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Caso López: terremoto político en el kirchnerismo

Cristina, dos días de silencio y una defensa que no explica nada. Decepción y desencanto en el progresismo. López hay demasiados. Razones profundas de la crisis del “proyecto”.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Viernes 17 de junio de 2016

Este jueves por la noche, cuando ya habían pasado más de dos días de la detención de José López, rompió el silencio la ex presidenta Cristina Fernández. Acusó a los empresarios privados de ser los responsables de pagar la coima. “El dinero que el Ing. López tenía en su poder, alguien se lo dio. Y no fui yo” escribió en las redes sociales, en un intento de despegar su figura de un funcionario de primera línea, parte de la gestión nacional durante 12 años y con el que sostiene algún tipo de relación desde los años 90’.

El mensaje de la ex presidenta está lejos de explicar algo. Si ella “no le dio el dinero” tampoco hizo nada por impedir que López lo recibiera. El argumento suena al conocido cliché que un personaje animado, mundialmente conocido, hizo famoso: “yo no fui”.

Su respuesta estuvo dirigida, esencialmente, a quienes se consideran aun parte de su espacio político. No es casual que así ocurra. El relato kirchnerista se encuentra bajo fuego. La Corporación mediática no cesa de pedir testimonios a artistas, militantes e integrantes en pos de seguir hundiendo el dedo en la llaga.

La pregunta de muchos es ¿cuántos López hay? Una lista corta podría incluir a Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi o Lázaro Báez, entre otros. Como aquellos que defeccionaron en el plano político –como Diego Bossio o Miguel Ángel Pichetto- ha aparecido el mote de “traidores” también en este caso.

El hecho de que la “traición” se haya vuelto tan común dentro del FpV tiene razones más profundas. Esta crisis pone nuevamente a la luz los límites de un proyecto político que blandió una fuerte retórica transformadora (el “relato”) que se choca de frente con la realidad.

Rebobinando

Si vamos hacia atrás en el tiempo es posible ver que el kirchnerismo funcionó, durante gran parte de su ciclo en el poder estatal, como una coalición político-social donde un discurso de tinte progresista se convirtió en revestimiento de una alianza con sectores conservadores del poder territorial y sindical.

El discurso de recuperación de los derechos humanos o la lucha “contra las corporaciones” fueron herramientas de construcción de un nuevo consenso alrededor del Estado burgués, que permitió sortear la crisis post 2001.

En ese marco, el Estado, “recuperado” de las manos neoliberales, pasó a ser el sujeto de las nuevas transformaciones en la jerga kirchnerista.

Pero ese discurso funcionó como un manto para cubrir la alianza con el poder territorial peronista y no peronista, así como el poder de la burocracia sindical. Gobernadores, intendentes y dirigentes burocráticos fueron dos de los tres componentes de ese poder “real” bajo el kirchnerismo. El tercero fueron las fuerzas represivas, en sus distintas variantes.

Esa coalición llegó a parir espectáculos dantescos como la imagen de un Gildo Insfrán -aliado de las grandes patronales sojeras y represor de los pueblos originarios- al lado de la ex presidenta reivindicando la “ampliación de derechos”.

Tampoco sorprendía, por aquel entonces, la presencia de dirigentes sindicales burocráticos en las filas del “proyecto”. Los “compañeros trabajadores” eran representados por medio de figuras reaccionarias como los Pedraza, Gerardo Martínez o Ricardo Pignanelli, entre otros.

¿Por qué sorprenderse ahora de un José López? No es el primero en quedar atado en los entramados de la corrupción estatal. Es solo quien llevó hasta lo obsceno la tendencia. Sea por impericia o por otros motivos, a diferencia de Macri y sus funcionarios, no logró fugar los dólares ni podrá gozar de los beneficios del recientemente votado blanqueo.

La crisis en el llano

Aquella alianza entre discurso progresista y poderes reales fue sustentable en la medida en que el kirchnerismo contó con el manejo de la caja estatal. Una vez en el llano empezó a desgajarse.

La configuración estatal de las últimas décadas favoreció la primacía del Estado Nacional sobre provincias y municipios, presionando hacia la centralización de las decisiones en el terreno del régimen político. Es imposible entender la subordinación de los gobernadores al kirchnerismo, por años, sin esa matriz.

Es esto lo que ocurre bajo el macrismo. El llamado “partido de los gobernadores” -como lo denunció la diputada nacional Myriam Bregman (PTS-FIT)- no tiene diferencias sustanciales con el oficialismo nacional. Su aval explícito al acuerdo con los fondos buitres y al proyecto de blanqueo de capitales lo grafican. La consigna que los unifica podría resumirse en “ayer con Cristina, hoy con Macri, siempre con el que maneje la caja”.

En el mismo sentido puede analizarse la crisis del kirchnerismo con la burocracia sindical que, hasta ayer nomás, fue mayoritariamente su aliada. Hoy sostiene una tregua -casi obscena- con la gestión de Cambiemos. Allí también, como se ha señalado, se privilegian los intereses materiales de casta por encima de los del conjunto de los trabajadores.

López y el último golpe al relato

Hasta ayer nomás –o hasta el lunes para ser precisos- el kirchnerismo acusaba a la “corpo” mediática y judicial de montar una campaña contra la corrupción solo para justificar el ajuste. Pero la detención de López vino a ser un golpe brutal a esa línea argumentativa. La impotencia que mastican dirigentes, artistas y referentes así lo muestra.

La corrupción es equivalente a esconder millones de dólares en bolsas y valijas. La corrupción es, simplemente, corrupción, no una tapadera de un ataque contra el “proyecto nacional y popular”.

Pero además -y esto constituye un dato nodal-la corrupción no afecta a aquellos que fueron presentados como “aliados necesarios” durante años, sino que da de lleno en el centro del círculo cercano de la “jefa”.

En su respuesta pública, la ex presidenta tiró la pelota la tribuna, acusando al sector privado por las coimas. Es innegable que eso ocurre. La corrupción es inherente al régimen capitalista y, en Argentina, ha tenido una ligazón estrecha a la obra pública. Como señaló la diputada Myriam Bregman hace días “todo el que se involucra en la obra pública en Argentina termina millonario”. El ejemplo del grupo Macri está ahí para certificarlo, con el crecimiento exponencial de su patrimonio desde la dictadura en adelante.

La crisis en el kirchnerismo sigue abierta. La “respuesta” de Cristina seguramente sonará a poco en los oídos de muchos de quienes han sido golpeados abiertamente por estas horas. Gabriela Cerruti, una especie de vocera todo terreno de las posiciones del sector más duro del kirchnerismo dijo por estos días que “volverán sin los traidores”.

Parece una empresa difícil. Los traidores parecen llevar años (décadas) en el círculo cercano a los líderes indiscutido del “proyecto”.






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