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Red Internacional

TRIBUNA ABIERTA. Carta de un profesor despedido: "A los despidos autoritarios se les enfrenta con organización"

Año a año, los despidos se repiten en el sistema educativo, volviendo permanente la inestabilidad y el agobio de profesores y trabajadores de la educación. Reproducimos a continuación una carta abierta de un docente despedido.

Jueves 3 de enero de 2019 | 06:31

Por un docente despedido de la Fundación Educacional Teniente Dagoberto Godoy, ex Red Educacional Crecemos

Fin de año, una época que para la mayoría es sinónimo de vacaciones, familia y tranquilidad, pero para muchos profesores y trabajadores de la educación significa inestabilidad y despidos.

Esto es particularmente más grave cuanto más precario es nuestro contrato. Así efectivamente quienes más sufren son aquellos que asumen algún reemplazo o quienes están bajo el llamado plazo fijo: año a año debemos enfrentar situaciones donde más que evaluados, los profesores y los asistentes de la educación son más bien cuestionados en su labor.

No está de más decir que tanto profesores como asistentes de la educación dejamos la vida en la labor de educar. Es la única labor donde se realiza trabajo en casa, sin recibir remuneración por ello por estar fuera de la jornada laboral, pero que no obstante se le exige apelando a la "vocación". Hasta la fecha, el ansiado 50/50 propuesto en innumerables movilizaciones aún no es una realidad, perpetuando esta explotación.

¿Pero qué pasa cuando además de esta situación de vulnerabilidad nos vemos también sometidos al autoritarismo de los directivos? Pues sobre todo en el sector subvencionado es una tierra de nadie, donde la intersección entre el Código Laboral y el Estatuto Docente, que en vez de crear una mayor protección para los trabajadores se transforma en una confusión, dejando sin certeza a los docentes donde termina uno y donde comienza el otro, dejándonos en el limbo en materia de derechos y condiciones laborales, y por supuesto, obstaculizando cualquier intento de organización de los trabajadores de la educación.

A esto se suman las malas prácticas. Los llamados equipos de gestión, si bien tienen procedimientos que deben respetar, muchas veces en la práctica esto no se realiza, y nuevamente es el sector subvencionado donde más se abusa. Es mal mirado hacer uso de licencias medicas, como si un trabajador no tuviera derecho a enfermarse, no se pagan aspectos básicos como las cotizaciones previsionales, dejando al trabajador además de la labor propia, la tarea de garantizar su pago, se demoran sin razón válida los pagos de bonos y aguinaldos, otras veces se retiran como método de castigo y aleccionamiento contra los trabajadores, para luego decir que se re invierten en el establecimiento sin que hasta la fecha observemos mejoras en la infraestructura o materiales pedagógicos, pues ni siquiera se asegura para los profesores algo tan básico como plumones para pizarra, donde se entrega uno a principio de año como si con eso bastara. ¿Millones de pesos se invierten en un plumón para cada profesor una vez al año? ¿Qué se hace realmente con ese dinero?

Para los asistentes de la educación la realidad es más cruda aún. Partiendo por un salario sustancialmente mucho más bajo que los profesores, por una labor de suma importancia en el aula, a la par de la del docente que sin ese apoyo el aprendizaje sería mucho más dificultoso. Y aún así incluso se les niega las vacaciones correspondientes, como si fuera un favor otorgado por los equipos de gestión y no un derecho laboral.

Siendo el trabajo docente un espacio altamente feminizado, nuestras compañeras de trabajo tienen miedo de quedar embarazadas porque pueden ser relegadas e incluso sufrir acoso laboral a pesar de que existe una legislación particular para garantizar condiciones mínimas para ese proceso.

En el caso de los despidos, es particularmente desolador. En mi caso hubo un criterio de abuso claro: me "evaluaron" la mitad de una clase, donde a pesar de todo obtuve un buen puntaje y aún así levantaron el argumento de que soy un mal profesor. Uno espera que se evalúe nuestro desempeño profesional con el objeto de desarrollarse integralmente, pues el aprendizaje nunca termina y continuamente, por la naturaleza de nuestra labor, debemos generar nuevas estrategias a nuevas generaciones de niños y adolescentes, sin embargo eso no se toma en cuenta ¿De qué manera pensamos el desarrollo profesional sin la posibilidad del error, la autoevaluación y el aprendizaje? Pues es seguro que no hay desarrollo sin la oportunidad de mejorar.

En su lugar pesó más la decisión autoritaria, el contacto y el tener buena relación con el equipo de gestión (jefes), restando toda objetividad y transparencia, haciendo depender nuestra continuidad y estabilidad laboral en base a si opinamos distinto, a lo que publicamos o no en nuestras redes sociales, a si se asiste o no a actividades que están fuera de nuestros contratos y horarios apelando al "compromiso" como si la labor que realizamos no fuera suficiente, o simplemente en base al mero prejuicio de si caes bien o no al equipo de gestión.

De esta forma, actualmente la mayoría de los trabajadores de la educación debemos estar preocupados de nuestros salarios, de nuestra estabilidad y de nuestras opiniones en vez de nuestro propio trabajo, aumentando con ello nuestro agobio. No existe el colegio perfecto (por lo menos en Chile). Que retrasen o no realicen un pago que nos corresponde no es natural. Que existan colegas preocupadas por su estabilidad laboral durante el embarazo no es natural. Que despidan a quienes tienen buena relación con estudiantes y apoderados y otra visión de la enseñanza no es natural. Todas estas circunstancias tienen su origen en la exclusión de la comunidad educacional en la toma de decisiones.

El autoritarismo, los abusos y los despidos injustificados deben detenerse, y eso parte porque tanto profesores como asistentes de la educación alcen su voz para decir basta. La organización de los propios trabajadores a dado muestras de que pueden alcanzar objetivos propios. Es necesario plantearse cambiar las condiciones laborales, algo mínimo para desarrollar una labor tan importante como educar. Y sobretodo apuntar a una transformación de la educación en donde sean los profesores, los estudiantes y los apoderados los que decidan. Mientras debemos resistir, movilizarnos, denunciar el autoritarismo, que tanto directores como unidad técnico pedagógica sean elegidos por los trabajadores y dejen de ser cargos que cuiden del negocio del sostenedor. Que las necesidades financieras y pedagógicas sean discutidas y decididas por los propios trabajadores de la educación, junto a estudiantes y apoderados siendo los que conocen profundamente la realidad de la comunidad educativa. Que profesores y asistentes tengan los mismos derechos y beneficios, sin llevarse más trabajo a la casa, que ningún trabajador sea despedido por opinar y tener una visión diferente, que el desarrollo profesional sea posible y no truncado para perpetuar un negocio.




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