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Red Internacional

Columna de opinión. Boric, Ávila y el retorno a clases presenciales ¿A quiénes se busca tranquilizar?

Boric declaró ante la ENADE que la vuelta a clases presenciales era una prioridad, mientras que Ávila plantea que la presencialidad debe ser la regla, a pesar de los reparos del Colegio de Profesores. Con una vuelta a clases que a menos de un mes no tiene un plan claro de cómo garantizar condiciones sanitarias y contagios en aumento ¿Qué necesidades se está satisfaciendo, las de las y los estudiantes o las de los empresarios?

Hoy, cuando la cantidad de nuevos contagios asciende a más de 35 mil, con 118 mil casos activos, el problema de la vuelta a clases sigue siendo una de las principales preocupaciones del sector educativo.

Hace menos de un mes que el odiado ministro Figueroa hacía pública la decisión del Mineduc de ordenar el retorno a clases presenciales obligatorias para el 2 de marzo, tras lo cual destinó 270 millones de pesos para una nueva campaña por la vuelta a clases, los que se suman los 300 millones de pesos de la campaña anterior, que sin embargo no tuvo el efecto esperado pues la gran mayoría de las familias sencillamente no enviaron a sus hijos a los establecimientos desconfiando abiertamente de los resguardos que establecía el Mineduc, lo cual no sorprende considerando que en su primer intento de vuelta a clases en marzo de 2021, que fue también sin condiciones, 50 establecimientos debieron cerrar sólo en la primera semana debido a contagios de Covid ¿Cómo no desconfiar?

Por eso es preocupante para muchos colegas la posición que toma Boric, quien en el encuentro ENADE 2022 aseguró a los empresarios “que los colegios tienen que ser los últimos en cerrar y los primeros en abrir” argumentando que se debe enfrentar la brecha educativa que se abrió en pandemia. El próximo ministro de Educación, Marco Ávila, aseguró en a misma línea, que “la presencialidad debe ser la regla, las primeras en abrirse y las últimas en cerrarse deben ser las escuelas”, sin emitir más comentarios “para no polemizar” con el Colegio de Profesores que criticó la decisión, planteando por medio de su presidente, Carlos Díaz, que no había confianza por parte de padres y apoderados porque no había ninguna claridad sobre cómo estaban los establecimientos para recibir a las y los estudiantes.

Y es preocupante, por que desde ya, tanto Boric como Ávila le hablan a los empresarios para tranquilizarlos ¿Y que pasa con la tranquilidad de profesores, estudiantes y familias? ¿Cómo no desconfiar si mientras aumentan los contagios, y los trabajadores de la salud se suicidan por agobio y falta de personal, no hay ningún plan concreto a menos de un mes de la supuesta vuelta a clases presenciales?

Vuelta a clases presenciales ¿tranquilidad para quién?

Si bien la brecha educativa es una realidad, el enfrentarla no puede ser a costa de arriesgar la salud de miles de estudiantes, trabajadores de la educación y sus familias para contentar a unos cuantos magnates, pues algo que no menciona ni Boric ni Ávila es que el principal responsable de agigantar esa brecha es el propio Mineduc, que ha gastado en total más de 500 millones de pesos en campañas de retorno a clases y no fue capaz de poner un solo peso para garantizar la conectividad de profesores y estudiantes, lo que tuvo como consecuencia que miles de estudiantes quedaran excluidos en la práctica del sistema educativo, siendo el primer quintil el más afectado con alrededor de un 68% de exclusión ¿Cómo se hará cargo el gobierno de Boric y el Mineduc de Ávila de este problema estructural, que no sea aumentar el agobio de los trabajadores de la educación, que es la marca registrada de Piñera y Figueroa?

El Colegio de Profesores ha protestado tibiamente ante estas posturas, hablando de la desconfianza de las familias, pero sin apuntar al problema de fondo, y es que enfrentar esa brecha es una responsabilidad en primer lugar del propio Estado, para la cual debe garantizar condiciones sanitarias para los trabajadores de la educación y estudiantes, y recursos para contratar más docentes y herramientas que permitan un trabajo pedagógico adecuado, incluyendo tecnología y conectividad, lo cual no se puede hacer con un gobierno de Boris comprometiéndose de antemano con los empresarios y con Piñera a respetar su presupuesto.

Los trabajadores de la educación debemos partir por exigir un plan de emergencia, que implique mayores recursos para Educación para estas herramientas y para nuevas contrataciones, que no pueden ser en completa inestabilidad laboral pues es una brecha que va a requerir un seguimiento de varios años, y que la vuelta a clases tenga una planificación y seguimiento realizada tanto por las comunidades educativas como por los trabajadores de la salud que permitan ir atendiendo las necesidades de las y los estudiantes sin poner en riesgo la salud, poniendo al centro las necesidades educativas y no la tranquilidad de un puñado de empresarios de la ENADE.

Esa es la perspectiva de organización que hay que exigir al Colegio de Profesores también, es momento que convoque y organice para los primeros días de marzo este debate y un estado de alerta para movilizar para que sean las bases las que decidamos, quienes hemos estado en primera línea enfrentando la exposición y el agobio laboral de un gobierno que se negó a entregar recursos cuando más se necesitaba, pues hasta ahora viene pesando en el nuevo gobierno la tranquilidad empresarial más que la de las comunidades educativas que van a ser finalmente las que estén expuestas a un nuevo retorno a clases desastrozo.


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