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Red Internacional

Los recientes hechos ocurridos en la Araucanía pusieron en cuestionamiento no solo al controvertido Comando Jungla, sino que de paso a toda la agenda represiva del actual gobierno, en momentos en que Piñera no se encuentra en el país y tampoco da señales de volver, a pesar de la gravedad de la situación.

Álvaro Pérez Jorquera Profesor de Historia y Geografía, historiador y músico

Sábado 17 de noviembre de 2018 | 01:09

Luego de los violentos hechos ocurridos en la Araucanía que terminaron con un comunero mapuche asesinado por el cuestionado Comando Jungla, las críticas sólo parecen comenzar para la Moneda.

La oposición viene exigiendo la vuelta adelantada de Piñera que anda en el extranjero, al tiempo que piden que Chadwick compadezca ante el congreso en una interpelación parlamentaria. Por otro lado la derecha viene respondiendo a la defensiva luego de que el sustento de las primeras versiones oficiales se han estado cayendo argumentativamente abriendo la posibilidad de estar ante un nuevo montaje policial al estilo Caso Bombas y Huracán, con una gravedad mucho mayor al terminar en asesinato.

Al rechazo de la oposición, se suma multiplicando por 10, el de las diversas organizaciones políticas y sociales en las calles, reflotando el fantasma del 2011 que fracturó el primer gobierno de Piñera, con el horizonte concreto en el que se unifiquen tanto el rechazo a la violencia estatal en territorio mapuche, como a los demás aspectos tales como Aula Segura y la contaminación en Quintero (con otro asesinato de por medio).

Y es que estamos asistiendo al apogeo de la agenda represiva como vía para frenar cualquier descontento, utilizada focalizadamente ante puntos críticos para el gobierno para maniatar a los sectores más dinámicos a la hora de enfrentar al gobierno, como lo son los estudiantes, los activistas medioambientales y las comunidades mapuche. Es esta misma agenda transversal la que hoy se cuestiona, a lo que el gobierno, encabezado hoy por Chadwick en ausencia de Piñera, busca frenar con más violencia, como fue ayer ante las multitudinarias marchas realizadas por todo Chile.

Esto se suma además al desprestigio en el que viene sumido Carabineros por los casos de montaje y fraude al fisco en la que ha estado involucrada la institución, que de conjunto le pone límites a la agenda de la represión por cuanto no está sirviendo para descomprimir -sino muy al contrario-, está alentando mayores movilizaciones, las cuales no escalan más allá debido al rol pasivo de la oposición que espera resolver la crisis dentro de la institucionalidad, la misma que está hecha para mantenerse a la fuerza con la existencia de enclaves autoritarios como lo son la impunidad de la justicia militar o el propio Tribunal Constitucional que ha actuado como retroexcavadora de las reformas.

En este marco es de vital importancia el llamado a reunirse este sábado 17 en el foro griego de la Usach, no sólo para detener a la derecha, sino también para poner en pie una izquierda consecuente, anticapitalista e internacionalista que esté a la altura de la crisis impulsando una salida independiente, del propio pueblo trabajador.




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