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Red Internacional

Debate constituyente. ¿”Amplia unidad” por el apruebo desde la ex Concertación hasta Movimientos Sociales Constituyentes?

Un debate con Movimientos Sociales Constituyentes. Estas líneas buscan aportar al debate político y estratégico en la izquierda, lo que es un verdadero imperativo en un momento en donde los poderes reales operan día y noche en ambos lados de la papeleta. Es por esto que desde la La Izquierda Diario estamos impulsando una sección de debate abierta de cara al plebiscito, donde encontrarás información sobre el proceso, tribuna abierta para columnistas y organizaciones, polémicas, entrevistas y mucho más.

Fabián Puelma@fabianpuelma

Jueves 28 de julio | 06:10

Este miércoles 27 de julio se realizó el lanzamiento del Comando de los Movimientos Sociales, "Apruebo Nueva Constitución". En Santiago la actividad fue encabezada por Karina Nohales de la Coordinadora Feminista 8M, Manuela Royo, exconvencional y representante de Modatima y , Carlos Díaz, presidente del Colegio de Profesores y Profesoras.

El Comando agrupa a las organizaciones que formaron parte de Movimientos Sociales Constituyentes (MSC). Además de Modatima, Colegio de Profesores y la C8M, se sumaron al Comando otras organizaciones político-sociales como la Red de Mujeres Mapuche, la Coordinadora Social de Magallanes, la Asamblea Permanente por la Legalización del Aborto y el Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular.

Se definieron como independientes del gobierno y anunciaron que el eje de su campaña estará centrada en el despliegue territorial en comunas populares, con protagonismo de organizaciones sociales y no partidos políticos.

Sin embargo, los y las voceras evitaron a toda costa aparecer dividiendo la unidad por el apruebo y evitaron cualquier crítica al gobierno y al proceso constituyente. El nuevo comando será un actor más dentro amplio arco que incluye no sólo al gobierno de Boric y a los partidos de Apruebo Dignidad, sino que a la mismísima ex Concertación.

Transversalidad con los partidos de los 30 años

Manuela Royo fue explícita en este sentido. Ni siquiera denunció el “apruebo para reformar” que es la bandera de sectores “progresistas” del empresariado y los partidos de los 30 años: “nos parece relevante definir que nuestro principal objetivo es lograr el Apruebo, donde también es importante avanzar en lograr consensos y acuerdos. Por eso es que concordamos con lo que ha dicho el Presidente Boric, respecto de que hoy día el primer objetivo es Aprobar, y que hay otras cosas que se tienen que conversar después, pero entendiendo que lo importante es terminar con esta Constitución de la dictadura, y unirnos en eso”, afirmó Royo.

La ex convencional fue más allá. Frente frente a la decisión del Comando “Aprueba x Chile” de elegir como voceros a los diputados Vlado Mirosevic (PL) y Karol Cariola (PC), aseguró “me parece muy importante que representantes del poder constituido puedan también demostrar su apoyo, porque con eso se evidencia una transversalidad que es útil al objetivo, que es el triunfo del Apruebo”.

Es por esto que la “independencia” del Comando de Movimientos Sociales Constituyentes no es una independencia política. Por el contrario, la “política” la está poniendo el Comando de Apruebo Dignidad con los partidos de la ex Concertación. Mientras que, lamentablemente, las conducciones de las organizaciones sociales, territoriales y sindicales las están llevando a ser furgón de cola del gobierno.

Confiar en una constitución o en nuestras propias fuerzas

Una política independiente resulta imposible sin apuntar a fortalecer la auto-organización y movilización de la clase trabajadora, las comunidades y los sectores populares. Partiendo porque incluso de ganar el apruebo y la nueva constitución, los derechos reconocidos serán papel mojado si es que no los hacemos realidad a través de la organización y la movilización. Sobre todo en un contexto económico y social marcado por una inflación histórica, una recesión que se avecina y un gobierno que impulsa reformas en la medida de lo posible, es decir, respetando los márgenes que dictan los grandes empresarios.

Karina Nohales fundamentó la campaña del nuevo Comando “porque reconocemos la urgencia de recibir sueldos que alcancen para vivir y no sólo para sobrevivir, para tener derecho a una casa digna que no se filtre con la primera lluvia, para no tener que hacer nunca más un bingo para tener que pagar la operación de un vecino o familiar; para poner fin a las pensiones de miseria que no alcanzan para pagar ni arriendo”.

Plantear que estas urgencias se resolverán votando apruebo o por la Nueva Constitución no sólo es falso, sino que desarma a la hora de enfrentar la ofensiva de la derecha y los empresarios. ¿Para qué fortalecer las organizaciones de la clase trabajadora y el pueblo si votando se soluciona?

La Convención Constitucional y la pasivización de la movilización popular

Uno de los objetivos declarados del proceso constituyente fue “encauzar” la revuelta. El “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” no sólo le salvó el pellejo a Piñera, sino que estableció el itinerario constitucional completo, incluyendo el actual plebiscito, subordinado a los poderes constituidos de un régimen que hacía aguas por la movilización popular.

Los grandes poderes económicos y la clase dominante saben que el régimen político de la transición ya no es funcional a mantener la gobernabilidad política. De hecho, no se cansan de repetir que sin gobernabilidad y certidumbre, no son sustentables sus negocios capitalistas.

Toda la disputa constituyente tiene ese telón de fondo: cuáles son las reformas que están dispuestos a permitir y cuáles son las líneas rojas. Pero la pre-condición para esta negociación en los pasillos del régimen era pasivizar la movilización popular, reprimir y desmoralizar a los sectores más decididos (manteniendo encarcelados a lxs presxs políticos y la impunidad) y la Convención Constituyente dentro de los márgenes de los poderes constituidos.

A decir verdad, Movimientos Sociales Constituyentes ha sido parte de esta pasivización. Antes de la elección de constituyentes, los dirigentes de Movimientos Sociales Constituyentes se posicionaron críticos al "Acuerdo por la Paz", dijeron que la tarea era “desbordar la Convención Constitucional” y desarrollar la movilización porque la Convención no era una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Antes de que se instalara la Convención nos dijeron que no podía haber proceso constituyente con presxs políticos.

Sin embargo, no hubo ni tentativa siquiera de desborde, ni rodeo a la convención y lxs presxs siguieron encarcelados mientras se negociaban las normas constitucionales con el Frente Amplio, el Partido Comunista y el Partido Socialista. Ahora resulta que el quórum de dos tercios no era tan mala idea. Incluso Alondra Carrillo terminó votando a favor del nuevo sistema político, uno de los aspectos más conservadores de la nueva Constitución.

Hay quienes dicen que la principal ganada de la nueva Constitución es que genera las condiciones para fortalecer al movimiento popular, porque da herramientas institucionales y legales para dicho fortalecimiento. Pero decían exactamente lo mismo con la Convención Constitucional. La bancada de convencionales independientes sería una herramienta al servicio de la organización y la movilización. Pero la realidad es que pasó exactamente lo contrario. Luego del proceso constituyente, no sólo las movilizaciones son más débiles, sino que también las asambleas y organizaciones territoriales se han debilitado. ¿Por qué esperar, entonces, que la nueva Constitución será la llave para la rearticulación del movimiento obrero y popular?

Lo cierto es que MSC ha dedicado gran parte de sus energías y fuerzas a la negociación constitucional y a diseñar el entramado institucional del Estado, que sigue siendo un Estado capitalista y patriarcal; y no precisamente a desarrollar la organización y movilización independiente. El abogado Javier Pineda, que es parte de MSC, planteó en una reciente entrevista que la tarea que se planteaba después del plebiscito en el caso de ganar el apruebo, sería disputar la tramitación de los proyectos de ley, ya sea incidiendo en las iniciativas del presidente o utilizando herramientas como la iniciativa popular de norma constitucional. O sea, la lógica de llevar la organización y fuerzas de las organizaciones sindicales y sociales a los tiempos y trampas del régimen seguirá ad infinitum.

Frente a la pasivización que ha logrado el proceso constituyente, hay que discutir otra estrategia. El desafío ante el plebiscito es impulsar una política independiente desde la clase trabajadora y los sectores populares. Enfrentando la derecha del rechazo, pero sin confianza en que la nueva constitución resolverá las demandas de octubre.




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