Géneros y Sexualidades

DIVERSIDAD SEXUAL

Daniela Vega: En Chile para cambiar de nombre debes ir a corte

La actriz se refirió a la violencia política que viven las y los trans en el país.

Martes 20 de febrero de 2018

Sin duda la actriz Daniela Vega se ha ganado un buen espacio en la palestra pública luego del gran éxito que tuvo la película "Una mujer fantástica", en la que interpreta la vida de una trans en medio de una sociedad que se mantiene en márgenes morales antiquísimos sostenidos por la iglesia.

Dentro del revuelo que causó el nombramiento de la actriz como presentadora de uno de los galardones en la entrega de los premios de la Academia de Hollywood, han aparecido en diversos medios sus opiniones con respecto a la realidad trans en Chile y el resto del mundo. En entrevista con “The Guardian” Vega comentó “me causa un placer físico molestar a los conservadores. No necesito ser violenta, no tengo que insultar a nadie. Mi mera existencia perturba a esa gente".

Está más que claro que apariciones públicas de cualquier miembro de la comunidad LGTBI denunciando la desigualdad social en la que viven, incomoda -por decir lo menos- a los sectores más conservadores del país, representados en partidos políticos fuertemente ligados a la Iglesia. Expresión de esto es la férrea oposición que han tenido estos sectores, especialmente de la ultra derecha, a la Ley de Identidad de Género.

Como “violencia de estado” es la forma en que la actriz describe la escena en que Marina (el personaje que interpreta) es forzada por un detective a someterse a examinación médica, y junto a esto agrega que “En Chile, no se puede cambiar la identidad de género legalmente de forma directa. Si quieres cambiar de nombre en tus documentos, tienes que ir a corte”, cosa que la actriz manifiesta no querer hacer pues sería una forma de validar la opresión política.

Una de las épocas difíciles para la actriz posterior a la transición que ella refiere como una experiencia feliz en sí misma, fue el año de depresión que tuvo que enfrentar debido a que su identidad le hizo muy difícil encontrar trabajo, realidad que no es ajena a la gran mayoría de población trans quienes en general se ven obligados a realizar trabajos muy precarios con altas tazas de prostitución.

Son miles las voces que son silenciadas por un sistema profundamente opresor y represor tanto de mujeres como de la diversidad sexual. Son quienes viven las miserias más grandes del capitalismo, relegados a una vida moldeada bajo las reglas y condiciones económicas que responden únicamente a la moral conservadora de la iglesia, con cero posibilidad de una vida laboral estable, y por tanto de una vida digna.

¿Por qué no ser miles los que incomodemos a estas castas políticas? ¿Por qué no además de esto arrebatamos los derechos que se niegan a entregar? Es necesario levantar un gran movimiento de la diversidad sexual, de los sectores más precarizados y conquistar finalmente la Ley de Identidad de Género, exigir los cupos laborales trans, la adopción homoparental. Pero es igual de necesario sumar fuerzas con los trabajadores, el movimiento de mujeres, la juventud, para no solo arrebatar estos derechos sino que cambiar la sociedad de conjunto y finalmente ser solo nosotros quienes decidamos cómo queremos vivir.






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