Internacional

42 AÑOS DEL GOLPE

Breve balance estratégico del gobierno de la Unidad Popular

A 42 años del golpe militar. Para que no vuelva a ocurrir. Porque no queremos nuevamente obreros, campesinos, mapuche, estudiantes y pobladores desaparecidos, hay que prepararse para las próximas batallas.

Viernes 11 de septiembre de 2015

El Imperialismo norteamericano, la derecha chilena y los gremios patronales

El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 fue preparado por el imperialismo norteamericano, los partidos de derecha y las organizaciones empresariales de distinto tamaño, junto a la Democracia Cristiana.

El triunfo de la Unidad Popular (UP) en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, representó para los empresarios una amenaza a su derecho que creían inviolable a la propiedad privada capitalista en Chile. No obstante, el programa de Salvador Allende Gossens se condujo mediante dos elementos centrales: uno, la colaboración de clases; el otro, el respeto a los límites del Estado burgués, en los marcos establecidos por la Constitución, y no por medio de la acción independiente de las clases y capas sociales explotadas y oprimidas —trabajadores de la industria, campesinos, pobladores y estudiantes—.

El programa de reformas estructurales de la UP respondía al ascenso de la lucha de clases de los años anteriores, y a la vez lo reforzaba, resultando en un salto en la lucha de clases.

Este salto, fue acelerando la experiencia de sectores de la clase trabajadora con la estrategia de colaboración de clases y el respeto a los marcos democrático-burgueses de la UP, experiencia que se asentó en los Cordones Industriales, y que la coalición de gobierno cada vez menos podía contener. Ante lo que se tomó la decisión final del paso al golpe por el imperialismo norteamericano, la derecha chilena, la Democracia Cristiana y los gremios patronales: los principales protagonistas de la contrarrevolución. Con las manos de las Fuerzas Armadas (FF.AA).

Los gremios patronales orquestaron el golpe a través de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA). Su Presidente Orlando Sáenz años más tarde recordaba que consideraban que “(…) el gobierno de Allende era incompatible con la libertad de Chile y la existencia de la empresa privada. La única forma de evitar el fin era derrocarlo”.

En octubre de 1972, la SOFOFA, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), junto a los gremios patronales del comercio minorista y la pequeña industria y organizaciones del transporte privado (camioneros y locomoción colectiva) organizaron un paro en contra de la UP con el objetivo de obligar a Allende a renunciar a las reformas o dimitir. Esta acción fue apoyada por Estados Unidos a través de la CIA, que una vez más contribuyó con financiamiento económico.

Mientras tanto, en las calles, el Partido Nacional (máximo referente de la derecha chilena) y grupos de extrema derecha como Patria y Libertad organizaron marchas y cortes de calle contra el gobierno.

El paro patronal de octubre de 1972 contó con el apoyo directo de la DC, siendo uno de sus mayores impulsores al interior del partido, Patricio Aylwin Azócar, futuro Presidente de la República de Chile en 1990.

De este modo, todas las fuerzas sociales y políticas de la contrarrevolución se alinearon en contra del ascenso obrero y popular, a su vez contenido y regulado por el gobierno de Allende.

Cuando avanza la contrarrevolución, la única manera de enfrentarla es con la revolución. ¿Era posible la victoria?

La amenaza estratégica de los Cordones Industriales y la impotencia estratégica de la UP

La UP fue una coalición de partidos obreros reformistas (Partido Comunista y Partido Socialista), partidos pequeños burgueses de izquierda (MAPU), junto a algunos resabios de partidos burgueses considerados progresistas (Partido Radical), por nombrar los más importantes. Una alianza de colaboración de clases.

Desde aquí, buscaba permanentemente acuerdos con la burguesía nacional y sus partidos políticos considerados “democráticos” —la DC. Incluyó a generales de las FFAA en su Gabinete.

La estrategia política de la UP de colaboración de clases se proponía una revolución por etapas, primero se trataba de preparar las condiciones para transitar al socialismo. Esto exigía el desarrollo y expansión de la industria pesada, mejoramiento de las condiciones laborales, nacionalizaciones de empresas y reformar la gran propiedad agrícola. Estos planteamientos debían realizarse dentro del marco legal permitido por la Constitución de 1925.

Pero más allá de su pretensión, la legalidad fue transgredida por la esencia misma del movimiento real del proceso revolucionario. Para 1972, las instituciones de la democracia burguesa en Chile estaban agotadas. Ante la contraofensiva patronal, los obreros, pobladores y campesinos crearon organismos de defensa y de ejercicio de poder local. A la cabeza, la clase trabajadora, con los cordones industriales, embriones locales de doble poder.

El Partido Comunista de Chile (PC) cumplió el rol de ser guardián del programa de la UP respetando a cabalidad lo permitido y establecido por la Constitución Política de 1925. Esta última fue la consagración del desvío y cierre del proceso de ascenso obrero y estudiantil abierto en 1918. Ahora el PC buscaba evitar el desarrollo de otro proceso de ascenso obrero y popular pero con la gran diferencia de que este aspiraba al ejercicio del poder político, que no podía ser otra cosa que la toma del poder y la revolución.

El PC desde un principio buscó que los cordones industriales se sometieran a los dictámenes del gobierno, evitando que los trabajadores se apropiaran de las empresas, y se desarrollaran como organismos de doble poder. Aún así, llegaron lejos, como la famosa “Carta al compañero Allende” del 5 de septiembre de 1973, en la que decían que “han pasado tres años, compañero Allende y usted no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros los trabajadores tenemos desconfianza. Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe, sino que también se nos consulte sobre las decisiones, que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino”. Y agregaban que “aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar … Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo”.

El Gobierno de Allende y la UP respondieron cediendo a la DC y parte de los empresarios esperando tranquilizarlos. Lo hizo con la ley de control de armas, lo hizo con el Plan Prats-Millas que buscaba retornar a sus dueños las empresas controladas por trabajadores. El argumento era que dichas empresas no estaban contempladas en el programa de nacionalizaciones.

A mayor era el avance de la derecha y el imperialismo norteamericano, mayor era el proceso de contención del Gobierno de la UP, con eje en el PC, a los organismos de autoorganización obreros, campesinos y populares.

Ningún partido de izquierda se había preparado con antelación para la toma del poder. Ninguno se había construido con ese objetivo. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) que se planteó derrocar el régimen burgués tampoco fue alternativa. Si bien llegó tarde a disputar un espacio de construcción estratégica en la izquierda, el sujeto de la revolución no era la clase obrera y sus organismos de autoorganización. Tampoco tenía en su estrategia el desarrollo de organismos como los Cordones Industriales, órganos (como decía Trotsky de los Soviets o Consejos Obreros), que comenzaron como un frente único para la lucha, siguieron desarrollándose -bajo una dirección revolucionaria- como órganos de doble poder para la lucha por el poder, para concluir como los organismos de base de un nuevo estado fundado así en la democracia de los trabajadores.

El 11 de septiembre de 1973 con el golpe, comenzó el intento de aniquilar al movimiento obrero y popular. No había habido preparación estratégica para la batalla decisiva con la contrarrevolución burguesa e imperialista. Y si no hubo esa preparación es por la estrategia política que sustentó la existencia de la coalición de la UP y su programa.

A 42 años del golpe militar. Para que no vuelva a ocurrir. Porque no queremos nuevamente obreros, campesinos, mapuche, estudiantes y pobladores desaparecidos, hay que prepararse para las próximas batallas. Por eso hay que construir un partido de trabajadores que, armado con una estrategia de independencia de clase, de desarrollo de organismos como los Cordones Industriales, de alianza con el resto de las clases y capas sociales explotadas y oprimidas unidas tras las fuerzas de la clase trabajadora, tenga como objetivo la toma del poder para la construcción del socialismo.






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