, por el aumento de los salarios, y, por otro lado, para que las estibadoras tomen las riendas en sus propias manos e impongan una alternativa hegemónica para la totalidad de los explotados y oprimidos.

Sin embargo, esto solo es posible si los estibadores superan los límites que les impone la burocracia sindical. Y eso, a su vez, depende de que la izquierda (revolucionaria) supere el mal menor de los pactos con las direcciones sindicales y la cogestión del Estado capitalista, y busque en cambio su centro estratégico en la lucha de clases y se proponga ocupar las posiciones estratégicas y utilizarlas en la lucha contra la patronal y el gobierno.


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