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Red Internacional

Chile Vamos. Crisis en la derecha: La fractura Ossandón y el naufragio de Chile Vamos

Hace menos de una semana, éramos testigo de cómo los partidos de la Unión Demócrata Independiente (UDI), junto con Evópoli, terminaron votando a la presidencia del Senado, a nada más ni nada menos que al presidente del Partido Socialista (PS), Álvaro Elizalde, por sobre los representantes de su coalición, Andrés Chahuán y José Manuel Ossandón ¿Hacia dónde se dirige la derecha en estos momentos?

Miércoles 16 de marzo | 07:32

FOTO: Puranoticia

Por estos días, la derecha se encuentra viviendo una de sus crisis más profundas en lo que refiere a la dirección política de su conglomerado, Chile Vamos, donde la votación por parte de la Unión Demócrata Independiente (UDI) junto con Evópoli a favor del PS, Álvaro Elizalde, como presidente de la Cámara del Senado, evidencia su punto más crítico.

El propio presidente de la UDI, Javier Macaya, ha debido justificar la decisión de su partido, refiriéndose al peligro de “una obsesión por parte del Senador Ossandón por ser presidente del Senado”. Una declaración contrapuesta por parte del Secretario General de Renovación Nacional (RN), Diego Schalper, quien manifestó “no sabemos cuál era la opinión de la UDI y Evópoli para pensar que el candidato del PS era mejor que el de RN”.

Es importante señalar, que el rechazo hacia Manuel José Ossandón para presidir la Cámara Alta, no es cualquier cosa. Es la expresión de una colectividad, cuyos partidos han debido naufragar desde hace bastante tiempo en la coyuntura nacional, plegándose así, a las figuras de los denominados outsiders. Todo esto, en medio de las altas expectativas de la población, que se generaron posterior a la rebelión de octubre del 2019, cuestionando transversalmente el régimen de los 30 años.

No es una sorpresa para nadie que la asunción de José Antonio Kast como candidato presidencial de Chile Vamos, luego del fracaso de sus dos apuestas centrales, el histórico perdedor Joaquín Lavín en las primarias, y el “independiente” Sebastián Sichel en la primera elección, terminó por dinamitar la crisis abierta en la derecha chilena. Sin mencionar, la aplastante derrota del rechazo a la Convención Constitucional, y los pésimos resultados en materia de convencionales, quedando en una notoria minoría dentro del órgano, aunque habiendo una leve recomposición en la superestructura política parlamentaria. Sin embargo, todo esto con nuevos competidores, el Partido de la Gente, encabezado por otro outsider, Franco Parisi, y los ultraderechistas del Partido Republicano, colectividad fundada por el propio Kast.

A su vez una figura bastante golpeada durante todo este proceso, el ex presidente de RN, Mario Desbordes, sigue alimentando la tensión dentro de su propio partido, y el conglomerado asegurando que habría una intención por parte del ex presidente Sebastián Piñera, de volver a postularse a La Moneda, el 2025.

Y es que para la derecha no le ha sido fácil lidiar con las altas expectativas hacia el reciente gobierno de Gabriel Boric, quien ya desde su campaña presidencial ha derechizado cada vez más su programa, con una clara base del sector “progresista” de la Concertación, apelando a un gobierno de cambios pero sin sobresaltos. Un gobierno que busca desviar el ánimo encarnizado de amplios sectores durante el 2019, a una agenda de cambios tenues, y de simbolismos grandilocuentes.

Los cartuchos puestos en el boicot ya parecen estar acabándoseles, y la claridad respecto a cómo responder frente ella, tampoco es clara habiendo posiciones desde el secretario general de RN, Diego Schalper de “atrofiar” al gobierno de cara al plebiscito de salida del 11 de septiembre, exigiéndole que cumpla sus promesas, hasta una Marcela Cubillos del UDI que se queda en el discurso que la CC fue capturada por la “izquierda” y las reivindicaciones hacia los pueblos originarios.

Por ahora Renovación Nacional, sigue en un periodo de reflexión, y el rumbo de Chile Vamos y sus partidos sigue aún incierto, sin una dirección clara, aunque sin duda utilizará la fragilidad del gobierno de Boric respecto a sus promesas, como el salario mínimo de 400 mil a 500 mil pesos, y la reducción laboral de 40 horas, como también de tensiones importantes a nivel nacional que aún no logran resolverse como es la situación de militarización en el Wallmapu, la crisis migratoria, y la agenda represiva.




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