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Red Internacional

CONSTITUYENTE. Ahora a Jaime Bassa (FA) le gustan los dos tercios: “Juegan un rol distinto, la derecha no tiene poder de veto”

En lo que viene siendo una vuelta de chaqueta de varios referentes de la izquierda en la convención constitucional, el abogado Jaime Bassa señaló que una modificación al quórum ya no es necesario, debido a que la derecha no alcanzó el tercio. Pero el verdadero veto no es la derecha, sino los empresarios que poseen conexiones políticas y económicas con los partidos desde la derecha hasta los independientes ligados a la ex Concertación.

Antonio PaezDirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Miércoles 26 de mayo de 2021 | 03:19

Luego de los dichos de Atría y el quórum, ahora le tocó su momento al abogado constitucionalista Jaime Bassa el profundizar su posición sobre el tema de los ⅔ en la convención.

En una entrevista en radio La Clave señaló que dado el escenario postelecciones "Los dos tercios empezarían a cumplir una función distinta (…) la derecha ya no tiene poder de veto. Ese poder de veto se ha distribuido de forma un poco más equitativa".

Pero esta distribución más “equitativa” tampoco es del todo real, ya que Bassa asume que el sector que obstruye los cambios “un poco más estructurales” vendría solo desde la derecha, cuando la realidad de los últimos 30 años ha sido todo lo contrario.

Recordemos que a la salida de la dictadura gobernó por 4 gobiernos consecutivos la Concertación (hoy la lista del Apruebo) y fue este sector el que terminó de privatizar todo lo que Pinochet no alcanzó: Entre los gobiernos de Frei (DC) y Bachelet (PS) pasaron de manos del Estado a privados las sanitarias (Emos, ESVAL, etc.), se entregó la concesión de los puertos, se privatizó las empresas distribuidoras de energía (Colbún), se privatizaron las carreteras, las empresas de telecomunicaciones entre otras.

Fueron los gobiernos de la Concertación los que favorecieron el crecimiento de las empresas ligadas a la educación superior, sus propios militantes integraron e incluso defendieron en el TC (Pilar Armanet) el lucro de las universidades privadas a costa del endeudamiento de millones de jóvenes, participaron en la venta de acreditaciones (Luis Eugenio Díaz, ex Izquierda Cristiana) a través del extinto Consejo Nacional de Acreditación (CNA). No está de más señalar los escándalos de corrupción del MOP-GATE (2000), los casos de corrupción y financiamiento ilegal de la política por parte de SQM entre tantos otros.

Para poner ejemplos más recientes estos sectores votaron leyes que criminalizan la protesta como la “ley Antibarricadas”, leyes que perjudican a cientos de miles de trabajadores como la “ley de (des)protección del empleo”, votaron a favor de mantener el control represivo a través de la extensión del toque de queda entre otros proyectos.

Sin lugar a dudas lo más podrido de la política chilena está representada por la derecha, pero no podemos olvidar de que la DC, el PR, el PPD y el PS también fueron cómplices de la implementación y consagración del modelo neoliberal en Chile. No podemos caer en la trampa de que “ahora aprendieron” o de que “escucharon al pueblo” como ingenuamente puede creer el abogada Bassa.

No se trata de enfrentar solo a la derecha, hay que barrer con los partidos de los 30 años.

A partir del escenario abierto luego del 15 y 16 de mayo, lo que está sobre la mesa es la posibilidad concreta de invalidar el acuerdo al que llegaron los partidos de la cocina con el acuerdo por la paz. Esta discusión no se limita a si dos tercios o no, sino si la mayoría de quienes hoy componen la constituyente, que son partidos y agrupaciones de independientes que han declarado que respetaran la necesidad de transformaciones estructurales que exigió la calle durante el estallido de octubre harán valer esa mayoría.

No pueden seguir excusándose en los quórum, la “democracia” que se heredó de Pinochet y Guzman, de los “consensos necesarios” con los sectores empresariales que han sacrificado a parte de la población para sus ganancias, para la “estabilidad del país” que mantiene a millones de jóvenes endeudados.

A diferencia de lo que piensa Bassa de que "El objetivo que tenemos no es reemplazar una Constitución revanchista de derecha, por una Constitución revanchista de izquierda", creemos que de lo que se trata es de recuperar los derechos que nos robó la dictadura y la concertación y poner los recursos del país al servicio de la mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares. Si eso Bassa lo considera revanchismo ya es otro cuento.




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