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Red Internacional

INCENDIOS FORESTALES Y MUERTES DE BRIGADISTAS. Investigación sobre incendios y negocio forestal: Vidas de Papel y Negocio de la Madera

Invitamos a conocer libro e investigación periodística que trata sobre la muerte de siete brigadistas forestales, en un incendio en un predio forestal en Casa Piedra, Carahue, Región de La Araucanía.

Jueves 26 de enero de 2017 | 01:44

“Hace poco más de dos años, un 5 de enero del 2012, alrededor de las 11 de la mañana, en el fundo Casa Piedra, perteneciente a la Forestal Mininco, comuna de Carahue en la Región de La Araucanía en Chile, se desarrolló un drama de funestas consecuencias. En medio de un tupido bosque, una brigada forestal, compuesta por diez jóvenes hombres, buscaba desesperadamente resistir a las abrasadoras llamas de un incendio forestal en una profunda quebrada a escasos kilómetros del mar. A las pocas horas solo tres lograrían sobrevivir al fuego". (Extracto de Libro Vidas de Papel. Negocio de la Madera y Conflicto Intercultural en Chile).

En marzo de 2014, un equipo de periodistas, estudiantes de periodismo y docentes, publicábamos el libro “Vidas de Papel. Negocio de la Madera y Conflicto Intercultural en Chile”, investigación periodística sobre la muerte de siete brigadistas forestales en un incendio en un predio forestal en Casa Piedra, Carahue, Región de La Araucanía. En esa investigación dimos cuenta de tres elementos que se repiten en los incendios que actualmente se desarrollan en el centro sur de Chile: 1) el negocio forestal, 2) la desidia estatal cuya principal preocupación es subsidiar el negocio de los grandes empresarios como Matte y Angellini, y 3) la precariedad laboral a la que se ven sometidos los brigadistas forestales.

El contexto político era otro: el gobierno del derechista Sebastián Piñera promediaba su segundo año de gobierno y su mediático Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, intentaba imponer una nueva modificación de la Ley Antiterrorista para endurecer las penas y medidas coercitivas contra el pueblo mapuche así como contra otros movimientos sociales en el contexto del conocido “caso bombas”.

Como señalábamos en aquel momento: “Una vez que los hechos se hicieron públicos, la maquinaria mediática amplificó para todo Chile los detalles del hecho. Mientras los noticieros, las radios y periódicos relataban y mostraban las imágenes del infierno, autoridades regionales y nacionales sindicaron el hecho como un incendio de carácter intencional, invocando consecuentemente la aplicación de la Ley Antiterrorista. La maraña de declaraciones siguieron un patrón común: deslizaban la responsabilidad a organizaciones mapuche, en particular de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco), de haber provocado el incendio y, por lo tanto, la muerte de los brigadistas".

¿Qué tiene en común el incendio de Casa Piedra con los actuales incendios en la zona central de Chile? Si bien, no se dan en el contexto del conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche, otros elementos son comunes: 1) los cambios en el ecosistema producto de la expansión de las grandes empresas forestales, centralmente CMPC y Arauco, las que en conjunto manejan un 70% del negocio forestal y son propietarias de más de 2 millones de hectáreas; 2) la precariedad en que trabajan los brigadistas forestales y la falta de recursos enfocados a combatir los incendios forestales, y 3) el rol del Estado que subsidia a estas grandes empresas y la falta de inversión en equipamiento y personal.

Sobre el primer punto, el trabajo de los ingenieros forestales Cristian Frene y Mariela “Hacia un nuevo modelo forestal en Chile” señala que la consecuencia principal, entre otras, de la expansión del monocultivo forestal es la sequía que produce por la cantidad de agua que absorbe debido a la transformación del suelo al eliminar especies nativas de bosques y arbustos, produciendo un descenso del rendimiento hídrico de las cuencas forestadas del sur de Chile debido a que el pino y sobretodo el eucalipto consume más agua que las especies nativas.

Tal como señalamos en aquel momento en el libro “Vidas de Papel…”, hay una relación directa entre las plantaciones de pino y eucaliptus y el aumento de los incendios forestales. El especialista de la Universidad de Concepción, Aníbal Pauchard, afirmaba que el pino o eucalipto forjan una cantidad de combustible muy alta “cuando tú generas una plantación estás uniendo el combustible. Por el contrario, nuestras especies nativas son menos inflamables, no están tan adaptadas al fuego. Estas especies que hemos traído, realmente les gusta el fuego, por lo tanto se queman súper rápido. Después de un incendio, el pino, desde sus conos plantan la semilla y no hay ningún problema con que crezca inmediatamente, y el eucalipto también tiene una estrategia con fuego para su crecimiento”.

Es decir que no sólo los monocultivos forestales producen sequía, sino que además favorecen el desarrollo de incendios forestales.

Otro de los aspectos comunes entre los hechos sucedidos en el incendio de Casa Piedra que se repiten en los actuales incendios es la precariedad laboral en la que se encuentran los brigadistas forestales y la dudosa eficacia de la CONAF, organismo que no posee carácter estatal.

Sergio Donoso, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, plantea que no existe un correlato entre las utilidades que generan las grandes empresas forestales y los beneficios para los trabajadores. “En el ámbito social, lo que se observa en el clásico modelo de subcontratación, estos grandes conglomerados que generan ventas por miles y millones de dólares, tienen plantas profesionales y de administrativos que son pequeñísimos porque buena parte de lo que son las operaciones están bajo la modalidad de subcontratación. Estamos hablando de las operaciones de transporte, las operaciones de cosechas, la operación de protección, lo mismo para el caso de las brigadas forestales. En general opera bajo la modalidad de empresas prestadoras de servicios, que tienen una relación con la empresa mandante y, por supuesto, los sueldos, los seguros, la protección no es la misma de alguien que pertenezca o sea empleado propio de la empresa”.

¿Quién fue verdaderamente responsable de la muerte de estos siete brigadistas forestales? Nos preguntábamos al partir con la investigación, pues mientras el gobierno de Piñera culpaba a la CAM (Coordinadora Arauco Malleco) interponiendo una querella por incendio terrorista, la investigación judicial fue cerrada sin formalizados. Como señalamos en el epílogo del libro, “Al revisar los antecedentes pudimos establecer que las condiciones de preparación, equipamiento, topografía y apoyo aéreo y comunicacional con el que los brigadistas fueron a enfrentar el incendio en Casa Piedra, no eran la adecuadas.” La responsabilidad de la empresa, tanto de la subcontratista Forestal Cerda como de la empresa mandante, Forestal Mininco, fue una de las aristas que investigó el fiscal del caso, Luis Torres.
De los 10 brigadistas que combatían el incendio, sólo 4 tenías experiencia, para la mayor parte de los jóvenes que murieron el trabajo de brigadista forestal era un empleo de “temporero” con una preparación teórica y práctica de cuatro días para combatir los siniestros. Luego del incendio y la muerte de los brigadistas, la Confederación de Trabajadores Forestales responsabilizó a la empresa Forestal Mininco enumerando las condiciones en que se encuentran los brigadistas forestales de las empresas subcontratadas: “sometidos a una sobreexplotación inhumana, ya que con muy bajas dotaciones de personal, deben vigilar y controlar los amagos de incendio que se producen en miles de hectáreas de plantaciones de pino y eucaliptus tragedia”.

Finalmente, el rol del Estado, para quien el principal objetivo es sostener el subsidio a las grandes empresas forestales sin importar las consecuencias sociales y ambientales que el modelo forestal ha producido. Durante los gobiernos de la Concertación el modelo de desarrollo forestal impulsado por la dictadura militar en 1974, a través del Decreto Ley 701, que permite y favorece la expansión de los monocultivos forestales (centralmente pino radiata y eucaliptus), tuvo como consecuencia un proceso de concentración de la tierra y de expropiación de tierras de comunidades mapuche y campesinos.

Posteriormente, tanto el gobierno de Piñera como la actual Nueva Mayoría, mantuvieron los subsidios estatales, favoreciendo básicamente a las dos grandes empresas del rubro (CMPC y Arauco), controladas por las familias Matte y Angelini, dos de las familias más ricas de Chile y que aparecen regularmente en el Ranking Forbes.

Tal como cerramos la investigación plasmada en el libro, vale la pena reflexionar sobre los datos objetivos: empresas como Arauco controlan tanta tierra con uso forestal (1,2 millones de hectáreas) como campesinos y Pueblo Mapuche juntos, a lo que debemos sumar que las familias campesinas han perdido 9 millones de hectáreas desde el año 1973. Esto implica que actualmente entre campesinos y pueblos indígenas no poseen más del 5% de la tierra.

Mientras Chile arde y cientos de familias sufren las consecuencias del fuego, el modelo forestal sigue intacto, protegido por la clase política a la que empresarios como Angelini y Matte financian.


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