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Red Internacional

Crisis Migratoria. Colchane: El dilema del tranvía y el silencio de la izquierda parlamentaria

La crisis humanitaria en la localidad de Colchane, ha estado en el centro del debate político. La ultraderecha trata de sacar provecho, mientras la izquierda parlamentaria vacila. ¿Cuál es la salida para resolver la crisis?

Joaquín RomeroSantiago de Chile

Martes 9 de febrero de 2021 | 07:20

Un chofer conduce un tranvía por las calles de una concurrida ciudad aparentemente sin inconvenientes. Súbitamente, los frenos de la maquina quedan inutilizados y comienza a ganar velocidad. El tranvía llega hasta un punto donde la vía se bifurca en dos y el chofer debe tomar una decisión.

En una dirección se encuentra un grupo de trabajadores haciendo mantención de las vías. En la otra dirección, una mujer cruza lentamente. Ninguno se percata del inminente peligro que se aproxima. Sin poder frenar, el chofer debe decidir hacia que lado dirige el tranvía sabiendo que deberá optar entre asesinar a un grupo de trabajadores o a una mujer que cruza imprudentemente ¿Cuál es la decisión que causará menos daño?

Este clásico dilema de la filosofía moral parece ser la forma en que la izquierda reformista se plantea el conflicto fronterizo desatado por la crisis migratoria y humanitaria en la localidad de Colchane.

Kast viaja hasta la comuna donde el rechazo obtuvo un 74% y aprovecha la tribuna regalada para agitar su programa reaccionario que incluye denunciar una "invasión ilegal" y la propuesta de construir una Zanja. Algo que ya se viene construyendo desde el año 2017 cuando era presidenta la actual comisionada de derechos humanos, dicho sea de paso.

Una trampa para la izquierda

La izquierda parlamentaria guarda un silencio incomodo. En sus cavilaciones parece imponerse el dilema ético con que iniciamos esta columna. ¿Cómo evitar que Kast capitalice el conflicto sin atentar contra su propio discurso en favor de los derechos humanos?.

Dentro de la socialdemocracia no faltan quienes sostienen que incluso habría que abrirse a "regular" la migración , para evitar que se infiltren "delincuentes" otros que debería restringirse mientras dure la pandemia del covid19. Es decir para evitar que Kast capitalice la contingencia permitamos que solo por esta vez niños extranjeros mueran de hipotermia o que miles de ciudadanos latinoamericanos sufran las vejaciones a su dignidad.

El problema del dilema del tranvía es que es una trampa filosófica. Por mucho que la intención sea demostrar que en la vida para hacer un bien a veces hay que elegir la opción menos mala, finalmente ninguna decisión en este esquema permite concluir una solución que haga que todos se sientan contentos. Difícilmente alguien felicitaría al chofer por atropellar a la mujer incauta con el argumento de que así se salvaron más vida. A la inversa ocurre la misma situación.

Con la excusa de hacer el "mal menor" la izquierda parlamentaria termina solamente abriéndose más brechas que solo permiten a la ultraderecha crecer agitando prejuicios xenofóbicos y reaccionarios en las incongruencias de sus adversarios.

No faltan quienes , dentro de la base de la izquierda reformista, tranquilizan sus consciencias argumentando que evitar que lleguen venezolanos ayudaría a que no creciera la base electoral de la derecha. Su prejuicio a quienes vienen escapando de un régimen capitalista, disfrazado de retorica socialista, demuestra solo la incapacidad de disputar las consciencias de la clase trabajadora. Prefieren regalárselas en bandeja a la derecha, solo para mantener el mezquino beneficio de un par de votos más.

En el terreno de la realidad "limitar la migración" es imposible. Miles de migrantes continuarán llegando. Los "pasos ilegales" , por razones que comprobó Diego de Almagro en su momento, además son imposibles de transitar sin la ayuda logística probablemente de importantes mafias de tráficos de personas, amparadas como sabemos por las policías fronterizas. Limitar la migración solo es entregar la vida de miles de seres humanos a merced de traficantes que hacen de la tragedia millonarios negocios.

Los empresarios además necesitan de la presión migratoria para presionar a la clase trabajadora con la baja de sus salarios , y dividirla agitando prejuicios reaccionarios evitando así la solidaridad de clase que podría permitir que chilenos y migrantes enfrenten a sus verdaderos enemigos. Más allá de algunos discursos efectistas, la propia derecha no variará sustancialmente la política migratoria.

Lo que no es imposible, es salirse de dilemas filosóficos abstractos y enfrentar la irracionalidad capitalista. Las riquezas del país permiten de sobra compartirlas con quienes hoy necesitan de ayuda humanitaria. Mientras existen edificios enormes como el costanera center que esta ocupado solo con un 20% de su capacidad, miles de personas viven allegadas o hacinadas en cites y poblaciones. Eso nada tiene que ver con el "aumento de la población". El problema es la lógica desenfrenada de los empresarios de maximizar sus ganancias a cualquier costo.


Levantar en alto las banderas del internacionalismo

¿Por qué el costo de la falta de vivienda, hospitales, infraestructura vial, ayudas sociales deben pagarse con la vida de migrantes que buscan refugio? La derecha usa la presión migratoria como excusa para no avanzar en que se garanticen derechos sociales para toda la población. Pero sabemos que recursos tienen de sobra para gastarlos en misiles para los militares.

Desde la izquierda socialista y revolucionaria no transamos ni transaremos jamás el principio de internacionalismo proletario. Las y los trabajadores del mundo somos arrojados a sufrir las miserias provocadas por el egoísmo capitalista. Ese es nuestro enemigo común. Las fronteras, los prejuicios xenofóbicos, los nacionalismos, son herramientas de la clase dominante para dividir y debilitar la capacidad de acción del proletariado.

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Que diferente sería si chilenos, venezolanos, haitianos, peruanos, los pueblos originarios nos uniésemos para acabar con la irracionalidad capitalista que tiene a un puñado de personas gozando de todos los privilegios mientras miles de personas sufren el hambre, el frío y la miseria, existiendo recursos de sobra para todas.

Jamás, con el argumento de ganar un par de votos o una popularidad efímera y circunstancial, transaremos nuestro programa de solidaridad entre pueblos. Es en la unidad de la clase obrera donde reside nuestra fuerza y donde se encuentra el potencial para dar vuelta la rueda de la historia. La crisis de Colchane más que hacer cálculos electorales debe servirnos para remecernos de como los capitalistas condenan a la miseria a miles de personas inocentes. A diferencia de lo que quieren hacernos creer los empresarios la clase obrera es una y sin fronteras. En la solidaridad esta la fuerza para romper nuestras cadenas.




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