Internacional

Eleciones en Suecia

Cambios políticos y grietas en el “modelo sueco" tras las elecciones

Los socialdemócratas suecos ganaron las elecciones del domingo y formarían una coalición junto a los Verdes y el Partido de Izquierda. La coalición de centroderecha gobernante fue derrotada, mientras la extrema derecha obtuvo el 13% de los votos. La educación, los impuestos y la inmigración, los grandes temas presentes en esta elección.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Martes 16 de septiembre de 2014

(Foto: REUTERS/Jonas Ekstromer/TT News Agency)

El triunfo socialdemócrata puede permitir que la centroizquierda vuelva al gobierno sueco después de 8 años. Sin embargo, los resultados electorales son muy ajustados, por lo que ni el bloque de izquierda ni el de derecha conseguirán una mayoría parlamentaria suficiente para formar un gobierno estable, según Europa Press.

Durante los últimos 8 años gobernó en Suecia una coalición de centro derecha conservadora, formada por el Partido conservador de Fredrik Reinfeldt, el Partido del Centro y los liberales. Pero en las elecciones del domingo los vientos políticos cambiaron de dirección, dando el triunfo a los socialdemócratas liderados por Stefan Lofven.

Lofven es un ex sindicalista metalúrgico de 57 años, que hasta ahora no ocupó puestos parlamentarios. Su campaña electoral estuvo centrada en la propuesta de volver a subir impuestos a los más ricos y recuperar la calidad del sistema educativo sueco. También sostuvo un discurso más tolerante hacia los inmigrantes.

El partido socialdemócrata obtuvo 31,2 % de los votos y podría formar una coalición de centroizquierda junto con los Verdes (6,8 %) y el Partido de la Izquierda (5,7 %). Entre los tres sumarían un 43.8%. La alianza con el Partido de la Izquierda no estaba en los planes de Lofven, pero sería la única manera de superar a la coalición de centro derecha.
El partido feminista, que hubiera sumado a la coalición de centroizquierda, no ingresaría al parlamento por no superar el 4% de los votos, quedando en un 3.6%.

La coalición de centro derecha sumaría un 39%, con los votos del Partido conservador (23.1 %), el Partido del Centro (6.1%), el Partido Popular Liberal (5.4%) y el partido Cristiano demócrata (4.5%).

La sorpresa de las elecciones es el ascenso del Partido xenófobo y neonazi liderado por Jimmie Åkesson, que obtuvo un 13% de los votos. Duplicaron sus últimos resultados electorales, que estaban en el 5.7%. Se convierten así en la tercera fuerza política del país.

El escaso margen entre la centroizquierda y la centroderecha impide formar una coalición de gobierno estable. Lovfen ha ofrecido llegar a acuerdos con todos los partidos, menos con la extrema derecha.

Nostalgia del Estado de bienestar y auge de la xenofobia

La cuestión de los impuestos estuvo en el centro del debate político durante las elecciones. Los últimos años, los conservadores bajaron los impuestos de los sectores altos y medios, una medida neoliberal que en su momento consiguió la aprobación social de las clases medias.

Sin embargo, en el último tiempo esto cambió, creciendo el descontento ante la degradación del sistema educativo sueco y la pérdida de prestaciones sociales.
En el voto a la centroizquierda se expresó un sentimiento favorable a subir impuestos a los sectores alto, como vía para intentar recrear el llamado estado de bienestar sueco, que fue modelo entre todos los países europeos. Diversos analistas ven en los resultados electorales el fracaso de las políticas neoliberales de los últimos años.
Suecia se suma, así, al fenómeno de otros países europeos, donde los partidos gobernantes durante la crisis fueron castigados en las urnas. Hasta ahora la coalición conservadora venía resistiendo esta oleada.

Por otro lado, la emergencia de la extrema derecha muestra otra cara de la crisis. El crecimiento de las tendencias xenófobas, con discursos que acusan a los inmigrantes de estar consumiendo los recursos del estado, en detrimento de los suecos.
Suecia tuvo una tradición arraigada de políticas de acogida hacia los inmigrantes durante las décadas del llamado estado de bienestar. Pero esto ha entrado en crisis durante los últimos años.

El discurso racista de Åkesson tiene llegada entre sectores altos, medios y también empobrecidos. Estigmatiza a los inmigrantes y refugiados, culpabilizándolos de los problemas de Suecia.

Demócratas de Suecia (SD) surgió en 1988 a partir de un grupo neonazi. Åkesson ha intentado “lavar la cara” del partido para lograr mejores resultados electorales. Sin embargo, está asociado a escándalos como el de la “barra de hierro", por la difusión de un vídeo en el cual dos diputados de su partido trataban de agredir a unos inmigrantes.
La economía sueca ha superado lo peor de la crisis que afecta a otros países europeos. Sin embargo, tiene un altísimo índice de desocupación juvenil que alcanza el 21%.

La degradación del sistema educativo sueco, consecuencia de políticas privatizadoras que entregaron la gestión de escuelas a consorcios privados, genera mucho malestar. También se percibe que estas empresas privadas han acumulado riquezas mientras aumenta la desigualdad social.

En los barrios populares donde viven la mayoría de los inmigrantes existe una gran precariedad de la vida, y son constantemente hostigados por la policía.

Durante el año pasado en algunos barrios populares de Estocolmo y otras ciudades se produjeron movilizaciones, quema de autos y enfrentamientos con la policía. La revuelta social comenzó por un caso de abuso policial, con el asesinato de un hombre de 69 años a manos de la policía. Fue la chispa que encendió la mecha del descontento social, entre la juventud pobre e inmigrante.

Este año hubo importantes movilizaciones antifascistas en varias ciudades, contra las crecientes agresiones de grupos neonazis hacia inmigrantes y militantes de izquierda.
Son expresiones de la polarizada situación social y política que atraviesa al “modelo sueco”, idealizado en otras partes de Europa.

Durante los próximos días se definirá cómo se forma la nueva coalición de gobierno. Lo que es más claro es que el escenario político sueco se ha vuelto inestable y cada vez más polarizado.






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