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Red Internacional

Catalunya. Decenas de miles claman por la independencia en Barcelona

Este domingo nuevamente se han manifestado una multitud de catalanes por la independencia. La Plaça Catalunya en Barcelona se vio desbordada y las calles de los alrededores fueron intransitables por tres horas. Nuevamente miles de estelades (bandera catalana que refleja el sentido de independencia) ondeaban en las calles.
Miles de catalanes querían saber qué iban a decir desde la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural en relación al paso atrás que el President Mas había dado con la Consulta del 9N.

Martes 21 de octubre de 2014 | Edición del día

Mas anunció la suspensión de la Consulta unos días antes. Dicho anuncio rompió la “unidad” del Bloque soberanista que habían protagonizado los partidos políticos catalanes en los últimos meses. Sin embargo, uno de los más importantes actores políticos de la sociedad catalana, la ANC y Òmnium, no se habían pronunciado aún.
Gritos clamando por la independencia y de “volem votar” (queremos votar) se multiplicaban en las gargantas de la gente.

Habló Carme Forcadell diciendo que apoyaban la movilización del 9N y la votación informal convocada, pero al mismo exigió al President que convoque urgente elecciones en menos de tres meses.

El President Mas logró un balón de oxígeno más que necesario y un mes de tiempo para negociar con las otras fuerzas políticas unas elecciones afines a sus intereses. Mientras en las tiendas que había a cada esquina de la Plaça Catalunya se apuntaban centenares de voluntarios para que el 9N se pudiera votar de la forma que sea.

Tiembla el Bloque soberanista

Días antes (y días después) se generaron movimientos dentro de los partidos que reivindican el derecho a decidir. Desde Esquerra Republica de Catalunya (ERC), socios del Govern (por ahora), dijeron que estaban en contra del nuevo 9N pero que lo apoyaban. Los de Iniciativa per Catalunya i Verds (ICV) estaban divididos entre los que, como su dirigente principal dijo que no iba a votar y quienes querían sumarse activamente. Los dirigentes de la CUP (Candidatures d’Unitat Popular) se desgañitaban por el 9N aunque luego le pidieron a Artur Mas once pruebas de amor.

Mas lo consiguió. Consiguió ponerse en el centro de la escena política. Logró que las fuerzas políticas se dividan en torno a su propuesta. Logró que la ANC le diera un balón de aire preciadísimo. Aún así no puede cantar victoria. Pero ha conseguido la voz cantante, lo cual no es poco en su posición. Quien hubiera dicho en 2012, cuando las masas le desbordaban que dos años después podía seguir en la cresta de la ola.

Aún así los desafíos de Mas no son pocos. El año que viene debe abordar unos ajustes durísimo para llegar a los objetivos de déficit fiscal. Sin embargo, no tiene socios fiables con los cuales votar el presupuesto 2015. ERC le pide la Declaración Unilateral de Independencia. Y el Partit Socialista dels Catalans (PSC, integrante del PSOE) le pide que vuelva atrás todo lo andado. Y, como si fuera poco, comienzan a abrirse brechas dentro de la Federación de Convergència i Unió (CiU). UDC se pronuncia claramente en contra de la independencia de Catalunya y hace que los “malabares” de Mas sean cada vez más sorprendentes.

Lo que hay por detrás es la única forma legal que permiten hoy para convocar a las masas a votar: elecciones convocadas por el President Mas. Pero éste sólo las convocará si puede mantener las riendas del caballo y dirigir un proceso de negociación con el Estado Español acorde a las necesidades del gran empresariado catalán. Pero para ello necesita volver a alinear tras de sí a ERC (y de ser posible a ICV y las CUP).

El Gobierno del Partido Popular sigue en sus trece, sin moverse ni un ápice de su negativa y sin tender la mano a la burguesía catalana. De hecho, desde hacienda están saliendo casos de corrupción de la familia que dirigió (y dirige) Catalunya el clan Pujol (más conocido como el clan del 3%). Y más aprietes con menos inversiones y más ajuste fiscal.

Ante esto las masas miran expectantes y también comienzan lentamente a entrar en acción.

Las próximas semanas serán trepidantes en la política catalana y española.


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