Internacional

CRISIS POLÍTICA EN BRASIL

Debate en la izquierda brasileña: ¿cambiar el Gobierno preservando el régimen impuesto por el golpe?

Brasil vive una crisis de régimen político, no solo de gobierno. ¿Se puede pensar que, en el mejor de los casos, cambiando al presidente y eligiendo más diputados retrocederá la reforma previsional, laboral y las privatizaciones?

Sábado 16 de mayo

Rodrigo Maia (presidente de Diputados), Jair Bolsonaro (presidente de la República), Davi Alcolumbre (presidente del Senado) y Dias Toffoli (presidente de la Corte Suprema)

En este artículo, abrimos un diálogo con los miembros del PSTU, el Bloque de Izquierda del PSOL y todas las organizaciones que reinvindican revolucionarias, sobre la necesidad de plantear una respuesta a la crisis nacional brasileña: una Asamblea Constituyente libre y soberana, una bandera de la democracia que cuestione no solo al Gobierno de Bolsonaro, sino a todo el régimen burgués impuesto por el golpe.

Esta propuesta política se basa en un importante acuerdo entre nuestras organizaciones en Brasil, sobre la consigna "Fuera Bolsonaro y Mourão", un punto en común primordial sobre el que llamamos a formar una Coordinación con el objetivo de levantar un polo de la izquierda clasista e independiente.

Como mostraron los compañeros de Contrapoder ("Plataforma para debates impulsados ​​por sectores del Bloque de Izquierda Radical del PSOL"), quienes replicaron en su sitio web la nota en la que tratamos de debatir sobre una nueva Constituyente, este debate merece hacerse con toda la izquierda.

El PSTU, en su último editorial, dice que "debemos luchar para sacar a Bolsonaro y Mourão y defender las elecciones generales". Dicen además que están "a favor de lograr la unidad de acción en la lucha con quien sea para derrocar a Bolsonaro", dando a entender que esta "unidad de acción anti-Bolsonaro" podría llevarse a cabo junto a gente como el presidente de Diputados Rodrigo Maia, el juez de la Corte Suprema José Antonio Dias Toffoli, sin ser un "apéndice" de estos agentes del régimen posterior al golpe.

Le dijimos de antemano al PSTU que es imposible luchar contra Bolsonaro y Mourão codo a codo con los responsables de la deriva autoritaria en Brasil. Una ilusión aún mayor es considerar posible mantener cualquier vestigio de independencia de clase con fuerzas que constantemente buscan convertir a los trabajadores en apéndices de su política. La ambigüedad de la fórmula "unidad con cualquiera" en nombre de la lucha contra Bolsonaro, deja espacio a una especie de "Frente Amplio Anti-Bolsonaro" en el que encajarían los sectores de la burguesía que se oponen al Ejecutivo federal. Algo que está muy lejos de la necesaria unidad de trabajadores y sectores oprimidos por objetivos prácticos de acción en la lucha de clases, que opone al conjunto de la clase trabajadora contra los ataques de los capitalistas. Es la táctica del Frente Único de los Trabajadores, una constante en el arsenal de la Tercera Internacional dirigida por Lenin y Trotsky.

Debemos recordarle al PSTU que el PT también busca una alianza con Maia, con el expresidente Cardoso y con la Corte Suprema, en este caso para derrocar a Bolsonaro y poner al vicepresidente, el general Mourão, en su lugar. Se sabe que con esto se preservan las instituciones esclavistas de este régimen, del cual forma parte el PT, que llevó a cabo la reforma previsional, laboral y las privatizaciones.

Bolsonaro no surgió de la nada. Fue una construcción de todos los estafadores, como Maia y Toffoli, que hoy se presentan como alternativas a él. Todos los partidos burgueses, todas las instituciones del régimen son responsables de la catastrófica situación en la que se encuentra Brasil.

No se trata de un problema gubernamental, sino un problema del régimen. Desde 2016, y sin interrupción desde entonces, lo que se ha estado formando es un régimen monstruosamente autoritario y fraudulento, con el objetivo de cargar agresivamente a la población con los costos de la crisis económica. Este régimen político se merece el odio de todos aquellos que se consideran de izquierda.

Esto nos lleva al debate sobre el error de la consigna de "elecciones generales" que plantea el PSTU. Considerar que las "elecciones generales", dentro de esta estructura posterior al golpe, podrían revertir un proceso tan profundo, es creer en los milagros. Las "elecciones generales" no podrá revertir esto, ni tampoco pondrá la decisión sobre la dirección del país en manos del pueblo, ya que tendrían lugar en el marco de estas instituciones que han estado pisando el voto popular durante años, comenzando por Dilma, passando por Temer hasta llegar a Bolsonaro, sin olvidar personajes autoritarios como el exjuez de la Lava Jato Sergio Moro, los ministros de la Corte Suprema, los fiscales, entre otros.

La política de "elecciones generales" es una de las formas posibles que la burguesía puede tomar para salvaguardar el derecho autoritario de este régimen golpista y decorarlo con un tinte supuestamente "democrático". Supongamos que la pandemia retroceda, después de dejar marcas catastróficas en la vida de millones de trabajadores, y el flagelo de la pobreza y el desempleo produjera manifestaciones masivas contra el gobierno, haciéndolo peligrosamente inestable para los intereses de los capitalistas. La burguesía tomará nota y, para evitar cuestionar al régimen posterior al golpe en su conjunto, podrá proponer nuevas elecciones. Con el aval de las urnas, la burguesía aceptaría cambiar al presidente para preservar no solo toda la labor económica del golpe institucional, sino también el régimen político que sirve como guardián. Eso es si el impeachment, inofensivo para las instituciones golpistas, ya no parezca suficiente para los objetivos de estabilizar el país.

¿Se puede pensar que, en el mejor de los casos, al cambiar al presidente y elegir más diputados, se retrocederá con la reforma previsional, laboral y las privatizaciones? Si alguien intentara y pasara por los filtros de las mayorías calificadas en el Congreso, se enfrentaría a la Corte Suprema, que inmediatamente declararía inconstitucional cualquier ley que fuera contra la labor económica del golpe institucional, que se llevó a cabo para este propósito.

Si agitamos la necesidad de una movilización masiva que derroque a Bolsonaro-Mourão, ¿por qué esa movilización no debería cuestionar a las instituciones golpistas que quedarían impunes y preparadas para evitar cualquier cambio estructural en el país que afecte los privilegios de los capitalistas y terratenientes? ¿Por qué debería toda esta fuerza limitarse a la reconstrucción conservadora de partes de ese mismo régimen y sus instituciones reaccionarias a través de nuevas elecciones?

La consigna de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana tiene la función de alentar el cuestionamiento de todo este régimen, cambiando no solo la figura presidencial, sino cambiando de la raíz todas las instituciones esclavistas que llevaron el país hasta aquí. Una nueva Asamblea Constituyente, cuyos trabajos y decisiones no sean limitados, revisados o vetados por ninguna institución del régimen burgués, pondría la decisión democrática sobre todos los problemas nacionales más importantes en manos de toda la población.

El PT se opone a alentar un movimiento de masas en defensa de una Asamblea Constituyente, porque eso implicaría enfrentar todo el régimen del que forma parte su propio partido. El PT desmoralizó su base con la política del gobierno de Dilma, que incluso traicionó el mandato formal de su propia elección, colocando un miembro del neoliberal PSDB como Joaquim Levy al frente del Ministerio de Economía para atacar las conquistas populares. Preparó el camino para el golpe institucional haciéndole el juego al Congreso y a la Corte Suprema, a los fiscales, a los líderes evangélicos y a los agronegocios. No organizó ninguna lucha seria contra los golpistas. Al contrario, concentró sus energías en negociar su lugar en el régimen golpista. Y ahora, no contentos con tanta capitulación, las diferentes alas del PT exigen la renuncia o el juicio político de Bolsonaro, con el que defienden un gobierno de Mourão reforzado por estas mismas instituciones reaccionarias.

No podemos ser parte de la política conservadora de recomposición de este régimen. El PSTU habla de "soviets", pero la gente no se convierte en revolucionaria por arte de magia. Aún menos si en el campo de la conciencia de masas se inventa una "separación por etapas" hablando de elecciones generales (¡en este régimen autoritario!), como lo hace el PSTU, renunciando a la experiencia de trabajadores y jóvenes con la política de una nueva Constituyente, que hace conmocionar sus aspiraciones democráticas con todo el régimen autoritario de la burguesía posterior al golpe.

Somos socialistas, y nuestro objetivo es expropiar a los capitalistas e instalar una democracia muy superior a la más democrática de las repúblicas burguesas. La consigna de una Asamblea Constituyente, para que la gente decida todo realmente, está inextricablemente vinculada a la dinámica de la permanente del programa de transición. Organiza el deseo democrático de las masas contra el sistema capitalista y su régimen político y, al ayudarlas a pasar de las tareas democráticas a las socialistas, abre el camino a la necesidad de que un gobierno obrero rompa con el capitalismo. Esto es parte de la tradición marxista.

En un momento tan importante en el país, frente a la crisis mundial en curso, el PSTU haría bien en no seguir abandonando esta tradición marxista, al dar a las masas el mismo objetivo que prepara la burguesía para cuando se encuentre contra la pared.






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