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Crece la tensión política en Venezuela

Las movilizaciones opositoras vuelven al primer plano en el escenario político venezolano. El gobierno responde con contramarchas oficialistas y crece la tensión.

Miércoles 7 de septiembre de 2016 | 10:15

En 2014 el movimiento promovido por la derecha destituyente y conocido como ‘guarimbas’ provocó duros enfrentamientos callejeros que dejaron 48 muertos. El contexto político suramericano, con la consumación del golpe institucional en Brasil, favorece a la derecha en Venezuela y su exigencia de realizar un referéndum revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. Conversamos con Angel Arias, dirigente de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), organización hermana del PTS en Venezuela, sobre la coyuntura política, la grave situación social y económica que ya lleva años, y las posibles perspectivas.

¿Cuál es la disputa actual que motoriza las marchas opositoras y oficialistas?

El centro de la disputa es si el referendo revocatorio se realiza este año o no: legalmente, si se realiza antes del 10 de enero próximo y Maduro pierde, hay que llamar a elecciones presidenciales, pero si se hace luego de esa fecha, aún perdiendo el chavismo, garantizaría su continuidad en el gobierno pues correspondería al Vicepresidente terminar el mandato.

A esto se agrega que al perder el chavismo las elecciones legislativas de diciembre pasado y obtener la oposición de derecha la mayoría de la Asamblea Nacional, el gobierno ha desarrollado más elementos de bonapartización, de autoritarismo presidencial, apoyándose en el control del Tribunal Supremo (TSJ) y las Fuerzas Armadas, en la pugna de poder con la derecha, pero también para hacer frente al descontento social por la aguda crisis que se vive. Así por ejemplo, declaró el “Estado de Emergencia y Excepción” y ha desarrollado una creciente militarización de la distribución de alimentos y de las principales ciudades, respondiendo con represión lisa y llana a los brotes y explosiones de descontento que ha habido por la crítica escasez de alimentos. También ha avanzado en nuevas detenciones de dirigentes políticos de la derecha.

En ese marco, en la derecha conviven dos sectores, uno cuya política es sacar ya a Maduro, con la lógica de estar “en la calle hasta que se vaya” (cuyas figuras visibles son Leopoldo López, Antonio Ledezma –ambos presos– y María Corina Machado), y otro que apuesta a una transición más ordenada, cuya principal cara es Henrique Capriles Radonski.

¿Qué perspectiva es más probable: una resolución más o menos pacífica, o una escalada hacia enfrentamientos similares al 2002 y 2014?

La verdad que es difícil pensar en una resolución “pacífica” de la situación. Hay dos niveles en los que las contradicciones lo dificultan. En lo que hace a la disputa política por un nuevo régimen, los intereses materiales creados en la alta burocracia estatal en casi dos décadas de chavismo son grandes, incluido el sector militar, con mucha presencia en el control de aspectos de la economía y las instituciones del Estado. Un cambio de régimen hacia otro más “liberal”, choca con estos intereses, pues el capital privado nacional así como el transnacional, buscarán avanzar sobre lo que hoy controlan las FF.AA. y la burocracia estatal.

Además están los aspectos de “revanchismo” político. Estamos hablando de años y años en los que ha habido en el medio golpes de Estado, presos políticos, etc., una pugna muy intensa, y en la oposición no deja de haber sectores que anuncian juicios y encarcelamiento “por corrupción”, “por violación de DD.HH”, etc., a quienes hoy están en el gobierno.

Y el otro nivel es la terrible crisis social, la desgracia que padecemos los trabajadores y el pueblo pobre con la inflación totalmente desbocada y la profunda escasez. Todas las “soluciones” que se propone tanto del gobierno, como más aún de la derecha, pasan por hundir más a un sector de la población: seguir liberando precios, devaluando el bolívar, reducir o eliminar subsidios a los servicios públicos, mayor endeudamiento nacional, etc. Entonces, bien que continúe la situación actual o que intenten avanzar (este gobierno o uno de la derecha) en su medidas para descargar más la crisis sobre la clase obrera y los sectores populares, no puede descartarse una escalada del descontento y la protesta social, de luchas que serán respondidas con represión por parte de quien sea que esté en el gobierno.

¿Por qué se mantiene tanto tiempo la grave situación económica y social que vive el país?

Básicamente porque el país está padeciendo haber seguido atado al rol que le asigna el capitalismo imperialista: ser un país monoproductor de petróleo dependiente en alto grado de las importaciones, así como de los préstamos o inversiones del capital transnacional. De cada 100 dólares que entran al país, 96 son por exportación de petróleo. Entonces, cuando se desploman sus precios, se desploman las divisas de que dispone el país para importar alimentos, medicinas, o materia prima, insumos y tecnología para la producción.

Pero no es solo eso. En el período de altos precios del petróleo, mientras al país entraban ‘por la puerta’ miles de millones de dólares, una enorme cantidad se iba ‘por la ventana’ en pagos de deuda externa y en fuga de capitales (tanto por vías legales como ilegales). Entonces, está el hecho de que la burguesía nacional y una emergente “boliburguesía” (funcionarios chavistas devenidos empresarios o nuevos ricos, o pequeños y medianos empresarios aliados de Chávez que vieron crecer su fortuna exponencialmente) se dedicaron estos años, en complacencia con la burocracia chavista, a sacar del país una cantidad enorme de recursos provenientes de la renta petrolera.

La producción del país está por el suelo porque la nación ha seguido dedicando grandes cantidades a pagar deuda externa a los capitales imperialistas, porque están las transnacionales que repatrían sus ganancias, y porque la burguesía ha optado por vivir de la importación o de la fuga de capitales, y en última instancia de chantajear con no producir si no les dejan aumentar los precios todo cuanto les dé la gana.

Es todo el engranaje de una economía que en todos estos años de gobierno el chavismo no superó, sino que profundizó: el rentismo y la dependencia, al mismo tiempo que mantuvo casi intacto el control de la burguesía sobre las finanzas y la producción nacional.

¿Existe algún fenómeno o tendencia política independiente del chavismo que a la vez no caiga en la salida por derecha que propone la oposición?

Hasta ahora, eso no se expresa. Hay luchas salariales, por supuesto, y explosiones localizadas de protesta contra el desabastecimiento, con cierres de calles, saqueos, pero no emerge, digamos, una oposición obrera o de los sectores populares, con demandas propias. Las burocracias sindicales se mantienen serviles al gobierno o a la derecha.

Por otro lado, en las corrientes de izquierda prima su asimilación al chavismo, así sea en su versión “crítica”. La mayoría, continuando su apoyo al gobierno, y otros que se ubican como ‘anti Maduro’, pero reivindicando a Chávez (es decir, a quien legó la actual crisis), incluso llegando a coincidir con la derecha al hacer eje de su política la exigencia del revocatorio, sin proponer por tanto ninguna alternativa política que permita expresar la independencia de clase.

¿Cuáles son las principales propuestas políticas que plantea la LTS?

Es claro que para salir de este cuadro crítico, hablando de la economía, habría que tomar medidas antiimperialistas y revolucionarias elementales. Es inmoral seguir pagando la deuda externa a cambio de los padecimientos del pueblo trabajador. Es vergonzosamente servil a la parasitaria burguesía nacional, que el gobierno en lugar de obligarlos a repatriar los dólares fugados busque convencerlos de traerlos otorgándoles ‘facilidades’ que pagan la clase obrera y el pueblo como la megadevaluación de los salarios o exonerarles impuestos.

Es básico pelear por el cese del pago de la deuda externa y la obligación a los capitalistas de traer de vuelta los dólares, so pena de ser expropiados sus bienes, sin pago alguno, para pasar a control directo de los trabajadores, con participación de las comunidades, no de burócratas del gobierno.

Otra gran tarea urgente es enfrentar la especulación y el desabastecimiento. El gobierno ofrece el racionamiento a través de los CLAPS y la militarización del abastecimiento, mientras autoriza los aumentos de precios de los bienes de consumo, sin por eso garantizar que acabe la escasez, mientras empresarios, autoridades y uniformados aprovechan la situación para beneficiarse con el mercado negro. Comités de Abastecimiento populares, democráticamente electos y constituidos por los trabajadores y las trabajadoras, las mujeres amas de casa en los barrios y los hijos de los obreros y el pueblo, debe ser la respuesta. Estos comités, junto con el control obrero de la producción, además de un digno salario mínimo vital y móvil y el reparto de las horas de trabajo sin pérdida de salario, son las primeras tareas de un Plan de Emergencia obrero y popular, con que responder a la catástrofe que nos imponen los capitalistas.

Es necesario oponerse a una mayor entrega nacional, como el actual Arco Minero del Orinoco (A.M.O.), un proyecto de megaminería que implica la entrega a decenas de transnacionales la explotación del oro y demás recursos en un área cercana al 12% del territorio nacional, sin obligación de cumplir los derechos laborales ni pagar impuestos, y donde se suspenden los derechos a la protesta y a huelga. Es en este sentido que venimos impulsando el desarrollo y las actividades de una red de comités de acción contra el A.M.O.

A su vez, en lo que hace a la crisis política planteamos que es una trampa quedar encerrado en la diatriba revocatorio sí o revocatorio no, en ninguno de los dos casos hay posibilidad de pelear por una política propia de los explotados. En este marco, planteamos luchar por una Asamblea Constituyente libre y soberana, donde se puedan discutir todos los problemas del país, donde al calor de la movilización obrera y popular se pueda desarrollar la pelea por nuestras propias demandas lo que facilitará el surgimiento de organismos de autodeterminación y de esta manera avanzar hacia un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.






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