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COREA DEL SUR

Corea del Sur tiene nuevo presidente que llama al diálogo con los norcoreanos

Es Moon Jae-in quien ganó por una amplia diferencia. El ahora presidente se ha pronunciado contra del escudo misilístico emplazado por Estados Unidos y a favor del dialogo con su vecino del norte.

Diego Sacchi

@sac_diego

Martes 9 de mayo de 2017 | 16:47

Moon Jae-in, candidato por el Partido Demócrata de Corea, se proclamó este martes como vencedor de las elecciones presidenciales celebradas en Corea del Sur tras divulgarse la amplísima ventaja que le concede el recuento parcial de los votos.

"Construiré una nueva nación, una gran Corea. Seré con orgullo el presidente de ese nuevo país", afirmó Moon en un mitin, ante sus seguidores. Según confirmó la Comisión Electoral Nacional (NEC) con más del 88 % de los votos escrutados, Moon ha logrado el 40,28 % de los sufragios frente al 25,08 % de su perseguidor inmediato, el conservador Hong Yoon-pyo.

Hong, candidato por el partido de la destituida presidenta conservadora Park Geun-hye, se limitó a decir que "aceptaba el resultado de las elecciones", al igual que Ahn Cheol-soo, quien ocupará el tercer puesto, durante sus respectivos actos de la jornada electoral según informó la agencia local Yonhap.

La victoria de Moon Jae-in en las elecciones presidenciales es el último episodio del caso conocido como "Rasputina", que involucró a la ex presidenta Park Geun-hye y que ha sacudido los cimientos políticos y empresariales de Corea del Sur.

Este escándalo de corrupción supuso el cese de la expresidenta Park Geun-hye y la prisión preventiva para ella e importantes presidentes de grandes empresas, como Samsung, además de deparar un castigo en las urnas para la derecha tras diez años de dominio conservador.

Esta elección presidencial ha registrado la mayor participación en dos décadas, con el 77,2 por ciento de participación, cifra que muestra la indignación que ha generado un escándalo que estalló hace algo más de seis meses y llevó a millones de surcoreanos a las calles para pedir la dimisión de Park.

El triunfo de Moon termina con varios años de gobiernos conservadores que han alineado a Corea del Sur con la política de Estados Unidos para la región, sin miramientos.

Varias de las propuestas de campaña del electo presidente conllevan enfrentamientos con las políticas llevadas adelante por los últimos gobiernos. Moon se ha comprometido a crear empleo públicos, a potenciar las pymes o a reducir la tremenda desigualdad en un país donde la concentración de riqueza y de poder esta en manos de los "chaebol" (los grandes conglomerados controlados por clanes familiares).

Pero sin duda de llevar adelante sus declaraciones sobre la política exterior de Corea del Sur implicará un gran cambio regional. Moon Jae-in se pronunció abiertamente durante la campaña, por el diálogo con Corea del Norte para aliviar la tensión por el programa nuclear y de misiles de su vecino.

Moon también criticó la instalación del sistema antimisiles Thaad que acaba de poner en funcionamiento Estados Unidos en su país. Junto con eso retomó un discurso con tintes nacionalistas cuando expresó que “nada es más peligroso que dejar a otro decidir nuestro destino”, como escribió en un documento de bases difundido el 23 de abril pasado titulado: “Una poderosa República de Corea y una pacífica península coreana”.

Lo que está claro para el nuevo presidente es que no lo tendrá fácil llevar adelante sus políticas, ya que el Partido Democrático (PD), domina la Asamblea Nacional (Parlamento) pero sin mayoría absoluta y deberá pactar sus planes de reforma hasta 2020, fecha de las próximas legislativas.

La victoria por una amplia diferencia a favor de Moon muestra que una, muy importante, parte de los surcoreanos no apoyan la creciente tensión en la región producto de la política estadounidense de presionar al gobierno de Corea del Norte para que abandone su programa armamentístico.

Moon hizo varias veces referencia de su apoyo a la política de “Sunshine”, que rigió desde comienzos de la década del 2000, que consistía en una asistencia global de alimentos y energía para el norte careciente a cambio de una distensión diplomática entre ambas naciones.

De llevar adelante esta política en la situación actual lleva, al futuro gobierno de Corea del Sur, en dirección de colisión con la adoptada por Trump y acercaría al gobierno surcoreano hacía China, la potencia regional que sigue de cerca la situación en la península. Una cuestión no menor teniendo en cuenta que Estados Unidos ha tenido como principal aliado regional a Corea del Sur en los últimos años.






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