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Red Internacional

Aprobar para reformar. Boric y Apruebo Dignidad se abre a pactar con la derecha reforma a nueva constitución ¿Entonces, que votamos este 4 de septiembre?

¿Quién ganará el plebiscito si los derechos sociales que la nueva constitución establece, deberán negociarse con la derecha que tiene el control del actual congreso?

Joaquín RomeroSantiago de Chile

Martes 26 de julio | 08:19

Hace semanas que el rechazo aparece puntero en todas las encuestas. El exceso de confianza ha envalentonado a los sectores más reaccionarios de la sociedad quienes ya sacan cuentas alegres imaginando una victoria que les permitiría revertir la relación de fuerzas de la rebelión. El error que cometen es el mismo que los reformistas, creer que las elecciones , y peor aún las encuestas, definen las situaciones históricas cuando simplemente nos entregan una fotografía de los acontecimientos.

Y el movimiento concreto de esta historia está dado por una crisis política, que más allá de la contingencia, sigue plenamente vigente en el país. Es más, esta crisis política solo se profundiza si tenemos por base una situación económica que se deteriora día a día con salarios que valen cada vez menos por la inflación y por jornadas laborales cada vez más extenuantes para llegar a fin de mes. El descontento, la rabia, la frustración encuentra asi vías las más diversas vías de expresión, incluso en los sentidos comunes de los grupos dominantes.

Pero lo inestable de la situación no es ajeno al análisis de los círculos del poder económico y político. Por eso es que más allá de las expresiones más vociferantes o de sus especuladores más voraces ( que incluso están ganando dinero con la revalorización de ciertas empresas que se verían favorecidas de ganar el rechazo), el régimen es plenamente consciente de que alcanzar una salida favorable tampoco es tarea fácil.

El alza del rechazo ha sido, una excelente oportunidad no desaprovechada para humillar aún más a la izquierda reformista y al progresismo y forzarlo a negociar en un pie de superioridad. Pero en la negociación está la clave, dado que si bien cuenta la clase dominante con un congreso favorable a sus intereses este carece de la legitimidad social necesaria, sobre todo tras la rebelión, para ponerse a la cabeza de la restauración de un régimen político desgastado como el chileno. Un error de cálculo y las imágenes que nos llegan de siri lanka, ecuador y panamá podrían repetirse en chile, y sabemos lo sensible que es nuestro país a las tendencias internacionales.

Por lo mismo, toda la presión de los empresarios y su casta política ha estado en doblegar al gobierno de Boric para expulsar de este cualquier esperanza de que será posible transformaciones sustanciales al régimen de la propiedad concentrada de las grandes riquezas de este país. De ahí que la prensa hegemónica lleva desde el día uno presionando al gobierno, uno que saben débil, para que encabece el proceso transicional hacia una nueva institucionalidad.

La derecha ensayó , ayudado por la vieja concertación más interesada en preservar sus privilegios de casta atrincherados en el senado, para esta operación de acorralar al gobierno. Sin embargo, Boric no requirió de mucha presión para permitir que el bacheletismo, rearmado y reorganizado en su propio gobierno, encabezará la fórmula mediante la cual el “apruebo para reformar” busca presentarse como la alternativa más viable para que los empresarios puedan respirar tranquilos de que se logrará cierta paz social compatible con preservar sus privilegios.

Asesorado por la comisionada de la ONU, Boric decidió tomar el control de la agenda enrostrando la debilidad de legitimidad del congreso deslizando que de ganar el rechazo un nuevo proceso constituyente debería comenzar. Y si bien no faltaron los indignados, la realidad política les obliga a respirar profundo y pensar seriamente sus próximos pasos. Mejor que un gobierno que goza de cierta legitimidad haga el trabajo sucio que los empresarios no pueden hacer abiertamente desde el congreso. Debilitar hasta el extremo a Boric tampoco parece ser una jugada muy inteligente, sobre todo cuando el plebiscito está tan ligado a su gestión. De ahí, que al ministro de hacienda se le diera más margen para aumentar las ayudas sociales e intervenir el mercado cambiario para controlar de manera más agresiva la inflación. Una nueva rebelión no solo se llevaría consigo al gobierno, sino que podría hacer tambalear aún más la fragil institucionalidad neoliberal.

Pero los empresarios continúan teniendo la iniciativa de su lado, sobre todo tras dos años de desmovilización del movimiento de masas con la excusa de que esperase a esta nueva constitución para solucionar los problemas que les aquejan. La esperanza de un futuro mejor parece todavía estar presente en la consciencia de la clase trabajadora y los sectores populares, y sin duda que la pasada de rosca del rechazo ha vuelto a despertar la desconfianza en esa derecha que lleva años humillandonos y despojándonos.

Pero esta no es la lectura que prima en las reuniones de Apruebo Dignidad. El alza del apruebo sin duda será leída al igual que la segunda vuelta, como un éxito de la estrategia de moderación y subordinación al régimen político. Sin duda en las próximas semanas veremos un catálogo de reformas que se le harán al nuevo texto y que quizás terminen por decantar a la burguesía por esa vía antes que a un incierto escenario que se podría abrir tras ganar el rechazo.

De esto se desprende que la apuesta de la “izquierda de la convención”, los movimientos sociales constituyentes, la lista del pueblo y el partido comunista de sumarse a criticamente al apruebo, se esta convirtiendo en los hechos en el sostén por izquierda de la negociación de una nueva cocina. No mucho se puede defender un texto cuyos aspectos más progresivos pueden desaparecer prontamente en aras de las decisiones del régimen. El PC y movimientos sociales constituyentes aseguran que cientos de organizaciones sociales y sindicatos se sumaran al despliegue del apruebo ¿ sumarán una fuerza que han adormecido todo este tiempo para celebrar una nueva cocina con la vieja concertación, los empresarios y la derecha? ¿Quién ganará el plebiscito en esas condiciones?




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